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Editorial & Opinion

AMLO

Eduardo Cálix / Embajador

martes 24, julio 2018 - 12:00 am

El pasado 1 de julio, Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales de México. Obtuvo un 53 % de los votos, 30 puntos arriba de su más cercano contendiente. Morena su partido de cuatro años junto a una coalición de reciente formación, también obtuvo mayoría de los asientos en el Congreso de la Unión.

Nacionalista de izquierda, AMLO ha sido descrito como la última esperanza de México de extracción de la clase política tradicional azteca. Si mantiene las promesas que hizo durante su campaña, podríamos ver un relanzamiento de la política mexicana, tanto al interior como hacia el exterior de México.

Rompiendo con lo acostumbrado, AMLO anunció su equipo de gobierno meses antes de la elección. Algunos de ellos, como la futura Secretaria de Gobernación, el Secretario de Relaciones Exteriores, el Secretario de Hacienda, entre otros, son conocidos por su capacidad, pragmatismo e interés por servir a México, antes que a alguna ideología en particular.

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Particular mención merece la larga relación de AMLO con su asesor Alfonso Poncho Romo, empresario de amplia trayectoria que se convertiría en el jefe de la Oficina de la Presidencia, lo que sugiere que el nuevo presidente buscará ser más que un radical, un reformista.

Los miembros de su eventual gabinete deberán  tener sentido de unidad y coalición. Aunque AMLO se lanzó y ganó, deberá trabajar con el establishment tradicional mexicano si desea llegar a tener éxito en el alcance de sus políticas públicas prometidas.


Ya como jefe de gobierno del otrora Distrito Federal a principios de la década pasada, López Obrador aprovechó las alianzas público-privadas y trabajó con opositores tanto políticos como empresariales. Aun así, la transición a Jefe de Estado es sólo un primer paso. El Presidente deberá gobernar para todos. Tendrá que considerar políticas económicas y sociales eficaces y sensatas que le brinden certeza a los diferentes sectores, en especial al sector privado, principal promotor del crecimiento y generación de empleo en México.

Un gran reto será el sector energético. Peña Nieto llevó a cabo sendas reformas constitucionales diseñadas a promover mayor inversión privada y menos control gubernamental en el sector. A pesar de los constantes ataques a la apertura del sector por parte de MORENA, ¿podrá el nuevo Presidente vivir con ellas o se atreverá a revertirlas ? De ello depende el mensaje que envíe a la comunidad empresarial. O el nuevo presidente es alguien con quien se podrá trabajar o, por el contrario, es alguien con quien no se puede contar.

Será vital demostrar claramente el respeto a la Constitución mexicana, lo cual probará el compromiso de AMLO con el estado de derecho. La experiencia demuestra que los líderes que recién llegan al poder estan tentados a extralimitarse en sus facultades, especialmente cuando llegan tras una victoria contundente. Sin embargo, AMLO recibió el mandato para cambiar políticas públicas, reducir la desigualdad, mejorar la seguridad y la educación, atacar la corrupción, y otras más. Sólo respetando y fortaleciendo las instituciones podrá cumplir sus promesas sin arriesgar la estabilidad democrática y el progreso económico de  su país.

López Obrador deberá ser cuidadoso y tendrá que buscar una manera para cumplirle a sus electores sin causar un caos. Prometió no negociar acuerdos en lo oscurito y gobernar de cara a la población, lo cual es un buen mensaje. Si logra ganar la confianza del escepticisimo mexicano, tendrá libre el camino para salvaguardar el crecimiento y la institucionalidad, y agenciarse victorias para su Presidencia y para México.

Ojalá no sea tentado por los poderes fácticos y populistas allegados, ya que de ser así, solo pesimismo y desastre obtendrá de retomar políticas probadamente fracasadas.




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