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Editorial & Opinion

¿Adónde estriba realmente nuestra crisis política?

Aldo Álvarez / Abogado y catedrático

jueves 26, octubre 2017 - 12:00 am

Se encuentra presente y subyacente un debate profundo sobre el rumbo de la nación. Es tan obvio, es tan claro que aun no entiendo por qué no se hace, o más bien sí entiendo el porqué, pero lo encuentro tan injustificado, tan innoble frente a las mayorías y tan mezquino frente a la responsabilidad histórica de hacer de este país uno tan distintamente organizado en forma política, económicamente industrializado y socialmente ordenado.

No existe en el mundo un paraíso terrenal de ningún tipo, ni lo ha habido ni lo habrá. En forma natural no nacen los desarrollos de las naciones como los árboles del bosque, ni surgen los Estados y la política por “generación espontánea”. Los Estados, su organización política, su sistema y su modelo económico, la forma en que se desea distribuir la riqueza generada, la forma en que se va a tratar a los menos favorecidos por la vida, la forma en que se van a esquematizar las leyes en pro de un visión política, de una causa, eso y todo lo que tiene que ver con la vida social, todo ello se decide y se plasma, se le da vida y forma en un orden de cosas cuya naturaleza es política y que ordinariamente se presenta en cartas fundacionales y se les suele llamar constituciones.

Aquí, hay una clase política que está funcionando en forma inadecuada, está funcionando “torcidamente”, y lo peor de ello es que se está llevando de encuentro a las grandes mayorías y a la nación entera. El futuro, el desarrollo, el arraigo a la tierra, la perspectiva de mañana, el desarrollo de los talentos, hasta la vida misma de los habitantes se están llevando de encuentro cuando en su sectaria y fundamentalista forma de defender intereses sectoriales económicos, tomados en forma de intereses partidarios de apariencia política, son incapaces de pactar un nuevo rumbo de la nación.

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Pero una incapacidad simulada, pues lo que está detrás de eso es interés, un interés malsano de mantener el “status quo”, porque de ese estado se benefician mutuamente, pues se “lucran” de la “enemistad” mutua, para impedir los acuerdos y los cambios a posteriori. Ellos tienen fieles “amanuenses”, no hay ahí visión ni compromiso, sino interés también, pero uno más mercantilista, más personalizado, más privado diríamos; las tiendas están abiertas y se vende por subasta.

Un pueblo indolente y apático, en aparente indiferencia a lo que la partidocracia y sus desmanes hagan, a los insultos, a los teatros, a la romería de tropelías que a la democracia le hacen en ese circo que montan seguido en la mal llamada “casa del pueblo”, que parece que no acciona sino quizá hasta tener “el agua un poquito más arriba del cuello” ¿Es que acaso debe ser así en un contexto en el que el impulso de los cambios sociales y políticos necesitan de una vigorosa y portentosa confluencia de fuerzas y apoyos colectivos para lograr no sólo quebrar la partidocracia, sino reformar el sistema político y electoral completo?


Muchas cosas en este país han cambiado en los últimos tiempos, por ejemplo “los grupitos” de inadaptados de los barrios que se peleaban por problemas menores hace 25 años, ahora son poderosas organizaciones criminales que controlan territorios y amedrentan hasta la autoridad pública. Asimismo mutó la clase política y la forma de hacer “negocios” desde el Estado, del descarado “gavetazo” de las arcas públicas en los tiempos de “conciliación”, pasando por la creación de leyes con dedicatoria a la adquisición de activos para “amigos del sector” -económico por supuesto-, como el del célebre “presidente de la paz”, hasta llegar al “diezmo” para las obras públicas -ese que tan bien se afinó y se usó en la administración de aquél presidente que hoy guarda prisión preventiva-.

Pero en todo eso la incipiente clase política de la postguerra también mutó y llegó la “partidocracia”, esa especie de Estado sobre Estado, gobierno de las cúpulas, el gobierno de los sectores -de turno-, adonde el de la oposición se mira cual reflejo en su antípoda. Y no quieren dialogar, o más bien con señas, con “amagos”, viendo al público, pensando en las próximas elecciones, sin aparente compromiso con las mayorías, sólo con su sector económico ¿económico? Banderas, símbolos, marchas, “slogans”, brazos levantados de un lado y de otro, abiertos o empuñados, colores, etc., todos marcas, este país parece que ha dejado de ser su principal prioridad, más bien los sectores, así es el “animal degenerado” de la partidocracia…




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