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Editorial & Opinion

A 250 años del natalicio del Libertador de los Esclavos, José Simeón Cañas

Eduardo Cálix / Colaborador

miércoles 22, febrero 2017 - 12:00 am

Recordamos en este año a una de las mayores figuras en la lucha por la Independencia de nuestra República y Centroamérica, al Libertador de los Esclavos el presbítero y doctor don José Simeón Cañas y Villacorta.

A 250 años de su nacimiento en la ciudad de Zacatecoluca, Departamento de La Paz, Cañas y Villacorta fue uno de los forjadores de nuestra identidad que, con su acción y pensamiento, dio origen al orden político y social que día con día fortalecemos en nuestra patria.

Cuando la doctrina a favor de abolir la esclavitud apenas se conocía en el mundo, las Provincias Unidas del Centro de América ya aprobaban en 1823 un decreto que terminaba con esa práctica. El apoyo de Cañas a nuestra primera Asamblea Constituyente, su contribución intelectual a los trabajos del Primer Congreso Constituyente para la nueva Constitución Federal de Centroamérica en 1824 de la cual fue firmante, y su valiente discurso en pro de la abolición de la esclavitud en 1823, acreditan el papel central que jugó el prócer de la nación en la génesis política de nuestro país.

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Cañas plasmó los principios de un nuevo orden institucional para Centroamérica, y gracias a su entrega y sacrificio, su vigencia sigue siendo incuestionable: igualdad de todos ante la ley y de libertad para sus hijos y sus territorios.

La abolición de la esclavitud, decretada y refrendada por Cañas, se amplía y complementa, mediante la proscripción de toda distinción de castas; de modo que las únicas distinciones válidas entre los salvadoreños y centroamericanos se derivase del vicio y la virtud, nunca del color de la piel.

El sentido social del programa de Cañas, se expresa con claridad en su llamado a que la ley que hubo de establecerse, moderara tanto la opulencia como la indigencia. Congruente con esa visión, Cañas propuso medidas dirigidas a erradicar la falta de medios y proveer lo indispensable para la satisfacción de las necesidades básicas.

Esa visión tiene eco en El Salvador de hoy. No hay futuro ni prosperidad sin el ejercicio pleno de los derechos. No es posible culminar nuestro proceso de modernización, si no abatimos el flagelo de la pobreza y la desigualdad. Nuestro orden legal le confiere a cada salvadoreño un conjunto de derechos fundamentales, cuyo cumplimiento y ejercicio pleno es necesario para gozar de una verdadera ciudadanía.

De ahí, la responsabilidad del Estado hacia quienes se encuentran en desventaja, a fin de establecer las condiciones que les permitan desarrollarse a plenitud y valerse por sí mismos, a partir de su propio esfuerzo, trabajo y dignidad.

Cañas es, y debe ser para todos nosotros, un referente del amor que le profesamos a nuestro país, nuestra casa y nuestros proyectos comunes; la nación que heredamos de nuestros antepasados y que queremos sea mejor, más democrática y más humana para bien de nuestros hijos y las futuras generaciones.

El propósito último de los que nos legaron patria, y hoy de quienes tenemos la oportunidad de servir a El Salvador, es en el fondo el mismo: garantizar la libertad y los derechos de los salvadoreños.

Festejemos la vigencia del legado intelectual y político de Cañas; en Dios como centro de todo y las nociones de Unión y Libertad, como valores centrales de nuestra República. Nuestra lealtad y dedicación al proyecto de nación que queremos para todos, para construir un Estado más fuerte y una sociedad más moderna, más justa y más próspera.

Favorecer la igualdad de oportunidades, no es una política más. Es la razón de ser de la política.



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