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Editorial & Opinion

AMLO… ¿Que le traerá a México?

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 21, junio 2018 - 12:00 am

Andrés Manuel López Obrador es el populismo de hoy en día a punto de ganar las elecciones en México. El populismo más tenaz (después de Lula), y está, al igual que el brasileño, ¡por fin!, a punto de alcanzar el trono por el cual ha luchado tres veces en su vida. Ojalá no vaya a terminar como Luiz Inácio.

Pero, ¿en verdad es un populista más?

No he leído ni escuchado un tan solo de sus discursos, pero los podría recitar de memoria: la lucha contra el “status quo”, la corrupción, el sistema electoral viciado, la explotación de los ricos, la miseria de los pobres, el intervencionismo yanqui, más impuestos para los ricos, subsidios a los pobres, etc. Típico.

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Me imagino que con el narcotráfico y los otros tipos de criminalidad organizada no tendrá discurso alguno, me refiero a uno amplio, estructurado y fundamentado, porque esos temas los de izquierda los evaden, así como el de las pandillas, y se limitan a decir que son fruto de la descomposición social y la pobreza ocasionadas por los empresarios y los gobiernos.

Pero veamos mi apuesta en los temas más relevantes.


AMLO no puede ahogar con impuestos confiscatorios a una empresa que es muy buena para producir plata (aunque también pobreza), menos teniendo una filosofía Trump a la par que está cerrando mercados a los que compiten con productos estadounidenses

La clase empresarial de México es una de las más fuertes y poderosas de Latinoamérica, y si algo ha demostrado la empresa privada en la convulsionada América hispanoparlante, es su capacidad de aguantar los embates de los políticos, incluso guerras, cierres, expropiaciones, persecuciones. En el caso de México no se llegará a esos extremos, y lo que pueda hacer en materia de impuestos, a menos que congele precios como los locos del chavismo del siglo XXI, todo se descargará sobre los hombros de los empobrecidos mexicanos.

Y con respecto a sus relaciones con los Estados Unidos, muy difícil que varíen, teniendo en cuenta que la economía de México es un siamés de aquellos – el siamés pequeño, por cierto-. El discurso contra el imperio está por demás desfasado, ya ni siquiera es una política como tal, solo un discurso chocarrero, cansino y si uno está de buen humor frente al noticiero, es hasta chistoso.

Lo que estos neopopulistas han aprendido, y estoy seguro que así será AMLO, es que no se pueden pelear de hecho (aunque sí en el discurso), con la empresa privada ni con los EE.UU., y tendrá allí López Obrador que demostrar su astucia política, el olfato de líder, sagacidad para que las condiciones laborales, la marginación social, el irrespeto a las normas laborales, etc., sea una realidad sin menoscabar la generación de empleos y riquezas. Duro trabajo ese.

En cuanto a la corrupción está por demás arraigada, tendría realmente que ser una revolución bolchevique, de tajo, de raíz, para cambiar lo que es de por sí ya la naturaleza de la clase política mexicana.

Un gran bien que haría el futuro presidente mexicano sería reforzar y crear un nuevo ente que luche contra la corrupción, sin tener que recurrir a una CICIG o MACCIH. Dotarlos de recursos y escoger los mejores elementos de investigación de ese tipo de delitos, los mejores fiscales y crear tribunales especiales (ignoro si los hay), porque si algo ha sido el cáncer de nuestros países y de México en particular, el cual abunda en libros, estudios, películas y hasta “sketchs” en los programas cómicos sobre la corrupción inveterada de la clase política, es el hambre de las autoridades por el dinero público.

Por lo demás, viendo como han actuado partidos antisistema, al llegar a la presidencia, puede que nos encontremos ante dos o tres escenarios, el primero, el más terrible y por lo tanto menos probable que quiera copiar el relajo chavista. El segundo, que es muy probable, al estilo de la exguerrilla salvadoreña, que todo el sistema siga igual, el neoliberalismo sin tocar, y solo el pleito por los medios. Finalmente, el caso de Daniel Ortega, que se convirtió en millonario junto con su argolla, dejando las cosas que sigan en manos de los empresarios y promoviendo la inversión extranjera.

Quién sabe qué sorpresas nos traerá la vida con AMLO en el gobierno, pero si de apostar se tratara, yo lo haría porque él no va a cambiar absolutamente nada y dentro de seis años volverá el PRI o el PAN a gobernar.




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