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Editorial & Opinion

A la fuerza nadie cambia

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Miércoles 4, Noviembre 2015 | 12:00 am

En mi etapa de adolescente, mis padres se trazaron un objetivo: hacerme bajar de peso. Natación, dieta, acupuntura… utilizaron todo tipo de estrategias que sí sirvieron, pero momentáneamente.  Una vez que bajaban la guarida, confiados que yo había entendido el mensaje de la buena salud y la sana alimentación, regresaba a mi relación con la comida y zas, a comenzar de nuevo.

Fue hasta que adquirí conciencia de lo positivo de un cambio de hábitos y que reflexioné sobre el daño que me estaba generando, que el propósito de mis papás se convirtió en mi propósito. Asumí conmigo el compromiso de cambiar.

Recurro a una situación común para muchas personas, para reflexionar sobre las pandillas y el deseo de algunos de llevarlos a reinsertarse en la sociedad vía ley.

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Es iluso creer que solo porque lo establece un articulado o porque todo el país lo anhela, los pandilleros entrarán en sano juicio. Esto es la vida real, no un cuento de Disney donde con “un abracadabra” los malos se hacen buenos. No hay ley que dé resultados si los directamente beneficiados no están convencidos y dispuestos a hacer un cambio en sus vidas.

Hace unos días leí que el diputado del PDC, Rodolfo Parker, hablaba de castigos o penas coercitivas contra aquellos pandilleros que se opongan a ser reinsertados, lo que me llevó a recordar La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, donde recurren a la ultraviolencia como terapia rehabilitadora para Alex DeLarge, el protagonista drogadicto, violador y asesino. El resultado de aquello fue un hombre más violento de lo que era.

Creo en la buena voluntad que acuerpa a quienes ven en la Ley de Reinserción de Pandillas un apoyo para el plan El Salvador Seguro; sin embargo, para qué amarrarla con más castigos o sometimientos a fin de que el pandillero deje de serlo. El problema de las pandillas no es por falta de penas, sino, en parte, por la vaga aplicación de éstas, por la incapacidad de las autoridades de aplicar estrategias en conjunto y efectivas.

Las pandillas no desaparecerán solo porque una ley obligue a sus miembros a reinsertarse. Es posible que algunos acepten las condiciones y dejen de delinquir, como tan probable es que su impacto no sea el esperado toda vez que no se corte el problema de raíz. ¿De qué sirve sacar a unos, cuando otros están planeando entrar? Estamos frente a un problema  que tiene su hábitat en la desigualdad social y económica, en la pobreza y la falta de oportunidades.

Para que la reinserción sirva, los pandilleros tienen que estar convencidos que es lo mejor para ellos y tener la voluntad de no volver atrás. Para evitar que proliferen las pandillas, quienes están pensando en ingresar tienen que interiorizar y reconocer que es mejor el bien que el mal, pero para eso el país está obligado a garantizarles las oportunidades de crecimiento personal y profesional, de lo contrario todo esfuerzo que se haga alrededor de ellos será efímero.

Buenas leyes sumado a efectividad en su aplicación, más voluntad de cambio darán como resultado un país seguro; caso contrario la ecuación será más normativas con textos coercitivos pero poco efectivas, más delincuentes asechando a inocentes y una patria muriendo desangrada.

 



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