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Editorial & Opinion

Agradecimiento eterno a mis maestros con cariño

Jaime Ulises Marinero / Periodista

jueves 22, junio 2017 - 12:00 am

Mis mejores recuerdos de infancia y adolescencia están ligados a mis años de estudiante de primaria. Al bullicio de los recreos y al “encierro” en las aulas. Ahí, en la Escuela Unificada Urbana Mixta Alberto Masferrer de Olocuilta coseché grandes anécdotas que hoy me provocan sonrisas al recordarlas. A veces hasta me generan melancolía, por los tiempos felices que no volverán.

Allá por 1979, cuando estudiaba séptimo grado, me lié a golpes con un compañero con quien hoy somos buenos amigos y el director escolar nos castigó con un par de reglazos y un plantón de toda una tarde a cielo abierto, más la respectiva expulsión hasta que llegáramos con nuestros respectivos padres. Como resultado de aquel severo castigo aprendí a que los problemas no se solucionan a golpes y que siempre hay que priorizar el diálogo.

Un año antes me atreví a golpear a una compañera con una regla en sus partes íntimas. Mil líneas, cinco reglazos, una expulsión y el castigo de mis padres. Aprendí a pedir disculpas y a respetar a mis compañeras. A las mujeres en general.

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Creo que no hubo año sin que hiciera una travesura sin ser castigado. En 1981, junto a otros compañeros le desinflamos las cuatro llantas al vehículo del profesor de matemáticas y nos ganamos varios reglazos, jalones de pelo, miles de líneas, una semana completa haciendo el aseo en toda la escuela, una expulsión y por supuesto el respectivo castigo de mis padres. Aprendí a respetar lo ajeno y a no hacer el mal a los demás.

Fueron los castigos de mis padres y mis maestros los que me llenaron de valores. En aquellos años a los maestros los respetábamos, los sentíamos como nuestros padres adoptivos. Profesores y profesoras tenían la autoridad y el aval de nuestros padres para castigarnos si nos portábamos mal. Nos enseñaban a leer y escribir, pero sobre todo a ser ciudadanos de bien.


Hoy la realidad es distinta. Los profesores tienen prohibido castigar a los alumnos, por muy mal portados que sean. Muchos maestros son denunciados en los tribunales de la carrera docente y sancionados si se atreven a “castigar” a los estudiantes. En aquellos tiempos el alumno que no estudiaba se quedaba aplazado y era obligado a repetir el grado, hoy el magisterio tiene prohibido aplazar a alumnos que no aprovechan su tiempo.

Es cierto que a los estudiantes hay que tratarlos con respeto y con inteligencia emocional, pero también se hace necesario corregirlos con escarmientos que les sirvan como lecciones de vida. Un maestro de una escuela de Soyapango me contaba que algunos de sus alumnos se la pasan en clase haciendo señales de pandillas, pero que él no puede hacer nada por temor a los mismos estudiantes y porque se expone a recibir sanciones del Ministerio de Educación o a las represalias de los mismos estudiantes.

Muchas conductas desviadas de algunos jóvenes pudieron corregirse a tiempo si los maestros hubiesen tenido autoridad sobre sus alumnos. Da tristeza cuando uno escucha a los estudiantes expresarse soezmente sobre sus maestros o cuando pierden el tiempo en la vagancia porque les da lo mismo cumplir con su rol de estudiantes.

El Estado salvadoreño debe revisar el sistema educativo y hacerle las correcciones necesarias a partir de nuestra propia realidad. No podemos copiar sistemas didácticos y pedagógicos que son aplicables a otras sociedades. Desde luego no hay que permitir los abusos de autoridad, pero urge que nuevamente el magisterio recupere ese don de guía para fomentar los valores y la buena conducta. Un castigo o corrección a tiempo a nadie hace daño.

Yo vivo agradecido por los castigos que recibí de mis maestros porque formaron en mí un carácter y un cúmulo de valores que trato de aplicar día a día. No soy un ciudadano modelo, ni por cerca, pero al menos no soy un mal resultado del sistema educativo de aquellos tiempos. Por eso, dedico esta columna a mis maestros de primaria, a los que siempre recuerdo con mucho cariño y respeto.  Leáse: Mabel Canizález, Marilú Esperanza, Gladys Mira, Florencia Morales, Blanca Espinoza, Helen Rivera, Gregorio García Torres, Armando Franco Choto, Olimpia Romero, Orlando Claros, Salvador Pérez, Roberto Flores, Antonio Galdámez, Manuel Balcáceres, Humberto de Jesús, Morena García y otros.

¡Feliz día del Maestro Salvadoreño!




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