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Editorial & Opinion

¿Anular el voto?

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 18, enero 2018 - 12:00 am

El mensaje de Nayib Bukele a los votantes ha sido anular el voto, bajo la idea de que anularlo no les genera el pago de la deuda política que cada voto tiene para cada partido y sería una venganza económica contra los “malos políticos”. Además, adorna el pedido con la reiterada frase de “ARENA y FMLN son lo mismo” por lo que anular el voto supone también un castigo a estos partidos. Pero, analizando las cosas, podríamos decir que ni una cosa ni la otra suceden, sino lo contrario.

Aún y cuando un grueso de la población pueda decidir anular su voto en señal de castigo, de mensaje o reprimenda, según las estadísticas, eso no llegará nunca a tener un efecto relevante, algunos piensan que sería tanta gente que lo anule como para que las elecciones no tengan validez o se suspendan, las estadísticas muestran que los votos duros de los dos partidos mayoritarios son suficientes para mantener la legitimidad legal de la elección, por ende, anularlo no anula que se nombren 84 diputados y 262 concejos municipales, porque los votos duros votarán pase lo que pase y lo harán por sus partidos marcando bandera o al total de sus candidatos. Si esto es así,  la deuda política, aunque menor, no les significa problema pues al ganar lo puestos ya sabemos se reparten el descuento a las planillas que van directamente de los sueldos que genera el compadrazgo una vez llegados al poder, por ende el castigo financiero es poco contra la ventaja de ganar nuevamente los puestos, el poder y el acceso al presupuesto.

Sobre anularlo para sacar a los viejos partidos y sus “dinosaurios” resulta que tampoco sucede ya que el voto duro los consolida. Al irse a la playa o quedarse viendo televisión en casa, el voto flotante o indeciso, que es el que verdaderamente hace diferencia a la hora de definir un cambio electoral, solo produce el efecto de dejar al voto duro elegir, ya que éste votará pase lo que pase y votará por su partido, por línea de obediencia y con poca reflexión. El voto flotante es el que define; a ese voto es al que se quiere convencer de que es más conveniente no votar o anular.

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Entonces, ¿a quién beneficia Bukele insistiendo en ello? Pues al partido de Gobierno que ha mostrado en la historia tener el voto duro más disciplinado y obediente, aparte de ser el partido en el gobierno que tiene los recursos y manipulaciones más a la mano que el resto de partidos, o sea que no es cierto que anularlo le resta al FMLN, le resta a la oposición que puede nutrirse del descontento de la masa flotante y votar por un cambio. Pero al votar nulo, el voto duro gana espacio.

Si de verdad el votante está cansado de los mismos y harto de la mala política, la salida no es anular o no votar, sino votar y hacerlo por rostro, usando la ventaja del voto cruzado para elegir de los listados a los menos contaminados o con menos tiempo que los grandes y viejos políticos de siempre enquistados en sus cargos.


Votar por persona, elegir por persona, dentro de uno u otro partido, o cruzando el voto, es la manera más inteligente de aprovechar el voto y generar un cambio en la política misma.

Anularlo solo beneficia al FMLN, también a ARENA, pero en menor cuantía y anula a los partidos más pequeños, que es donde hay algunas nuevas y mejores cartas para ocupar una silla legislativa. Por tanto, no se vale el intento de boicotear la elección con un mensaje de esta naturaleza y menos cuando tú no estás en el juego, pero si lo estarás después y quieres consolidar la fuerza del partido con el que te vas a aliar en el futuro; porque, ahora más que nunca, estoy convencido de que Nayib y el FMLN son inseparables, aunque él pueda estar peleando con la actual dirigencia (públicamente al menos),  por lo que ese llamado es un llamado para los que incautamente quieren cambiar las cosas, pero se conforman con lo simple, en este caso no votando o anulando.

Elija, no importa a quién, pero elija personas. Vote cruzado, en la medida que no participamos o nos apartamos del proceso, la democracia se debilita y luego vendrá el que piense que para qué elegir si ya me eligieron a mí y me puedo quedar para siempre y anulará la democracia.




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