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Editorial & Opinion

Alianza para la prosperidad

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 18, febrero 2017 - 12:00 am

Recientemente el grupo consultivo del Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte (PAPTN) realizó un foro de intercambio con la Sociedad Civil, basado en cuatro ejes: Desarrollo de Capital Humano, Fortalecimiento Institucional, Dinamización del Sector Productivo y Mejoramiento de Seguridad Ciudadana y Justicia, con el fin de recoger de primera línea aportaciones que coadyuven a encontrar soluciones concretas al estancamiento económico, a la falta de oportunidades, a la carencia de incentivos al sector productivo y la inseguridad.

Evidentemente la iniciativa de tomar en cuenta a la sociedad civil deviene del fuerte apoyo que se ha recibido de parte del Gobierno de los Estados Unidos de América, para ejecutar tan excelente plan, dado que desde hace muchos años atrás se le viene recomendando al Gobierno de El Salvador, que para solucionar los grandes problemas que nos tienen estancados e inseguros, y por la calle del desaliento, era y es fundamental tomar en cuenta las aportaciones de todas las fuerzas vivas del país.

Claro que para ello se requiere quitar las telarañas de la ideología que envuelve a los gobiernos de turno y que solo conducen a perseguir intereses partidarios y no intereses nacionales.

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De modo que se ha recibido con beneplácito que se haya abierto un foro de intercambio con la sociedad civil en la que se pueda escuchar a la ciudadanía que vive a diario el flagelo de la miseria, inseguridad, extorsión, el asesinato de un hijo, la falta de empleo y para variar la gran mayoría de ciudadanos vivimos en carne propia  la  carencia de conciencia de algunos funcionarios públicos que pasan por alto el sufrimiento del pueblo,  pero no les importa erogar los pocos recursos que se tienen en camionetas de lujo, viajes, indumentaria de príncipes, alimentos de realezas, donaciones a universidades privadas y a ONG que no dan cuenta de cómo gastan este dinero público; todo ello mientras el pueblo gime de hambre y de múltiples necesidades.

Por ello, qué bien que la ciudadanía sea escuchada en un foro como éste; sin embargo, creo que sigue habiendo desidia de algunos sectores que fueron invitados y no acudieron al evento, por ejemplo: hubiera sido determinante para cada uno de los ejes en discusión escuchar el aporte técnico de algún rector de universidades, no obstante, no tuve la oportunidad de ver a ningún rector por ahí.


En mi caso me decliné por participar en la mesa de “Mejoramiento de Seguridad Ciudadana y Justicia” y he quedado satisfecho con los múltiples aportes que ahí se dieron, por la pluralidad de pensamientos de los participantes, incluso estoy impresionado con la capacidad de comprensión que se tiene sobre la problemática de inseguridad. Y aclaro, no todos los participantes eran necesariamente personas letradas o expertas en seguridad. No obstante, sí son ciudadanos que están conectados con la realidad del país, y no como algunos funcionarios públicos que quieren cambiar a la juventud salvadoreña únicamente con represión y desde un escritorio.

En consecuencia, propuse lo siguiente: para combatir el problema de inseguridad se debe buscar la causa raíz que lo origina, de lo contrario, seguiremos invirtiendo millones de dólares en crear nuevas cárceles, en fortalecer el sistema de justicia, en investigación criminal de la Fiscalía y en dar mejores equipos armamentísticos a los policías y soldados; pero una baja inversión en prevención del delito. Por lo tanto, no se puede hablar de erradicar la inseguridad sin solucionar la desigualdad y la poca inversión en educación. De modo que se debe trabajar en una verdadera política criminal de Estado cuyo objetivo sea la prevención, para no seguir disparando al aire.

Es decir, que para ver cambios verdaderos en unos 20 o 25 años en El Salvador, se requiere de una inversión real en educación de por lo menos el 6 % del PIB, distribuido en programas de formación integral a la niñez y la juventud, capacitación constante de la planta docente en nuevas metodologías de educación, para no continuar enseñando a los niños con el modelo obsoleto de la repetición y el dictado, que solo premia la memoria, pero no evalúa otras competencias innatas en cada niño. Dado que, si le apostamos a la educación de las nuevas generaciones, estaremos viendo hacia el futuro, una mano de obra calificada, mejor productividad y menos migración.




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