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Editorial & Opinion

A propósito del Día de la Mujer

Benjamín Cuéllar / Colaborador

jueves 16, marzo 2017 - 12:00 am

“Sin mujer, la vida es un insoportable mercado del absurdo”, afirmó Luis Eduardo Aute. Compraventa ‒sería entonces de lo disonante e inútil, según Cicerón. Tiene toda la razón, como también la tuvo cuando contó que las “tertulias de hombres” no le gustaban. Eso sí, afirmó, “en cuanto veo a tres mujeres juntas en mi casa, estoy como una más entre ellas escuchando y viendo cómo piensan. Me parece un mundo más atractivo, más rico, mucho más imaginativo y real, al mismo tiempo. El ser femenino tiene puestos los pies en la tierra y, a su vez, arriesga más”.

La semana que murió Eduardo Galeano, otro genio, colocaron en los estantes de las librerías su obra “Mujeres”. No era la última; quedó pendiente de ser publicada otra. Pero en ésta, inspirado‒como era su estado normal, escribió Galeano: “A la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace la mujer para producir leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla desde las ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo han explicado y Alfonsina Storni nunca lo creyó. Sus versos más difundidos protestan contra el macho enjaulador”.

Y del “Gabo”, otro “as” en este póquer, ¿qué pasó con “el dulce sabor de una mujer exquisita”?

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“Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel, si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo, si los gorditos no te generan trauma, si nunca has sufrido de anorexia, si tu estatura no afecta tu desarrollo personal (…) Estás en vía de extinción… ¡Bienvenida! Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz. Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo; es aquella que con tan solo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo, puede alegrarte la vida.”

Falta uno. El gran Benedetti y su lapidario, militante, “No te salves”. ¿Qué sentido tuvo para quienes lo creyeron y siguieron, cual catecismo de amor revolucionario, durante aquellos años? Él le decía a ella o ella le decía a él‒a final de cuentas siempre había una mujer en la relación que no se quedara “inmóvil al borde del camino”, que no congelara “el júbilo” y que no quisiera “con desgana”. Pedía no salvarse “ahora ni nunca”, no llenarse “de calma”, no reservar “del mundo solo un rincón tranquilo”, no dejar “caer los párpados pesados como juicios”, no quedarse “sin labios” ni dormirse “sin sueño”, no pensarse “sin sangre”, no juzgarse “sin tiempo”.


Y si “pese a todo” no podía evitarse congelar “el júbilo”, querer con “desgana”, salvarse “ahora”, llenarse “de calma” y reservar del mundo “solo un rincón tranquilo”, dejar “caer los párpados pesados como juicios”, secarse “sin labios” y dormirse “sin sueño”… Entonces, si se pensaba “sin sangre” y se juzgaba “sin tiempo”, si permanecía “inmóvil al borde del camino”… Si se salvaba, entonces, que mejor no se quedara…

Mujeres, mujeres, mujeres… Están las “autistas” que “arriesgan”, las “galeanas” que “protestan”, las “gabas” que “exquisitean” y las “marianas” que sí o no se “salvan”. No sé qué diría hoy este último, segundo uruguayo entre estas cuatro “cartas marcadas”. ¿Habría repensado y adecuado la letra de tan hermoso y ardiente poema, a una realidad como la salvadoreña actual?

Porque en este pequeño país, se “salvaron” unas cuantas que dicen seguir siendo de “izquierda revolucionaria” y permanecen‒cual despojos de un pasado luchador‒en su curul legislativo discurseando cómodas, con seguro de vida y con vida segura…

Ésas se acuerdan de sus congéneres féminas, solo para las elecciones. Fuera de ese “tiempo de amor” interesado, se olvidan de las mujeres en las maquilas donde no se respetan las reglas del juego laborales; de las que trabajan mal remuneradas en casa ajena y “sin respeto al horario ni a las costumbres”, sin seguridad social decorosa; de las jefas de familias monoparentales; de las que al abortar o aún sin abortar, se inmolan o inmolan su libertad; de las “relegadas” en todo o casi todo… El día de la mujer no es para todas las salvadoreñas. Aún es solo para unas pocas. Para el resto sigue siendo noche, pero habrá que amanecer…




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