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Editorial & Opinion

Cambios estructurales para El Salvador

Jaime Ramírez Ortega/Consultor legal y de negocios

jueves 11, octubre 2018 - 12:00 am

El Salvador atraviesa desde hace décadas la ausencia de cambios estructurales, debido a que los gobiernos de turno, no han comprendido cómo conectar de forma sistémica el plan quinquenal con el plan estratégico o plan de nación, que conlleve a construir soluciones a largo plazo y no quinquenales; para ello se requiere hacer cambios socioeconómicos que involucren la economía, la sociedad y la cultura; pero que estos cambios no estén definidos por un patrón ideológico, sino por ejes técnicos que conduzcan al bienestar y prosperidad de cada salvadoreño.

Así que cada candidato a la presidencia 2019, debe contemplar, en su propuesta, hacer una modificación en las relaciones comerciales, bases de la economía, es decir, que el gobierno de turno genere las condiciones jurídicas y económicas que propicien la atracción de inversión local y extranjera, así como mejorar los servicios públicos, dado que de ahí depende la inversión;  por lo que se debe plantear una modificación estructural a las leyes, creando reglas claras, trámites ágiles y, omisión de pasos, para desmantelar la tramitología.

Por otra parte, se debe trabajar económica y jurídicamente en los problemas sociales que están afectando a la mayoría de salvadoreños, como la inseguridad, la falta de empleo, mal servicio de salud, falta de acceso a una vivienda digna, y la mala calidad educativa, lo cual conlleva a que el compatriota luche por vivir, dada la persecución del crimen y las pandillas; y por otra parte, buscar sobrevivir por la escasez de empleo y oportunidades para poder llevar el sustento al hogar.

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De manera que, si se hacen cambios estructurales bien planificados y con índices de creciente sostenibles, se puede modificar el curso de la historia, dado que El Salvador se encuentra actualmente en un desbalance, en donde situaciones inestables son repetitivas, como la corrupción, falta de transparencia, ausencia de rendición de cuentas, poca inversión estatal y la improvisación; de modo que estos son factores que drenan los recursos, pese a ello, año con año se autoriza un presupuesto híper-inflado y desfinanciado que contempla gastos inútiles y superfluos.

Y es ahí donde debe estar el enfoque de cada candidato a la presidencia 2019, dado que no se puede continuar autorizando presupuestos de nación desfinanciando, gastando más de lo que ingresa, y lo que es peor, dinero público mal distribuido, ya que la mayor parte está destinada para pago de empleados, gasolina, compra de vehículos, viajes, viáticos, y gastos de representación, pero muy poco está destinado para ejecutar cambios reales.


En consecuencia, si queremos ver cambios estructurales planificados en un veinteno de años en El Salvador, las bases se deben sentar ahora; por ello se hace imprescindible que la mayoría de salvadoreños, antes de decidir por un candidato en particular en las próximas elecciones 2019, se debe leer el plan quinquenal o plan estratégico a largo plazo, para constatar si la propuesta conlleva una política de responsabilidad fiscal y combate a la corrupción, dado que el actual gobierno del FMLN, se ha resistido a ello.

Escuchando a los candidatos a la presidencia 2019 en el ENADE, me doy cuenta de la poca comprensión que tienen sobre los cambios estructurales que se deben provocar en El Salvador, para poder trascender en el tiempo y mejorar la calidad de vida de los salvadoreños, por ejemplo: se observa a un candidato que al no tener un telepronter frente a él, se le imposibilitó dar propuestas concretas sobre las preguntas, dejando en evidencia el desconocimiento de los grandes problemas estructurales que se tienen como país.

Por otra parte, vemos a Carlos Calleja, con una mejor comprensión de la situación, proponiendo soluciones, y con un mensaje concertador que une a la ciudadanía, y no la divide. Así que los candidatos deben aprovechar el bono demográfico, o sea, la franja de tiempo durante la cual la población económica activa todavía supera a la población económicamente dependiente, para que se puedan realizar los cambios estructurales e incluidos en el plan de nación.

Claro que para ello se debe invertir en el descubrimiento de habilidades de la juventud, para maximizar el beneficio social y económico de esta ventana de oportunidad, que se prevé estará abierta hasta el 2035.

De modo que, si se quiere que la economía se dinamice y que produzca y, bajen los niveles de inseguridad, entonces se debe invertir, por lo menos, el 6 % del PIB en educación, distribuido en capacitación docente, tecnología e infraestructura, para ver los frutos en un tiempo no muy lejano.




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