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Editorial & Opinion

Arce: ejemplo de dignidad

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

miércoles 29, agosto 2018 - 12:00 am

Quien llegaría a ser el general Manuel José Arce, prócer de la independencia patria, fundador del ejército salvadoreño y primer presidente federal de Centroamérica, nació en la ciudad de San Salvador, en la casa de sus padres don Bernardo Arce y doña Antonia Fagoaga de Aguilar el 1 de enero de 1787, propiedad ubicada casi enfrente del hoy parque San José (ignoro si aún hay una placa conmemorativa).

Caminando hacia el sur, a poca distancia de la casa familiar de los Arce, estaba la Plaza de Armas y sede de los representantes de la corona española (hoy Plaza Libertad). El antiguo ayuntamiento se erigía donde hoy comercian vendedores informales y que por muchos años fue sede de la alcaldía municipal capitalina. Esquina suroriente, estaba la casa enorme de los padres Aguilar (parientes del prócer Arce), de amplios patios donde se guardaban y alimentaban los caballos cuando los religiosos llegaban en ellos desde sus curatos de Tonacatepeque o de Olocuilta.

En ese predio se erigió el hermoso cine “Libertad” y traigo a cuentas este sitio porque allí precisamente, donde los Aguilares, cerquita de las autoridades coloniales, los próceres se reunían para tramar el primer llamado “Primer Grito de la Independencia” sucedido el 5 de noviembre de 1811, cuando a escasa distancia, siempre al sur, el padre Delgado tocó a  rebato las campanas de la Iglesia La Merced, despertando a los capitalinos a un nuevo porvenir patrio, que las pasiones políticas y las facciones surgidas posteriormente han hecho fracasar en determinados momentos de la vida nacional.

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De hecho, la gesta libertaria fue realizada en su mayor parte por familiares entre sí, pertenecientes al más puro “criollismo”, o sea, descendientes de españoles peninsulares, llegados después de la conquista.

El general Arce heredó varias haciendas, entre ellas las llamadas “Ichanquezo”, “San Diego” y “Mapilapa” en el área rural de Apopa/Nejapa y la “San Lucas”, en San Juan Opico. En aras de la unión centroamericana y al servicio del partido liberal (que después lo abandonó), el prócer fue vendiendo sus propiedades.


Las haciendas “San Diego” y “Mapilapa”, le fueron adquiridas por mi bisabuelo paterno, don Juan Antonio Alvarado, exdiputado conservador y terrateniente originario de San José Guayabal, asentado en Apopa, quien durante el gobierno del general Gerardo Barrios representaba los negocios de Gran Bretaña en Guatemala y nuestro país.

Al fracasar la Federación centroamericana, el general Arce, odiado por sus antiguos aliados liberales y abandonado por los conservadores, a los que después se unió, se refugió por un tiempo en México, a cuyo Emperador Iturbide combatió con el primer ejército nacional organizado por su propia cuenta, para oponerse a la anexión que aquel efímero soberano quiso hacer de Centroamérica. Al retornar a nuestro país, venía enfermo, pobre y sin apoyo de ninguno de los partidos a los que, con esfuerzo y desinterés personal, había servido, impulsado únicamente por su amor a la unión del Istmo entero.

Una familia humilde del barrio La Vega le dio asilo en su casa. De lejos escuchaba las campanas de la Iglesia La Merced, las mismas que despertaron a Centroamérica aquel inolvidable 5 de noviembre de 1811, cuando era un joven capitán que, con espada en mano, llegó a la hoy Plaza Libertad para arengar a la multitud que acudió al llamado libertario. Enterado el doctor Eugenio Aguilar, presidente del país, de aquella lamentable condición, envió a un oficial con un óbolo para el prócer. El militar entró al aposento.

El ruido de sus espuelas hizo incorporarse al paciente. Cuando el enviado quiso entregarle el dinero, Arce le dijo con voz enérgica: “Yo no recibo limosnas del poder. Dentro de poco todo me sobrará y los hijos de San Salvador me sepultarán”. El militar se retiró en silencio. Poco después, llegó el doctor Aguilar y postrándose ante aquel patricio, le tomó sus manos y las enjugó con lágrimas. Era el tributo de un gran presidente, para otro gran hombre de la patria.

Arce entró a la eternidad el día 14 de diciembre de 1847 y su cuerpo fue sepultado en la cripta de la Iglesia La Merced, ante el dolor de todo el pueblo capitalino que asistió al sepelio…




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