Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Acerca del doble discurso presidencial

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

jueves 28, septiembre 2017 - 12:00 am

Desde el comienzo del actual gobierno presidido por el profesor Salvador Sánchez Cerén, se ha vuelto un lugar común escuchar en mensajes, en lectura textual de comunicados o declaraciones emitidas en diversos eventos, la tendencia de expresar apoyo y agradecimientos a las políticas y programas de ayuda oficial que provienen de los Estados Unidos de América, pero, casi de inmediato, a renglón “de punto y seguido”, los mensajes, informes y declaraciones del mandatario, concluyen con expresiones de solidaridad para los gobiernos izquierdistas de Venezuela y Cuba, sin faltar los elogios a otros países isleños del Caribe que, de uno u otro modo, siguen las directrices ideológicas de esos dos regímenes antidemocráticos y opresores de la voluntad libertaria de sus respectivos pueblos, tal y como han sido calificados por la mayoría de respetables e influyentes naciones europeas como Gran Bretaña, España, Italia, Francia, Alemania y otras más.

No nos causa asombro ni sorpresa que el profesor Sánchez Cerén manifieste su abierta simpatía y devoción por las ideas enmarcadas en el fracasado “socialismo del siglo XXI”, que inauguró y predicó el difunto dictador venezolano Hugo Chávez Frías, mismo que hoy las continúa pronunciando el nuevo dictador Nicolás Maduro, en forma distorsionada y con visos de padecer alguna dolencia mental. Y digo que no causa asombro ni sorpresa, porque es historia conocida que nuestro mandatario, cambió la tiza y el pizarrón de su prístina profesión magisterial, por el fusil y los cartuchos al mando y servicio de uno de los grupos paramilitares más feroces de la guerrilla, durante la fratricida guerra civil que sumergió a la República por más de una década en la desesperación, la muerte, el secuestro, la emigración forzosa, la desintegración familiar y la destrucción masiva de bienes públicos y privados. Ese conflicto, largo y doloroso fue la vía por la que después de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, los grupos bélicos sustentados en ideas izquierdistas, accedieron al terreno de la política partidista conservando la denominación de su unidad rebelde de “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional”, o FMLN. Pero ya entrando a este delicado campo de la política, tal como nos lo enseñaron en ciertas materias de Jurisprudencia (o Ciencias Jurídicas como dicen ahora), el panorama no es el mismo entre dirigir un grupo armado, aunque sea del ejército nacional, como el ocupar el cargo de mayor importancia como es la Presidencia del país. Y aquí es donde reside la preocupación actual con respecto al doble discurso que suele acompañar a todos y cada uno de los actos oficiales del profesor Sánchez Cerén, incluso ante la tribuna mundial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Sin importar qué partido lo postuló a la primera magistratura de la nación, al ser investido como mandatario del país, todo el panorama personal e ideológico tuvo que haber cambiado desde el primer día que comenzó a ejercer como tal. Ser un mandatario significa que tiene un mandato, un poder temporal para realizar determinadas funciones y actividades en nombre y beneficio de su mandante. ¿Quién es este mandante, el que manda en realidad? Ya lo dice la Constitución de El Salvador: la soberanía reside en el pueblo y los funcionarios no tienen más facultades que las que expresamente les concede esta Constitución y las demás leyes de la República. La primera obligación del mandatario es desligarse de todo nexo partidista anterior, para llevar a efecto su encargo, su mandado, al servicio y beneficio de todos los salvadoreños que, aglutinados como Pueblo, somos quienes mandamos al señor presidente a buscar negociaciones provechosas, tratados que nos traigan progreso y desarrollo, a establecer nexos con otros Estados y corporaciones que nos ayuden en la educación, salud, etcétera. El gobierno constitucional es democrático y republicano. No podemos, por ende, estar de buenas con Dios y con el Diablo. La filiación antidemocrática, incluso tiránica, de los regímenes cubano y venezolano es harto conocida, así como su animadversión a los Estados Unidos de América que son, para nosotros, los mejores y mayores cooperadores financieros y además son la residencia para millares de compatriotas, cuyas remesas sostienen nuestro balance económico. ¿Algo más de argumento?

publicidad




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.