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Editorial & Opinion

Candidatos (as) que “anantes” pueden hablar

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 30, enero 2018 - 12:00 am

Da pena ajena escuchar a algunos candidatos (as) a diputados (as) que buscan la reelección o que pretender ser diputados primerizos. Desgraciadamente algunos de ellos se reelegirán o llegarán a ser parte de los 84 parlamentarios propietarios o suplentes. Así de imperfecta es la democracia, pero tan necesaria para convivir.

Desde que comenzó la campaña electoral he visto a diario entre dos y tres entrevistas televisivas a candidatos (as) y he escuchado diariamente al menos una entrevista radial. Hay algunos que se desenvuelven muy bien y tienen claridad en sus planteamientos, pero la mayoría ni siquiera pueden hablar, no tienen propuestas coherentes y solo repiten lo que otros dicen. Quienes buscan ser primerizos, en su mayoría, no saben que decir de manera concreta, mientras que los que pretenden ser reelectos no presentan propuestas nuevas y están ofreciendo las mismas promesas de hace tres, seis, nueve o más años. Más de lo mismo.

No por tener capacidad de oratoria o “gran labia” como decimos en el país, alguien es mejor que otro, pero se requiere coherencia en lo que se habla y muchos de los candidatos son excesivamente incoherentes en sus planteamientos y carecen de argumentaciones. Contestan una pregunta y responden sin sentido, luego en la siguiente preguntan se contradicen ellos (as) mismos.

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Con un amigo especializado en estrategia de campaña electoral hablábamos sobre esta situación, pues parece que se repite el hecho de los candidatos (as) que parecen de relleno y que evidencian incapacidad para ser parlamentarios. Concluimos que existe la posibilidad que los de la “vieja guardia” de los partidos tradicionales adrede escogen a esas personas para que sus partidarios sigan votando por ellos, pues, aunque ellos no son un dechado de bondades y capacidades, al menos ya son conocidos de sus seguidores. Si eligieran a gente capaz como primeriza, sus mismos cargos corren peligro. Desde luego siempre existe la posibilidad de que alguno (a) de esos que no demuestran capacidad ganen un curul, ya que el juego de la democracia permite que la población se equivoque.

He escuchado a candidatos (as) decir “haiga”, “utualito”, “hubieron”, “dendioy”, “caendo”, “anantes”, “vaá”, “juela”, “en lo que es”,  “preveer”, “asegún” y otros. Hubo uno que dijo que si ganaba un “curil” iba a impulsar la austeridad. Su rival en la entrevista le aclaró el termino y en el instante propuso impulsar desde la Asamblea una especie de programa para enseñarle a hablar a los funcionarios públicos, al tiempo que recordó que un secretario de la Junta Directiva de la Asamblea ni siquiera puede leer cantidades numéricas de más de seis guarismos y que otro no pudo hablar porque estaba ebrio.


Empero, mucha más pena da los candidatos a diputados que buscan la reelección y que únicamente están reciclando propuestas. Han tenido tres, seis, nueve o más años para hacer lo que ahora están vendiendo como grandes y novedosas ofertas. Algunos rayan con el cinismo al proponer austeridad, siendo los que más viajes improductivos han realizado y por ende más viáticos han recibido. Hay quienes prometen puntualidad y son faltistas por excelencia. Otros ofrecen ayudar a combatir la inseguridad pública, pero en sus años parlamentarios no han hecho más que hablar y hablar sin llegar a concretar propuestas viables. Buenos para criticar, malos para aportar.

Hubo un ex presidente de la Corte de Cuentas de la República que se mantuvo casi vitalicio en el cargo y cada vez que buscaba que los diputados lo reeligieran, siempre sostenía que su persona eras necesaria para modernizar la institución.  Los sindicalistas aseguraban que ni podía encender una computadora. Algo similar ocurre con algunos “padres de la patria”. Quieren perpetuarse en el cargo siendo incapaces de ejercer por falta de capacidad y notoriedad.

Un entrevistador de un canal local les realiza una especie de “paesita” a sus invitados. Apenas dos preguntas a cada uno sobre el departamento al que pretenden representar y la mayoría son incapaces de responder correctamente cosas tan simples como cuál es la función de un diputado o cuántos parlamentarios tiene su departamento.

La pena ajena se vuelva pena propia, porque alguno de esos candidatos ganará un curul y dentro de tres años la historia se repetirá. Así de injusta y necesaria es la democracia.




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