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Editorial & Opinion

Bajo censura, no escribo

lunes 2, marzo 2015 - 12:00 am

En tres ocasiones, en menos de un año, el periódico El Universal de Caracas me engavetó artículos en relación a la grave crisis social, política y económica que sufre Venezuela. La primera vez lo pasé; la segunda reclamé y logré que lo publicaran a la semana siguiente y en la tercera ocasión (la semana pasada) motivó esta columna.

El periódico me envió la siguiente respuesta: “Saludos y muchas gracias por hacernos llegar su columna sabatina. Por el momento, no le podemos dar curso de publicación”. Minutos después llegó otro correo electrónico con un agregado: “El Universal se reserva el derecho de editar y publicar los textos recibidos”

Comprendo que los diarios tienen el derecho o no de publicar las colaboraciones. Respeto ese privilegio editorial, pero es muy sospechoso que esto haya sucedido las dos veces que analicé temas sensibles al régimen chavista.

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Aunque el presidente de El Universal, Jesús Abreu Anselmi, dijo al posesionarse que “La imparcialidad nos obliga a ser absolutamente objetivos”, rechazar un artículo por su contenido es censura. Entonces fue una falsedad la promesa que hizo Abreu al asumir la conducción del diario, el cual fue una sólida institución periodística por más de un siglo antes de que llegase a manos sospechosas. Abreu dijo: “No solo seremos críticos del Gobierno sino de todo aquello que sea necesario criticar”.

Una de dos: o El Universal se está autocensurando para no sufrir la persecución del chavismo o esa empresa se metamorfoseó en una fachada de los siniestros personajes de la revolución bolivariana, que están invirtiendo bajo cuerda en medios de comunicación para controlar la información en el momento en que caiga el régimen dictatorial.


ABC de España tituló en un artículo en julio de 2014: “Fantasmagórica compra del diario opositor venezolano El Universal”. No se sabe quiénes están detrás de la adquisición del periódico. Con un capital de 3,500 euros, uno o varios individuos, formaron una empresa llamada Epalisticia, que de acuerdo a su registro estaría dedicada a “comprar y vender parcelaciones, urbanizaciones solares, terrenos y fincas, además de inversiones en y administración de medios de comunicación, en especial, en mercados emergentes”. ¡Qué rara esa pluralidad del propósito empresarial!

Esa misma sociedad, dizque establecida en España, con menos de un año de fundación y sin rostros visibles en su junta directiva, compró El Universal valorado en más de 90 millones de euros.

Realmente como columnista lo único que necesito saber para escribir sin temores, es que el capital de la sociedad propietaria del periódico no provenga de negocios ilícitos, narcotráfico o el robo de las arcas petroleras por ejemplo, pero, de manera especial, que la libertad de expresión sea respetada.

Por meses envié mi colaboración a El Universal, como lo hago a otros 66 periódicos de habla castellana del mundo, donde trato diversos temas políticos, sociales y humanos. Sin embargo, desde que comencé a mandarla al diario venezolano, traté de ser mesurado con el chavismo para no alborotar el avispero.

Esa cautela no fue suficiente. Al parecer, es censurable mencionar a Diosdado Cabello, investigado por narcotráfico en los Estados Unidos y a Nicolás Maduro, a quien le escribí una carta pública para que reflexione sobre lo que sufre el pueblo venezolano, que recapacite sobre la fracasada revolución del siglo 21 y que convoque a un consejo de economistas con el propósito de salvar a Venezuela de la miseria.

Pareciera que le temen a Diosdado. O es uno de los socios ocultos de El Universal o tiemblan por las intimidaciones arrogantes y soberbias de ese  “ex sargento” golpista, que se ha transfigurado de un militar pobre, a un rico magnate cuya fortuna las autoridades estadounidenses sospechan de dónde proviene: el narcotráfico.

No acostumbro a guardar silencio. Los medios de comunicación y periodistas que no sean críticos y vigilantes de los gobiernos de turno, se vuelven cómplices del régimen, pero, con perdón de los colegas que siguen guardando silencio y bajando la cabeza en El Universal, la autocensura por miedo a perder privilegios económicos es peor que la complicidad. Es cobardía.

Todavía me es difícil creer que un diario con la tradición y prestigio periodístico de El Universal, haya caído en manos de clandestinos y sospechosos dueños que pretenden manipular la información que el pueblo tiene derecho a recibir.

No admito una prensa arrodillada. No permitiré jamás que nadie me amordace. Debido a que no me dejaron escribir libremente esta será la última columna que, a sabiendas que jamás será publicada, enviaré a El Universal, porque bajo censura no escribo.




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