Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Cambios y paradigmas

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Savador

sábado 25, marzo 2017 - 12:00 am

La semana pasada hicimos referencia a los extraños ritos fúnebres practicados por un sector de la sociedad venezolana, que poco a poco van  cambiando el modelo civilizatorio y, en consecuencia, los paradigmas sociales que se enraizaron en el Nuevo Mundo, tales como: la libertad individual, el Estado de Derecho, la separación de poderes, la tolerancia y el respeto a los derechos humanos.

Muy cruda la narración, según algunas manifestaciones. Y sí, lo fue, pero no se trata de edulcorar la realidad para no herir sentimientos primorosos, porque esos cambios civilizatorios no solo se observan en Venezuela, sino en la región, y hasta en la antigua Europa; cada uno en su particularidad, pero con denominadores comunes, como es el rechazo a los tradicionales conceptos societarios, culturales, valorativos, que le dieron consistencia a Occidente, a la llamada civilización greco-judeocristiana.

Exagerada, no. El domingo pasado saltó la noticia sobre el asesinato de dos funcionarios policiales cometidos por una banda de niños en edades comprendidas entre 10 y 15 años. A pesar del horror que se vive, donde la sorpresa sucumbe ante la cotidianidad, esa noticia fue demasiado; no se trató de los niños soldados de las Farcs o los utilizados por los terroristas islámicos para hacer explotar sus bombas, sino de niños surgidos del seno de un régimen de origen castromilitar, continuado en organización criminal internacional que, de alguna manera, impuso su modelo a la región.

publicidad

Una de las causas de la pérdida de confianza en el sistema democrático, es la percepción de no dar más, de no acompañar los procesos de evolución, que se ha enquistado en lo meramente electoral, en alcanzar el poder para beneficio del grupo del cual se proviene.

El poder por el poder mismo, por lo que representa, por la vanidad personal. Y allí se inicia la decadencia, por el dejar hacer, por el dejar pasar. Líderes sin sentido de trascendencia, mimetizados en la indiferencia del entorno. La rutina del poder inconsistente, volatizado en la inmediatez, carentes de programas generales que le den continuidad a la nación, a la luz de los nuevos tiempos; por ello, ante la orfandad popular, renace el caudillismo. Se deja de entender el sentido de la separación, equilibrio e independencia de los poderes públicos, acompañado en un accionar por controlarlos, neutralizarlos. Se pierde el alcance del por qué y para qué de la acción política, y se tiende de una manera consecuencial hacia la tiranía del partido, de la nomenclatura o del caudillo.


Observamos tales componentes dramáticos tanto en la culta y milenaria Europa como en nuestra región. España es un ejemplo, un PP y un histórico PSOE diluido en la flacidez espiritual que hizo parir un Podemos. Venezuela, capturada por un caudillo que dejó de herencia una banda de criminales en el poder, y una oposición partidista y empresarial que ha optado por la convivencia, antes que la resistencia. El Salvador, atrapado en su pasado no obstante contar con una juventud nacida en la era del internet y el Smartphone, que lucha por un espacio protagónico y no termina por encontrarlo, o no se le ha permitido.

Y si bien ha tenido bajo investigación criminal a tres expresidentes, a un Fiscal General, jueces y exministros, que arroja esperanzas a los paradigmas democráticos, aún no se decide ir al fondo del problema, y se enreda en discusiones preelectorales. Sin embargo, se observan reacciones alentadoras en la sociedad civil, en alcaldes, en los profesionales emergentes, por darle un finiquito a ese pasado que divide e incorporar al país a un proyecto nacional actualizado; porque las crisis no son en sí mismas negativas, son cambios que pueden convertirse en positivos, si se tiene la voluntad, el desprendimiento y la sabiduría para guiarlos.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.