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Editorial & Opinion

A las puertas de la campaña electoral

Jaime Ulises Marinero / Periodista

jueves 4, enero 2018 - 12:00 am

Hoy arranca oficialmente la campaña electoral para diputados y los salvadoreños debemos armarnos de mucha sabiduría, paciencia y tolerancia, así como de un control remoto cargado de buenas baterías para cambiar de canal cuando nos llenen de verborrea propagandística. Pedir una campaña honesta es utópico.

Debemos aceptar que, a pesar de todo, vivimos en una sociedad con atisbos de democracia, donde a veces se respetan las reglas del juego electoral. Es nuestro derecho acudir a votar secretamente el día de las elecciones, pero es nuestra decisión aceptar o rechazar la campaña electoral, especialmente si esta viene cargada de “siempre lo mismo”; es decir, falsas promesas, ataques viscerales al contrincante político, fantasías, propuestas inviables, mentiras, egocentrismos, ideas mesiánicas, expectativas milagrosas y hasta planes cuasi divinos.

Muchos diputados (as) que buscarán la reelección ofrecerán y prometerán hacer lo que nunca hicieron en su gestión actual. Habrá quienes ofrezcan lo que ya ofrecieron una, dos, tres o muchas veces antes. Otros nuevos aspirantes se venderán como “propuestas nuevas”, aunque con estrategias viejas y amañadas.

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Los votantes debemos estar al acecho y no dejarnos engañar por los efectos del “photoshop”, el lenguaje florido, los paisajes hermosos, las descripciones emotivas, las dádivas insignificantes, las muestras ficticias de cariño, las propuestas redentoras, los análisis superfluos y las soluciones mágicas. A los candidatos (as) debemos exigirle seriedad y propuestas concretas y viables. Que un diputado “viajero” y receptor de “viáticos” por miles de dólares no nos venga a hablar de austeridad y transparencia.

Los aspirantes a parlamentarios (as) no nos deben engañar recorriendo mercados y zonas marginales para abrazar a ancianos y cargar niños, cuando en sus hogares son incapaces de cambiar pañales porque tienen “niñeras” para sus hijos. Sospechemos de todo candidato (a) que hace el ridículo al recorrer zonas de pobreza para regalar baratijas y para mostrarse como “gente de pueblo”. No conozco diputadas tortilleras, tampoco diputados que desgranen maíz. Por lo menos en campaña, y de manera ideal, los aspirantes deben mostrarse auténticos, algo muy difícil, pero que es posible cuando las intenciones son nobles. Aunque sea difícil creerlo, debe haber candidatos (as) nobles.


Los ciudadanos no tenemos que ser tan ingenuos para creernos al pie de la letra las promesas electorales de los políticos. El axioma popular es que en política dos más dos no siempre es cuatro, pues a veces, es más, menos o nada, ya que en política la sumatoria depende de los intereses particulares y partidarios y no de las necesidades reales de la sociedad. Recordemos que, como decía mi padre, con un político no existe almuerzo gratis. En campaña los candidatos (as) saturarán con mensajes positivos y llenos de amor y redención la radio, la televisión, los periódicos, las redes sociales, las vallas publicitarias y toda forma posible de hacer propaganda. Visitarán comunidades pobres y de difícil acceso que luego jamás volverán a visitar. Llevarán piñatas, huacales, cántaros, gorras, camisas, delantales, escobas, calendarios, llaveros, tazas, juguetes y toda suerte de productos vencidos. Hasta ofrecerán consultas médicas gratuitas, llevarán barberos, fumigarán caseríos y abrazarán a todo el que se le cruce, hasta a los perros si es posible.

En la radio, las redes sociales y la televisión veremos y escucharemos toda barbaridad de mensajes, desde aquellos que parecerán cuentos de hadas o prédicas religiosas hasta algunos que bien podrían ser el chiste del día. Leeremos propuestas indecentes y descripciones esotéricas y fantásticas para realidades ajenas a la nuestra. Algunos partidos o candidatos (as) invadirán tanto nuestra privacidad que hasta abusivamente pondrán a máquinas para que nos llamen a nuestros celulares y teléfonos domiciliares para amargarnos el día o para distraernos mientras trabajamos o conducimos. Otros interrumpirán la tranquilidad de nuestros hogares para hacernos visitas casa por casa y cual predicadores harán promesas mesiánicas y luego, si ganan, jamás los volveremos a ver en persona.

A las puertas de la campaña electoral los salvadoreños debemos armarnos de sabiduría, paciencia y tolerancia, junto a un buen control remoto para cambiar de canal cada vez que asome un repetitivo y aburrido anuncio electoral. Eso sí, debemos acudir a votar bajo nuestra convicción y siguiendo nuestra conciencia. Recordemos que a pesar de todo es mejor vivir en democracia y que la propaganda electoral no es eterna.




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