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Editorial & Opinion

2018: el año de las grandes decisiones

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 27, diciembre 2017 - 12:00 am

El primer momento de las grandes decisiones será el 8 de enero, cuando 190 mil salvadoreños sabrán, cuál será su nueva situación migratoria en los Estados Unidos. No hay que hacerse ilusiones, lo más probable es que el Departamento de Seguridad Nacional, termine con el TPS.

¿Cuáles serán las consecuencias de la finalización de este programa temporal de residencia? Exactamente no se saben. Un escenario de deportaciones masivas a partir de enero es improbable. Los salvadoreños lo que harán es cambiar de domicilio, se esparcirán en toda la Unión Americana, para evitar eventuales deportaciones pues saben que las autoridades de migración gringas tienen datos sobre dónde viven actualmente. Independientemente a su situación migratoria, a lo mejor con más dificultades, seguirán enviando remesas.

El 16 de enero, al cumplirse 26 años de la firma de los Acuerdos de Paz, los salvadoreños debemos decidir ¿qué hacer ante el incumplimiento de promesas hechas en 2017? Se prometió la aprobación de la Ley de Reconciliación y Reparación Integral para las Víctimas, que debió ser aprobada por la Asamblea Legislativa: no se hizo nada. El Presidente de la República dio instrucciones al ministro de Educación para que incluyera, “a la brevedad posible” la promoción de la Cultura de Paz como parte de los contenidos curriculares en todos los centros escolares de nuestro sistema educativo y tampoco nada. Fue una quimera el impulso de un nuevo diálogo para alcanzar una Segunda Generación de Acuerdos.

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El momento de las grandes decisiones será el domingo 4 de marzo (4M). Hay demasiadas cuestiones importantes en juego: con nuestro voto los salvadoreños elegiremos una nueva Asamblea Legislativa y decidiremos quiénes gobernaran los municipios del país.

Los diputados electos el 4M tendrán en sus manos la decisión de elegir a los nuevos miembros de la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General de la República.


A los nuevos Concejos Municipales les tocará definir soluciones los graves problemas que en el ámbito local se viven todos los días.

El último miércoles del año es buen momento para hacer una lista con los propósitos para el año nuevo. Deseo que en 2018 los ciudadanos participen en las elecciones, en pedir no hay engaño, pero hay que tener claro que los votantes sienten un enorme hastío con la clase política, el nivel de rechazo a los partidos tradicionales es enorme y el abstencionismo será considerable, más o menos el 50 % de los ciudadanos que integran el padrón electoral no irán a votar.

Faltan 67 días para la elección. Todos los ciudadanos, sin importar preferencia electoral, debemos estar atentos. No se trata solo de ir a votar. Hay que exigir que los candidatos presenten ofertas electorales para resolver los problemas. Hay que pedir que se organicen debates entre los aspirantes a gobernar para que demuestren ante la población que son capaces, tienen propuestas de solución a los problemas, para saber si se merecen el voto.

Un propósito de año nuevo nacional debe ser rechazar la entrega de “regalos electorales”. Ya es tiempo que los candidatos abandonen como recursos de promoción partidaria la entrega de láminas, canastas de alimentos y otro tipo de dádivas que fomentan el clientelismo.

En 2018 se decidirá si merecen apoyo los liderazgos, que sin mayor trayectoria política, sin vínculos reales en el territorio, sin equipos propios, buscan tener presencia en la vida política nacional. Hasta ahora lo único que tienen es cierta popularidad.

Los empresarios ya deben tener decidido los montos de inversión para El Salvador. En economía existe la frase “no hay nada tan cobarde como 1 millón de dólares”, pero está claro que es no es cierto, los euros son mucho más cobardes y en tiempos electorales la decisión de invertir disminuye más que de costumbre.

Desear que la economía crezca, se produzca más riqueza, exista menos desigualdad, más inclusión social y menos pobreza siempre, siempre son buenos deseos de año nuevo. Los propósitos están muy bien, pero no sirven para nada, si no hay acciones detrás.

Siempre terminamos el año con la ilusión de conseguir un próximo año mejor, les deseamos a los familiares y amigos: Próspero año nuevo.

Un buen año 2018 significa trabajar porque todos podamos tener una vida con más seguridad. Una vida con mejores oportunidades para desarrollar los talentos. Una vida más plena. Es tiempo de renovar nuestro compromiso por la construcción de un El Salvador con Paz Social, debemos obligarnos a trabajar por conseguir salud, bienestar económico y justicia social para todos.




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