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Editorial & Opinion

Alinearnos con EE.UU.

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

Sábado 28, Enero 2017 - 12:00 am

Las primeras órdenes ejecutivas firmadas por el presidente Donald Trump, han sido congruentes con su discurso de campaña, ya que ha cumplido al sacar a EE.UU. del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP). Dicho acuerdo apostaba por la eliminación de la mayoría de aranceles entre la docena de países de la cuenca del Asia-Pacífico. A lo largo del tiempo podría haber rendido frutos económicos positivos el TTP, para cada uno de los países firmantes, pero las consecuencias de pérdida de poder adquisitivo para la clase trabajadora gringa eran inminentes.

Bajo ese esquema la decisión, aunque incomoda incluso para algunos miembros del Partido Republicano, creo que es acertada ya que busca proteger los intereses de la clase media trabajadora. Así mismo, el Presidente Trump firmó la orden que prohíbe el uso de fondos gubernamentales para subvencionar a grupos que practiquen o asesoren sobre el aborto en el extranjero. En mi opinión creería que ninguna persona en su sano juicio, que lucha incansablemente por los derechos de los animales y que tiene respeto por la vida, no podría apoyar ninguna expresión de aborto, así sea una violación, ya que el aborto no es el derecho de la mujer sobre su cuerpo de hacer lo que le parezca con él, ni tampoco el acuerdo bilateral de dos personas que se equivocaron al tener relaciones sexuales de forma irresponsable, y de ahí deciden quitarle la vida a otro ser humano con la ayuda de las leyes y con la excusa que es un embrión que no tiene vida. No obstante, el derecho a la vida es y será siempre un derecho fundamental consagrado en cada ley primaria de los países civilizados. Así como en tratados internacionales que protegen la vida desde el momento de la concepción.

Por lo tanto, ningún Estado puede ser complaciente con una minoría de personas que tiene aversión por la vida, y que busca justiciar sus errores legislando sobre la conciencia de las demás personas; por ello creo que la decisión del presidente Trump no solo es acertada, sino que reviste de moralidad a la nación del norte, dado que su Constitución fue creada en base a la Biblia.  De modo, que el único que tiene poder sobre la vida o la muerte es Dios, pero en el siglo XXI, hay personas que usurpan el puesto de Dios.

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Ahora bien, está claro que el presidente Trump, va muy en serio en cada una de las propuestas de campaña, y una de las más emblemáticas ha sido la orden ejecutiva para comenzar “en meses” la construcción del muro fronterizo. Y fue enfático que, si México no quiere pagar el muy necesitado muro, es mejor que el presidente Peña Nieto cancele su próxima visita. Si analizamos el escenario de lo que está ocurriendo, podremos notar que EE.UU. ya no es la nación complaciente que ha sido en los últimos ocho años, ni tampoco tolerará erogaciones para países que no estén alineados con la nueva política exterior.

Dado que México, siendo una potencia con un aproximado de 125.386.000 personas, con un crecimiento económico estable, socio estratégico de EE.UU. y principal aliado comercial, Trump lo está mandando a freír papas, no me gustaría pensar qué les pasará a los países de la región centroamericana que han tenido por costumbre extender la mano en cada necesidad que surge por la vulnerabilidad de sus economías y por la corrupción galopante que los ha contaminado.


En consecuencia, es hora que los países de Centroamérica sean prudentes con las posturas ideológicas hacia EE.UU., pero en especial El Salvador y Nicaragua. Ambos deberían de pensar en hacer a un lado los intereses partidarios y guardar en el baúl de los recuerdos el socialismo del siglo XXI que solo ha traído pobreza y desempleo para sus habitantes que profesan tan malvada doctrina, pero por el contrario ha colmado de bienestar y de muchas riquezas a los líderes y a los allegados que la promueven; prueba de ello es la vida opulenta que viven en la actualidad los nuevos burgueses.

Sería aterrador para estos países pobres que, por sus posturas radicales, EE.UU., comience deportaciones masivas, lo cual implicaría más insolvencia y falta de liquidez, ya que sus economías dependen en gran manera de las remesas familiares.




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