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Editorial & Opinion

Árbol estatal improductivo

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

lunes 1, mayo 2017 - 12:00 am

Una plantación de árboles frutales necesita de cuidados especiales por parte del agricultor. Sus podas convenientes, provisión de agua suficiente, “limpias” de desechos, control de plagas indeseables y, sobre todo, de proveerla con abonos (fertilizantes), según la época acostumbrada y naturaleza de la plantación.

Esos cuidados rendirán sus buenos frutos, pues le aseguran al agricultor obtener óptimas cosechas en cantidad y calidad, que comercializadas en los mercados, le producirán altos dividendos económicos, para atender satisfactoriamente su propio sostenimiento familiar, cancelar salarios de los jornaleros y adquirir nuevos insumos para la próxima cosecha. Este es el ciclo provechoso.

Pero si la plantación, a contrario sensu, es descuidada, surgen abundantes las malezas inservibles, las plagas hacen destrozos en su follaje y raíces, tampoco recibe riego suficiente ni abonos, con el tiempo, esa negligencia dará efectos negativos: habrá cosechas muy bajas, o simplemente irá menguando la vitalidad arbórea, hasta que la plantación se marchite inexorablemente.

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Traigo a colación esa figura para comparar al Estado como una plantación frutal. Cada uno de sus árboles produce diversos frutos: salud, educación, trabajo, seguridad, etcétera.

Para subsistir y cumplir su misión, desde la más remota antigüedad, se crearon leyes impositivas, ya que los tributos, impuestos, tasas, aforos o simplemente contribuciones, constituyen el abono vital para que la institucionalidad estatal funcione con eficiencia, eficacia y honestidad en beneficio directo o indirecto de los habitantes de un país que, por medio del pacto social, han acordado voluntariamente delegar esas funciones en personas que pueden denominarse presidentes, ministros, diputados, o simplemente servidores públicos.


Estos son los agricultores que, por un determinado tiempo, son responsables que la plantación estatal no se marchite y siga dando sus frutos vitales, de conformidad al crecimiento y desarrollo socioeconómico que año con año experimentan todos los Estados del mundo. Por esta razón, cada gobierno es sujeto al escrutinio público por sus buenas o erradas acciones en el manejo de las finanzas estatales.

Pero muchas veces sucede y no es causa de extrañeza, que las necesidades de una plantación, surgen inesperadamente. Digamos, aparece una plaga imprevista y el agricultor aún no ha cosechado lo propio de esa temporada, por lo que se mira compelido a  comprar urgentemente insecticidas y fungicidas con prontitud, antes que la plaga extermine su fuente de trabajo y subsistencia. Carente de dinero en esos momentos, acude, digamos, a un banco cooperativo de su localidad y bajo cauciones adecuadas que rigen a la entidad financiera, obtiene un préstamo a cierto porcentaje de interés.

Nuestro agricultor hipotético, al adquirir sus insumos y lograr la cosecha que esperaba, realizada su comercialización, acude presto, responsable y agradecido, a cancelar el dinero que obtuvo junto con sus réditos acordados, convirtiéndose, a partir de ese momento, en un sujeto de crédito, de buena fe y que, seguramente, en otra emergencia, no tendrá atrasos para obtener hasta un préstamo mayor.

En la vida institucional de los Estados, también hay altibajos financieros, debidos a varios aspectos multifacéticos de la vida nacional. Esos aspectos a veces lindan con la naturaleza inestable de esta época de cambio climático: puede suceder que tormentas copiosas produzcan derrumbes, destrucción de carreteras, inundaciones dañinas para los cultivos e incluso, que perezcan localidades enteras como vimos en el Perú y Colombia.

Otras veces, esos altibajos financieros, a nivel estatal, provienen no solo de fenómenos naturales, sino de acontecimientos políticos o delincuenciales, que ahuyentan a los inversores propios y extraños.

Cuando en un Estado se entroniza un Gobierno despótico e inescrupuloso, o eligen un mandatario que, junto a sus funcionarios, son proclives a la corruptela, que hacen rapiña insaciable del erario de la nación, elaboran presupuestos “inflados” y desfinanciados para obtener enriquecimiento de sus actos arbitrarios e ilícitos, y que, finalmente, incumplen con sus obligaciones crediticias o financieras con bancos nacionales e internacionales, institutos previsionales, proveedores diversos, etc. tarde o temprano ese Estado cae en lo que técnicamente se denomina “Default”, o simplemente “Impago”, con su estela negativa de efectos desastrosos para la nación entera que sufre esa calificación. Sin abonos a las deudas contraídas, o sea, sin cumplimiento oportuno, la plantación financiera estatal languidece con rapidez. No atisbo otro resultado menos calamitoso.




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