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Editorial & Opinion

172 niños (as) presos sin culpa alguna

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 26, junio 2018 - 12:00 am

Actualmente 172 niños y niñas menores de cinco años guardan prisión en diferentes cárceles del país sin ser culpables de ningún delito, lo que se convierte en una clara e indignante violación a los derechos humanos sin que el sistema le busque una solución. Nunca se ha escuchado a los políticos ni a las instituciones hacer una propuesta de solución a este problema que tiene décadas. Tal vez siglos.

Durante la clausura de un diplomado sobre Justicia Juvenil y Medios de Comunicación organizado por la Corte Suprema de Justicia y la Cooperación Italiana, el magistrado de la Cámara Especializada de la Niñez y Adolescencia, Alex David Marroquín, revelaba el dato, el cual es impactante y frustrante. A criterio del magistrado Marroquín, es una deuda del Estado que de esta forma viola los derechos humanos de infantes que ni siquiera pueden protestar.

Hace unos 20 años hice un reportaje sobre el Día de las Madres en la Cárcel de Mujeres en el sector donde permanecen las reas con sus hijos menores de edad. Literalmente son niños y niñas con un fuerte vínculo maternal que a los cinco años son separados de sus madres, lo que no es correcto, pues la personalidad de los niños se forma en sus primeros siete años de vida. Hay mujeres condenadas a más de 20 años de prisión que dieron a luz estando convictas y que el Estado les permite convivir en la cárcel con sus hijos hasta que éstos tienen cinco años. Luego viene la separación y aquel vinculo afectivo se rompe y seguramente la conducta formativa sufre drásticos cambios en los infantes.

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Los niños “estando presos” no viven la plenitud de su infancia, carecen de un proceso de socialización tan necesario y propio de su edad, están expuestos a contraer enfermedades producto del encierro, son extraídos del mundo exterior y del cuido de sus madres cuando existe un fuerte ligamen de identidad, formación, amor y un fuerte lazo de dependencia.

Obviamente en los penales hay un área destinada exclusivamente para la estancia de las madres y sus hijos. Las autoridades penitenciarias salvadoreñas procuran que estos niños y sus madres tengan acceso a salud, una mínima recreación y otro tipo de atenciones. Pero nunca una madre está lista para separarse de sus hijos ni viceversa. Cuando los niños cumplen cinco años son entregados a otros familiares y en ocasiones al sistema mismo, pues lo entregan a instituciones cuya labor teórica es proteger a la niñez.


En aquel reportaje, de hace 20 años, recuerdo el caso de una mujer, condenada a 20 años por un delito relacionado con drogas, que no paraba de llorar porque su hijo estaba a punto de cumplir cinco años y fuera del penal no tenía a ningún familiar que se hiciera cargo, por lo que iba a ser llevado al Consejo Salvadoreño de Menores y ya no lo volvería  a ver. Efectivamente el menor fue llevado a las instalaciones del Consejo en la colonia Costa Rica, donde diez años después me lo encontré ya siendo un adolescente de 15 años. Ese muchacho no sentía amor por su madre y vagamente la recordaba. Su máxima aspiración era  salir de aquel recinto y ocuparse de su vida en solitario, sin tener claridad de lo que quería ser. El sistema lo crió sin amor maternal y sin una visión de su vida. Supongo que su madre ya salió libre y que ambos se han encontrado.

Ningún niño (a) tiene culpa por los errores de sus padres, por lo tanto ningún niño (a) debe estar en una prisión. El  Estado debe buscarle una solución, tal vez una granja-escuela-prisión, donde niños y niñas vivan en plenitud su edad y donde sus madres, pese al delito cometido, tengan siempre un ligamen con sus hijos, cuando éstos ya hayan salido de su “encierro”.  Tal vez haga falta un verdadero proceso de reinserción social con énfasis a las mujeres que han dado a luz mientras son convictas. Cualquiera podría decir que las culpables son las  mujeres que cometen los delitos y estarían en lo cierto, pero qué culpa tienen esos niños (as) de los errores de sus madres.

El Estado está en deuda. 172 niños (as) yacen “presos” por una culpa que no es suya. Urge una solución integral, inmediata y humana. Los expertos deben hablar.




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