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Editorial & Opinion

Arranca precampaña presidencial

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 5, julio 2017 - 12:00 am

Parece ilógico pero es una realidad. A más de año y medio de las elecciones presidenciales la precampaña es un hecho político. La carrera presidencial de 2019 ya inició. ARENA tiene la iniciativa con el lanzamiento de dos precandidatos.

En la guerra o en el amor, todo se vale y en precampaña electoral también. El Tribunal Supremo Electoral, no cuenta con un Reglamento de Precampañas, donde se determinen los plazos de duración, la prohibición de usar los símbolos patrios en propaganda no existe. Tampoco en ningún lado están determinados los límites de gastos de pre campaña, ni mucho menos está definido que los precandidatos o que los partidos políticos tengan la obligación de presentar al TSE un informe de quiénes son los financistas, los ingresos y gastos efectuados en la precampaña. En fin, simplemente no hay reglas: se vale todo.

Tanto en la guerra como en la política, todo es cuestión de estrategia. Los precandidatos  realizarán un conjunto de acciones con las que buscarán alcanzar sus objetivos. Las precampañas electorales se ganan o se pierden a nivel estratégico y táctico. La batalla por ganar las elecciones presidenciales ya se desató y cada día se está volviendo más intensa.

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Tanto Simán como Calleja han comenzado con declaraciones generales con las que nadie puede estar en contra, como trabajar por generar empleo y combatir la delincuencia. Todavía no exponen con claridad cuál es su oferta electoral. Lo que está claro en este momento es que los precandidatos tienen un doble discurso: dicen que en “una nueva visión de país incluyente, cabemos todos”, “invitan a todos los salvadoreños a sumarse a su plataforma” pero ambos ya están inscritos en ARENA.

Falta mucho camino por recorrer para llegar a marzo de 2019 y no hay que confundirse: una cosa son los esfuerzos de los precandidatos por conquistar electores y otra es la realidad cotidiana de los salvadoreños.


La población está ocupada en resolver sus problemas inmediatos, no es cierto que esté hipnotizada por los precandidatos. Nuestros compatriotas, simplemente viven su vida, están interesados en su trabajo, su familia, sus preocupaciones, sus problemas son muy concretos y de un modo más o menos lateral le ponen atención al mundo de la política y los políticos, y muy poco desean saber de precampañas, posibles candidatos e incluso de encuestas.

Pero no solo de precampañas presidenciales está inundado el ambiente político salvadoreño. Estamos en presencia de elecciones internas donde campea la intolerancia y los que llegan a ser electos son los ungidos por las cúpulas partidarias, pues los aspirantes a diputados o alcaldes pasan por un filtro donde se establece quiénes  llegarán a las internas.

En el bipartidismo polarizante de FMLN/ARENA la imposición y el autoritarismo son el pan de cada día. En ambos partidos se conocen públicamente casos, donde la disidencia y la crítica se combaten a fuerza de censura, amenazas y descalificaciones.

La crítica es de la esencia de la democracia. Un partido político no es democrático si no existe cuestionamiento, disentimiento o enfrentamiento de dos o más ideas políticas. La crítica es indispensable.

Señores de las cúpulas partidarias entiendan que  el tiempo de la intolerancia ha terminado. Comprendan que la intransigencia a la crítica es expresión de debilidad y que ya no es posible que solo los que aplauden y celebran lo que dicen los dirigentes sean reconocidos como interlocutores válidos. Es inaceptable que los que discrepan se vuelvan incómodos, indeseables, intolerables y se llegue incluso al absurdo de considerarlos como detractores o “enemigos”.

Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia. La disidencia y la crítica no se combaten con amenazas y exclusión, lo que urge es más debate, más apertura, impulsar una mayor vivencia democrática.

El Salvador necesita campañas electorales propositivas. Si seguimos polarizados en una confrontación estéril, defendiendo posiciones extremas, no será posible sacar adelante al país.

La población, según las encuestas, ya no cree en el bipartidismo. Cada vez maduran más las condiciones para la aparición de nuevos actores. Por el bien del país, ojalá se equivoquen aquellos que consideran que el surgimiento de una tercera fuerza política es algo que no va a ocurrir en el corto plazo.

Sería desastroso que ante el malestar que genera la manera de hacer política de los partidos tradicionales, la población se decante por la abstención electoral y sea el voto duro suficiente para que ganen las elecciones los mismos y de nuevo pasen a repartirse el control de las instituciones y la administración del aparato del Estado.




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