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Editorial & Opinion

50 años de conflictos en El Salvador

Rodrigo Guerra y Guerra/Colaborador

jueves 12, octubre 2017 - 12:00 am

En el 2018 se cumplirán 50 largos años de conflictos en El Salvador; en marzo de 1968, después de una huelga de maestros  impulsada por la Asociación Nacional de Educadores (ANDES)  estallaron dos bombas terroristas: una en la Editorial Universitaria de la UES , y otra  en la  Confederación General de Sindicatos (CGS) . A esas fechas no existían grupos guerrilleros en El Salvador, por lo que la impresión general fue que los llamados Cuerpos de Seguridad del gobierno militar de turno iniciaron ese tipo de actividades y a la vez asesinaban a opositores. Dos años después surgió la organización guerrillera Fuerzas Populares de Liberación (FPL) y en 1971 el Ejército Revolucionario del Pueblo.

Explotó una verdadera guerra interna, pues los gobiernos de esa época procedieron a perseguir a dichas organizaciones, a reprimir a sindicalistas, maestros, estudiantes universitarios y de secundaria, sacerdotes y catequistas, y a realizar fraudes electorales, mientras las FPL y el ERP iniciaron  secuestros y asesinatos de empresarios y a organizar movimientos de masas, los cuales se convirtieron en gigantescas y efectivas herramientas de protesta.

El mundo vivía fenómenos igualmente convulsivos, se dieron muchos sucesos en México, Francia, EE.UU., España, Chile, Brasil, el Cono Sur y Nicaragua; la juventud se había rebelado. Un poco más tarde, en 1975, el ERP cometió el crimen histórico del conocido poeta  Roque Dalton, lo que creó una escisión en sus filas, de la que surgieron las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional (FARN).

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El régimen político siguió insistiendo en la elección de presidentes militares vía el fraude electoral, lo que lo deslegitimizó y desprestigió a nivel nacional e internacional, a lo que contribuía que las demandas económicas y sociales de las masas no eran atendidas eficazmente. El sector intelectual concentrado en la UCA y en Universidad de El Salvador y la autoridad moral de la iglesia católica representada por Monseñor Romero se oponían a tanta torpeza que enfilaba al abismo.

El 15 de octubre de 1979, con el derrocamiento de 47 años de regímenes militares surgió la  esperanza de evitar la guerra civil  que vendría, pero esa esperanza  no pudo tomar fuerza por la oposición de sectores  extremistas de derecha e izquierda, de militares corruptos y conservadores, algunos de ellos deportados recientemente de Estados Unidos.


Estos últimos fabricaron un pacto con el Partido Demócrata Cristiano que a partir de enero de 1980 nos condenó a 12 años de la lucha fraticida que destruyó el tejido social y la economía del país; con un saldo de más de 70,000 muertos. Gracias a presiones de la comunidad internacional y al cansancio de los actores éstos firmaron el  Acuerdos de Paz de enero de 1992. Dichos actores, convertidos en partidos políticos, desaprovecharon  esta segunda oportunidad, entronizaron de nuevo  la impunidad, la corrupción, y la ineptitud; una nueva guerra, esta vez de tipo social y en plena marcha,  comenzó a gestarse con el fortalecimiento de  las pandillas, un expresidente falleció cuestionado por la corrupción, uno se encuentra preso y otro fugitivo por la misma causa.

Después de 50 años de conflicto, las últimas encuestas señalan que  la mayoría de la población, sometida a crisis de toda naturaleza, busca  una respuesta a sus legítimas aspiraciones, pues no está alineada con los partidos que surgieron de la guerra civil. La aparición de candidatos independientes para las próximas elecciones es una buena señal para romper el ciclo  perverso de conflictos;  si son honestos y enfocados al Bien Común recibirán un fuerte apoyo. A pesar de todo, el espíritu laborioso de nuestra gente no ha sido doblegado y puede alcanzar su plenitud.




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