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Editorial & Opinion

Aprovechemos nuestras bendiciones

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia de la República

Martes 14, Marzo 2017 - 12:00 am

La celeridad en el desarrollo de nuestra nación está estrechamente vinculada a un conjunto de variables que dependen de un acertado diagnóstico estructural del país; de aquí se pueden ponderar y aprovechar mejor los recursos que la providencia nos dispuso, compensando cualquier desventaja. Entre los haberes más significativos figuran: nuestros recursos naturales, el aprovechamiento de la ubicación geográfica y el entorno regional; la cuantía poblacional -incluido el bono demográfico-, el grado de inversión en el nivel educativo, científico y tecnológico; cierto consenso en un modelo de desarrollo específico; el grado de gobernabilidad, estabilidad política y confianza y por supuesto, mucha capacidad de ahorro e inversión. No he mencionado inclusión, democracia, sustentabilidad y equidad porque es difícil imaginar un concepto de desarrollo integral sin esos componentes.

Nuestro país, aunque con estrecho territorio, cuenta con mucha riqueza natural: volcanes con potencialidad geotérmica y turística, un exuberante recurso marítimo mayor que nuestra tierra firme con innumerables posibilidades de desarrollo -sobre todo ahora con la expectativa de la promulgación de una Política del Mar que oriente mejor su aprovechamiento-; así como una riquísima y variada biodiversidad producto de la ubicación favorable en el puente que une al continente.

Nuestra ubicación también es ventajosa por su equidistancia en Centro América, lo que nos proyecta como una excelente plataforma logística; además como parte del Triángulo Norte, compartimos realidades y coincidencias, especialmente nuestra cercanía y estrecha relación histórica con el considerado mayor mercado del mundo, Estados Unidos.

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Nos engalana una pujante población joven, ávida de oportunidades, que ha sabido ganarse su espacio en mercados laborales exigentes en el mundo. También, más allá del debate, durante estos veinticinco años hemos construido una envidiable gobernabilidad que se destaca por la estabilidad política y democrática, ejemplo de proceso para la comunidad internacional.

Nuestro reto más significativo es apostar acelerada y sostenidamente por la educación, la ciencia y la tecnología, para ponernos a tono con las exigencias de un mundo anhelante de fuerza de trabajo debidamente formada, donde el conocimiento es la llave del progreso, y como la mejor política de prevención al fenómeno social de violencia: una sociedad educada, con oportunidades y la certeza de un mejor futuro.

Todo este esfuerzo en buena medida depende del grado de compromiso y empeño de las fuerzas políticas que en nuestro ordenamiento democrático tienen la misión de entenderse y construir los acuerdos necesarios para hacer posible el desarrollo, para eso el soberano les ha delegado la representatividad suficiente, siendo inexcusable cualquier conducta de bloqueo que impida el progreso.

El desarrollo integral de la nación también depende del compromiso y actitud participativa de la ciudadanía, no podemos depender de los vaivenes que generan las ansias y expectativas de alternancia en cada ejercicio electoral para distintos niveles de gobierno. Aunque son propios de nuestro ordenamiento democrático, los resultados de cada elección no se pueden convertir en un desmontar y volver a empezar con los grandes proyectos de nación.

El país necesita contar con un rumbo de básico consenso que aporte certeza, genere confianza y sea estable. Suficientes desafíos tenemos con el compromiso de los objetivos del milenio, la superación de la violencia y criminalidad, con la incertidumbre del cambio climático o con el esoterismo que debemos realizar para alinear la luna a nuestro favor y que pueda incidir en otros poderosos recién llegados gobernantes, en los que nuestra incidencia es escasa y depende más de la unidad latinoamericana.

La riqueza espiritual también es grande en este país. Este fin de semana conmemoramos el cuadragésimo aniversario del martirio del Padre Rutilio Grande en El Paisnal y el cuarto aniversario de la investidura del papado de su santidad Francisco en la Catedral Metropolitana, misa concelebrada entre el nuncio apostólico, monseñor Kalenga y los prelados de la Iglesia Católica salvadoreña con la presencia del presidente de la República.

En este acto conocimos de la importante invitación a los Obispos de la Conferencia Episcopal por el Vaticano para reunirse con el santo pontífice en Roma, además de la carta de invitación que se enviará por nuestro gobierno para que visite nuestra santa tierra. Sabemos que el Papa visitará Colombia en septiembre, por lo que esta oportunidad es de incalculable valor, sobre todo cuando están a las puertas la canonización de nuestro Santo Monseñor Romero y la Beatificación del Padre Rutilio.

La nominación de 2017 como “Año de Cultura de Paz” no es superflua, mucho está por ocurrir con el concurso de todos, lo que debe alentarnos a construir un acuerdo de nación en los temas más sensibles, es la única alternativa para materializar los anhelos de gran parte de los salvadoreños.




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