Editorial & Opinion

Antesala de la Constitución de 1950

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional/Autor: René Fortín Magaña-Pseudónimo Víctor Uclés. Obra histórica-literaria: ‘‘En un lugar de la República’’. Agosto 2017.

viernes 8, diciembre 2017 - 12:00 am

El día 14 de diciembre de 1948, Casa Presidencial estaba de manteles largos en la República de El Salvador. Numerosas mesas esperaban a los señores diputados y a los invitados especiales para degustar el opíparo almuerzo que se había preparado. Las botellas de cuello largo del dorado whisky Johnnie Walker, cinta negra, y cabezas de corcho, así como las copas de boca ancha, esperaban en línea el momento oportuno para que se brindara con champagne de la Veuve Clicquot por el éxito de la jornada anterior.

Todo había salido a pedir de boca. A pesar de algunas discusiones, más simuladas que reales, se había aprobado el decreto legislativo N° 253 mediante el cual se prolongaba por dos años más el mandato presidencial del General Salvador Castaneda Castro. Sus artífices alzaban la frente y repetían de viva voz las mismas alabanzas para el mandatario centroamericanista que habían dejado plasmadas en los considerandos del decreto. El presidente tenía que continuar una obra inacabada, y nadie más que él, tan iluminado, podía hacerlo. En sus oficinas y en sus casas, los funcionarios esperaban el momento de alzar sus copas y exclamar ¡Salud! ¡Salud!, por el gobernante indispensable; salud, por el bien del país; salud, por la unión centroamericana; salud, por la buena nueva de su continuación en el cargo.

¡De repente, unos cañonazos rompieron la magia de aquel momento alucinante! Ráfagas de ametralladoras y estruendos de fusilería ponían una nota de inquietud en el ambiente. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué demonios ocurría que así rompía la beatitud del triunfo? Poca cosa: la juventud militar se levantaba en armas y ponía fin a tanta belleza. El traqueteo de las ametralladoras y el sonido de una que otra granada no podían indicar otra cosa: un levantamiento militar.

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En efecto, la radio nacional, tomada por los alzados, daba fe de los recientes acontecimientos: el presidente Castaneda Castro había sido derrocado y estaba detenido en manos del movimiento insurreccional que contaba con el apoyo de casi la totalidad de regimientos. En su lugar, se había instaurado un gobierno de civiles y militares que gobernaría de hecho, pues la Constitución quedaba abrogada. En lo sucesivo se gobernaría por decreto y se convocaría a una Asamblea Constituyente que dictaría una nueva Constitución. La corrupción sería castigada severamente y para ese efecto se instalaría un Tribunal de Probidad, que conocería los casos de varios exfuncionarios, comenzando por el del expresidente Castaneda Castro, quien pasaba a guardar prisión en las cárceles comunes.

Catorce puntos serían los ejes que orientarían la actuación del nuevo gobierno. Su Proclama era excelente. El punto 1° anunciaba el ‘‘establecimiento de un sistema democrático de gobierno, que no solamente finque, como hasta ahora, en leyes que no se cumplen, sino que viva en los actos de los funcionarios y en los derechos del pueblo, especialmente en el derecho que éste tiene a darse libremente sus gobernantes’’. El punto 3° preconizaba un ‘‘nuevo orden jurídico fundamental, plasmado en una Constitución Política que, acorde con los ensayos democráticos del mundo civilizado, sepa adaptar los principios a la realidad salvadoreña’’. El punto 6° ofrecía ‘‘honestidad absoluta en el manejo de los fondos públicos…’’. Suscribían la proclama: el Tte. Cnel. Manuel de J. Córdova, el Mayor  Óscar Osorio, el Mayor Óscar Bolaños, el Dr. Humberto Costa y el Dr. Inf. Reynaldo Galindo Pohl.


En la mitad exacta del siglo XX -1950- una nueva norma fundamental organizaba como un parteaguas a la República de El Salvador, antigua tierra de preseas. Finalizaba sus trabajos la Asamblea Constituyente, convocada por el Consejo de Gobierno Revolucionario y emitía el decreto N°14, que entraría en vigor el 14 de septiembre de 1950: ‘‘En nombre del Pueblo Salvadoreño, puesta su confianza en Dios y en los altos destinos de la Patria’’.  Fue presidida por el Dr. Reynaldo Galindo Pohl.

El vuelo del tiempo, años después, diría si tan magníficos propósitos, se hacían realidad; o si la débil carne humana era presa, de nuevo, en cantidades millonarias, del pecado capital de la codicia, y la corrupción de los más altos funcionarios públicos, se apoderaba de los dineros del pueblo.




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