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Editorial & Opinion

2016: Otro año perdido

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

lunes 26, diciembre 2016 - 12:00 am

Del señor Presidente, Salvador Sánchez Cerén, puedo decir a favor que es una persona honesta y la abundancia de memes que se le hacen en la red sobre sus constantes yerros al hablar, me muestran la ingenuidad de un buen corazón bien intencionado. Lo prefiero a él un millón de veces que al divo irritante e insoportable del prófugo Mauricio Funes Cartagena. Pero como esto no es un concurso de miss simpatía, hay que señalar con precisión en qué anda fallando y mucho.

Él no es un estadista y eso es lo que necesita El Salvador, de hecho toda la región necesita estadistas ante la amenaza común de que bajen las remesas, aumente el crimen organizado transnacional y las narco maras.

Compartía en Facebook hace un par de días una meditación: lo de las maras se veía venir desde mediados de los 80. La deportación masiva de jóvenes varones que salieron huyendo de la pobreza y la guerra, transculturizados en la guerra de pandillas angelinas, era evidente, se convertiría en una amenaza a la paz ciudadana. Nadie lo vio, nadie hizo nada por ende. Ahora el monstruo se desbordó y cogobierna. Un sesudo estadista hubiese visto eso, pero no. Hemos carecido de ello.

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Los estados necesitan como dirigentes políticos en general, pero sobre todo como presidentes a estudiosos de la realidad, de los números, que saquen conclusiones y propongan soluciones con proyectos y metas concretas. Para eso necesitan rodearse no de políticos sino de científicos en cada área del qué hacer de una nación.

Fidel Castro y su versión desfigurada, Hugo Chávez, y el heredero pródigo (no prodigio), de Nicolás Maduro, han demostrado, como cualquier país bajo la égida izquierdista, que son pésimos generando fuentes de empleo,  puestos de trabajo, riqueza, que se conviertan en impuestos y estos en obras. Han tenido al fin los isleños que entender que tienen que abrirse a la inversión extranjera, y siempre han coqueteado con ansias, como el niño que babea viendo un pastel tras una vitrina, con el dólar. ¡Hipocresía más grande mi Dios!


Sin duda que el país, por no producir nada que en verdad sea atractivo para el mundo y que ingrese divisas a montón, ha estado en la ya eterna debacle entre la banca rota y la crisis económica; la desaceleración es la tónica de nuestras finanzas y la inversión extranjera tiene 10 años de ignorar al país. Somos la nación con el índice de desarrollo económico más deprimido y deprimente de la América hispanoparlante.

En cuanto a la institucionalidad ha sido preocupante el constante ataque a la Sala de lo Constitucional y al velado -y descarado a la vez-, llamado a un golpe de Estado parcial, incitando como partido al desacato y desobediencia a la máxima autoridad en materia de constitucionalidad. Ha sido requerido por la opinión internacional para que cese en ese intento. Lo que más me extraña es que ellos se enmontañaron y armaron precisamente para que existiera esto, entre otras cosas: un Órgano Judicial fuerte, capaz, independiente, no manipulable. Espero cesen de una vez por todas en esa guerra de guerrillas contra los magistrados y sus decisiones.

Por último, hay una guerra civil, esa guerra civil moderna de la que tantos años he hablado, entre un grupo de salvadoreños y el Estado, y es moderna porque ya no busca derrocar ningún gobierno sino quedarse alimentando como parásito de él, con el sufrimiento indefinido –como en el infierno-, de la ciudadanía en general. Están matando a nuestros policías y no veo por ningún lado ningún plan, ni la dotación de recursos, ni la capacitación en este nuevo tipo de guerra interna, lo que me lleva a concluir que la situación empeorará, porque nada hace que la delincuencia aumente más y más que la sensación de impunidad.

El 2017 se nos presenta aún más oscuro, preocupante y depresivo. Vamos dando palos de ciegos, por eso tanta gente quiere, desea, sueña con emigrar al norte.




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