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Editorial & Opinion

Argentina y Brasil, un reflejo de la educación sexual

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 12, julio 2018 - 12:00 am

Se ha ganado una pequeña batalla en la Asamblea Legislativa, pero no la lucha, ya que se logró archivar el proyecto de “Ley de Educación en Afectividad y Sexualidad Responsable” que fue promovido por unos diputados de ARENA, secundados por otros de izquierda. Creo que para proponer este tipo de proyectos por lo menos hay que pedirles a los diputados que lo promocionan que primero tengan hijos, para que su visión de familia sea más amplia y no limitada a su mundo individual.

Dado que no es posible que se esté utilizando a la Asamblea Legislativa para promover leyes que van contra la conciencia y la libre determinación que tiene cada padre y madre de educar a sus hijos en principios y valores. Tenemos mucho que aprender de Argentina, Brasil y Uruguay, que abrieron sus puertas de par en par a leyes liberales que promueven como eje trasversal la teoría del género, el aborto, la educación y reproducción sexual, y la diversidad sexual.

Los niños y niñas de estos países han sido expuestos a este tipo de desviaciones donde le explican desde las aulas que no existe el sexo, sino el género, por lo tanto, los orientan desde temprana edad a que pueden optar además de la heterosexualidad (en la que un hombre siente atracción por una mujer o viceversa) hasta que puedan experimentar con la homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, demisexualidad,  lithsexualidad, autosexualidad,  antrosexualidad, polisexualidad y asexualidad,  y las lista continúa.

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Luego de una década y media enseñando en las aulas estas desviaciones, a esa generación de niños y niñas, hoy jóvenes adultos, se manifiestan violentamente por las plazas públicas de estos países, exigiendo al Estado layes que favorezcan a un más la diversidad sexual, note amigo lector, que todo termina en la exigencia de mejores derechos hacia la diversidad sexual, aunque al comienzo, dicen que únicamente quieren enseñar educación y género a los niños, y ahí se encuentra la trampa, por ello tenemos que abrir bien los ojos.

Porque inicia, con una inocente ley, que la disfrazan como educación, pero que concluye orientando a toda una generación que termina practicando todas estas desviaciones sexuales, que se convierten en parafilias. Por esa razón, una gran mayoría de los líderes que promueven la diversidad sexual junto a sus adeptos, tienden a ser intolerantes e irrespetuosos (no todos) a las buenas costumbres morales y combaten al cristianismo como su peor enemigo.


De manera que, en sus marchas, arremeten heréticamente contra el cristianismo, por ello no es raro ver la sodomizacion que hacen de la representación de Jesus en sus manifestaciones. No obstante, exigen que se les respete y se les aprueben leyes más flexibles para la diversidad sexual, pero no han aprendido a respetar a sus demás conciudadanos.

Hay que aclarar que pedir que se respeten los principios y valores que se promueven por medio del cristianismo, no es homofobia, ni odio contra las personas que practican estas desviaciones sexuales.

Al contrario, el mensaje de Jesús, es de amor y paz, y todo cristiano está llamado a tratar con dignidad y respeto a toda persona humana, sin importar su creencia y posición en la vida. Dicho lo anterior, las puertas de la iglesia evangélica y católica sin temor a equivocarme están abiertas para toda aquel que está cansado y cargado en la vida, dado que Jesús vino por el que está perdido como el caso de los; borrachos, prostitutas, adúlteros, fornicarios, hechiceros, afeminados, herejes y los que practican la sodomía, entre algunos pecados.

El evangelio de Juan, en el capítulo 3, dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. De la misma manera 2 Corintios 5:17 enuncia: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Así que, si una persona ha perdido el rumbo y ha cometido pecados.  Tiene como solución buscar a Jesús, quien es fiel y verdadero para perdonar.

Tal como en una ocasión le dijera Jesús a la mujer adúltera, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. El arrepentimiento debe de llevar un cambio de vida, y así como un adultero puede cambiar, también lo puede hacer aquel que practica el homosexualismo o el lesbianismo.

El resultado del perdón siempre será el mismo en Jesús. En consecuencia, es en el seno de la familia donde se educan a los hijos y no en la escuela.




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