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Editorial & Opinion

Campaña de altura

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 25, octubre 2017 - 12:00 am

Los partidos políticos que participarán en las próximas elecciones, para elegir diputados y concejos municipales, firmaron un pacto “para la consolidación de la democracia y el sistema electoral”. El documento tiene compromisos, como: desarrollar campañas electorales positivas que promuevan los valores cívicos y democráticos que motiven a la participación de la ciudadanía, respetar el derecho y la libertad de los demás partidos políticos para hacer campaña y divulgar sus ideas sin ningún temor.

Faltan 130 días para las elecciones, y se percibe que la conducta política de los ciudadanos es de apatía e indiferencia. Es una enorme responsabilidad para quienes aspiran a dirigir los destinos nacionales el tomar medidas para que los salvadoreños cambien su apreciación acerca de las elecciones. Los candidatos están a tiempo de elevar el nivel del debate y hacer una campaña de altura.

Una contienda electoral de bajo nivel no ayuda a sacar adelante al país. El Salvador necesita que se desarrollen los próximos comicios basados en ofertas electorales que brinden soluciones a los principales problemas de la sociedad. Son indeseables campañas fundamentadas en promesas falsas o que son irrealizables, porque no definen de dónde va a salir el dinero para cumplirlas.

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Se vienen días de campañas casa por casa, es muy importante que los candidatos eviten el uso de niños y adolescentes para buscar votos; es preciso que activistas de los partidos no cometan actos de violencia ni generen más congestionamiento de tránsito por concentraciones en cualquier calle o avenida.

Ya es tiempo que los candidatos abandonen como recursos de promoción partidaria la entrega de regalos como láminas, canastas de alimentos y otro tipo de dádivas que fomentan el clientelismo.


En cada campaña electoral surge la pregunta, ¿sirven para algo los debates entre los candidatos?  ¿Pueden cambiar la intención de voto? Ciertamente los debates pueden influir en el comportamiento electoral de los salvadoreños, en primer lugar porque los debates son el único momento en que la población puede ver a los candidatos frente a frente y conocer en vivo y en directo que capacidad y conocimiento de la realidad tienen, los ciudadanos pueden comparar las diferentes ofertas electorales y conocer la capacidad de comunicación de los candidatos y si son capaces de transmitir ideas de manera coherente, con un lenguaje claro, sencillo y directo.

Para las elecciones de 2019 sería conveniente que se aprobase una norma para que los candidatos estén comprometidos a enfrentarse cara a cara con sus oponentes: establecer en la ley electoral la obligación de celebrar debates será en el futuro beneficioso para los votantes, pues tendrán la oportunidad de contar con más elementos de juicio que les ayudarán a la hora de decidir si acuden a las urnas y por quien votar.

Un fantasma recorre El Salvador: el fantasma de la baja participación electoral, el absentismo. El amigo Eduardo Urquilla escribió que desde la firma de los Acuerdos de Paz se han realizado ocho elecciones legislativas, dice que los resultados de participación han ido de “un mínimo 38.48 % en las elecciones del 2000 a un máximo del 54.22 % en 2006. A partir de las elecciones legislativas de 2009, la participación ha tenido una tendencia a la baja: 53.58 % en 2009, 48.55 % en 2012, y un 48.23 % en 2015. El absentismo ha tenido una media del 52.95 % en los procesos electorales legislativos”.

La mayor parte del abstencionismo de los salvadoreños se explica en lo esencial por la apatía e indiferencia ciudadana. De acuerdo a lo que dicen las encuestas solo el 48.7 % del electorado tiene intención de voto a favor de los partidos políticos. El resto (51.3 %) sería parte de los electores ausentes, y de los votantes desencantados, la mayoría de los ciudadanos piensa que sus intereses no son representados por los partidos políticos y entonces, se preguntan ¿para qué ir a votar?

En conclusión no es nada nuevo afirmar que el abstencionismo es un problema para el sistema político salvadoreño. El reto es trabajar para que en las elecciones de 2018 se supere la apatía generalizada, pero hay que estar claros, que nada va a cambiar, si los partidos continúan actuando de la misma forma en que lo han hecho hasta ahora.

Hay un peligro claro y presente, el sistema político salvadoreño puede tocar fondo, y deslegitimarse por completo. El deber de la ciudadanía es hacer lo que se tenga que hacer para evitarlo.

Las organizaciones de la sociedad civil deberían firmar un pacto para promover la participación informada y responsable de la ciudadanía en las próximas  elecciones.




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