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Alfabetización: un programa con historias de éxito

Redacción DEM

lunes 10, septiembre 2018 - 12:01 am

En el “Mes de la Alfabetización”, el Ministerio de Educación (Mined) declaró libre de analfabetismo a San Salvador el pasado sábado, una condición que están buscando otros municipios del país como Ayutuxtepeque y Ciudad Arce, donde ya funcionan los círculos de lectura y escritura dirigidos a personas mayores de 15 años.

Entre enero y julio de este año, en la primera fase de la campaña El Salvador Alfabetizado, se ha atendido a 23,991 personas en condición de analfabetismo en 160 municipios. En la segunda fase, que inició en agosto pasado y finalizará en diciembre, el Mined espera atender a 58,000 personas de áreas rurales y urbanas.

María Elena Valencia, originaria de Ciudad Arce, en La Libertad, es parte de esa segunda fase de alfabetización. A sus 53 años de edad, Valencia acude todos los lunes, martes y miércoles a una humilde vivienda ubicada unos kilómetros antes de su casa en el cantón Santa Rosa, segunda zona, caserío El Cafetalito. Ahí ha aprendido a usar el lápiz y borrador, y a través de radio clases ha asociado los números con el abecedario.

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La historia de Valencia no se cuenta sola. Dio a luz a su primera hija cuando tenía 17 años; la vida no le ha pintado fácil sus veredas. Las tareas del campo, los quehaceres domésticos y la crianza de sus diez hijas capturaron su tiempo y hoy quiere revertir la historia.

Al círculo de alfabetización –implementado dentro del Programa Nacional de Alfabetización que inició en el año 2009- ella asiste animosa. Lo sorprendente es que no asiste sola, con ella llegan ocho de sus diez hijas. La mayor en el círculo tiene 35 años de edad y dos hijos, mientras la menor frisa los 17 años. Sus dos hijas mayores asisten a otro círculo de lectura y escritura.


Con completa timidez, María Estebana, Marlene de los Ángeles, Daysi Lorena, Cecilia Noemi, Dina Elizabeth, Carolina Yamileth, Silvia Yanira y Repreza Valencia dicen que les emociona aprender a leer y escribir, pese a que tienen que caminar 30 minutos para llegar al hogar de su hermana Sandra Arelí Repreza Valencia, quien también es parte del círculo.

¿Por qué quieren aprender a leer y escribir? Preguntamos. “Para leer la biblia”, contestó Marlene. “Para saber cuando la medicina esté vencida”, respondió Estebana. El resto solo dijo “para aprender”.

“Ellas son bastante tímidas, ya lo verá usted, nunca fueron a la escuela porque les queda muy lejos de su casa”, explicó Kennedy Pineda, promotor del programa en Ciudad Arce.

Acompañar a su padre en el cultivo de arroz, maicillo, maíz, frijol y verduras ha sido la prioridad para las diez féminas y la madre.“Yo vendo ‘caseado’ (casa por casa), así sale para las tortillas”, detalló Valencia, quien toda la vida ha apoyado a su esposo en las tareas agrícolas y sale a vender los productos para poder sobrevivir.

La familia Repreza Valencia ha logrado avanzar en las lecciones y ya va por la segunda cartilla entregada por el Mined. La misma que también utiliza Imelda Hernández, de 48 años de edad y amiga de María Elena Valencia, quien asiste al mismo círculo de alfabetización.

Al finalizar, “ellas obtendrán la certificación que las acredita hasta segundo grado”, destacó Pineda. Pese a todos los oficios que debe hacer, Valencia anima a sus hijas a seguir aprendiendo y está dispuesta también a continuar estudiando el próximo año.

Rivas, de 70 años, sufre parkinson desde hace cuatro meses, pero no le ha impedido seguir enseñando. / David Durán

Un profesional con deseos de ayudar

Aunque la razón de ser de los círculos de alfabetización es que las personas aprendan a leer y escribir, el Programa Nacional de Alfabetización también es una oportunidad para que profesionales con vocación de enseñanza o devoción por la lectura puedan mantenerse activos, mientras encaminan a otros en los linderos de los números y las letras.

Rafael Rivas, originario de Ahuachapán y habitante de Ayutuxtepeque, en San Salvador, es un diseñador  jubilado y amante del arte que ha encontrado en la enseñanza una manera de sentirse útil, pero sobre todo, relajado. Rivas tiene 70 años de edad, empezó a enseñarle a Juan González, de 59 años, a leer y escribir en diciembre de 2017, y desde hace cuatro meses sufre parkinson.

“Cuando yo era niño tuve dificultades (económicas) y la única forma en la que yo pude salir adelante fue haciéndome amigo de los libros, mi mayor búsqueda ha sido en los libros”, indicó Rivas.

La pobreza y sus habilidades artísticas lo impulsaron a ganar un concurso de dibujo cuando estudiaba en el Centro Escolar Alejandro de Humboldt, en Ahuachapán, a los 14 años. Así continuó sus estudios, mismos que coronó en 1988, al cumplir 40.

Desde agosto pasado es uno de los cinco facilitadores en Ayutuxtepeque que enseña en la colonia Santísima Trinidad, tercera etapa, a leer y escribir a tres personas. “En estos talleres, con estas cosas que nos trajo Sonia Rosales (promotora), nos dan ganas de dedicar el tiempo a un montón de gente que no tiene ayuda”, dijo y agregó que ya está buscando más personas para el próximo taller.

“Porque el mejor regalo que uno se puede dar es aprender a leer y escribir”, señaló, ya que con la lectura “uno se va sensibilizando mejor”.




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