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Editorial & Opinion

Candil de la calle, oscuridad de su casa

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

Sábado 9, Septiembre 2017 - 12:00 am

Ciertamente con el fin del plan migratorio conocido como DACA, que ha protegido de la deportación a 28,371 jóvenes salvadoreños indocumentados, siendo el segundo país más beneficiado de Latinoamérica, todo ello viene a sumar a la ya deplorable condición económica y social que atraviesa El Salvador, producto del mal manejo de las finanzas públicas, los despilfarros y la corrupción que ha permeado las instituciones del Estado en los últimos 28 años.

Por otra parte, se tiene que unos 190.000 salvadoreños están amparados por un estatus migratorio temporal conocido como TPS, que vence en marzo de 2018 y que por lo visto no se augura una renovación debido al endurecimiento de las políticas migratorias que tiene en la actualidad Washington, es decir, que estaríamos frente a una dificultad de grandes magnitudes ya que para el segundo trimestre del año 2018, se esperaría un incremento de las deportaciones hacia El Salvador, tomando como variante que 220,000 salvadoreños podrían sumarse a los 700,000 indocumentados que hay en la actualidad en los Estados Unidos.

Mientras esto sucede las autoridades salvadoreñas siguen disparando al aire, sin ningún rumbo ni estrategia para paliar la situación que vendría a profundizar aún más el problema de inseguridad y de pobreza en El Salvador, dado que se ve al canciller Hugo Martínez, mucho más preocupado para que todos en Latinoamérica acepten la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, que ha violentado el Estado de Derecho, ha pasado por encima de la Constitución Bolivariana, ha instaurado una Asamblea  Constituyente carente de legitimidad.

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Maduro desmanteló todas las instituciones que administran justicia, ha encarcelado a sus adversarios, ha perseguido hasta debajo de las piedras a los que piensan y opinan diferente, eliminó los medios de comunicación que criticaban la dictadura, ha reprimido con la Fuerza Armada, al pueblo que hace uso de su derecho a manifestarse públicamente; en otras palabras, está haciendo lo mismo que hizo Cuba, antes de llevar a la desgracia a su pueblo que hoy está sumido en pobreza, estancado en avances tecnológicos, con una estructura social y económica deplorable, donde el pueblo tiene un alto grado de educación.

Pero que un médico o un abogado en Cuba, tiene que ser albañil o taxista, para poder ganar unos $30 al mes, dado que no existe la libertad empresarial o una oferta de empleo remunerado dignamente para los profesionales que desean superarse por medio de la explotación de sus habilidades, ya que estos empleos están reservados, tanto en Cuba como en Venezuela, para la clase política servil al socialismo que viven como príncipes, pero quieren mantener al pueblo con hambre, comiendo de la migajas que caen de las mesas de los dictadores.


De manera que, por Venezuela y Cuba, el Gobierno de El Salvador liderado por el FMLN, está metiendo las manos al fuego, ante la OEA y la ONU, es decir, candil de la calle y oscuridad de su casa, dado que se han preocupado mucho más para que el Gobierno de Nicolás Maduro mantenga la hegemonía económica en Latinoamérica con el Socialismo y el proyecto ALBA, que ha enriquecido únicamente la mano de algunos dirigentes políticos del FMLN, pero que muy poco han hecho por sus correligionarios y por el pueblo salvadoreños sufrido.

Dicho de otra manera, el gobierno del FMLN abandonó la verdadera causa que era buscar desde el momento que llegaron al poder en el año 2009, las estrategias que permitieran a los más de 900,000 salvadoreños obtener mejores beneficios migratorios de los ya alcanzados por los gobiernos de ARENA, que nunca pasaron de meros TPS, pero venir a estas alturas a decir que tienen estrategias para alcanzar mejores beneficios, sin decirle al pueblo cómo lo van hacer, a sabiendas que los EE.UU. ha endurecido las leyes migratorias, es como querer salir de Alcatraz, sin herramientas o una balsa improvisada.

Además de ello, el gobierno del FMLN, ha sido descortés e ingrato con los EE.UU., ya que le dio la espalda a nuestro benefactor por apoyar  a un tirano como lo es Nicolás Maduro, en lugar de enfocarse en hacer gestión diplomática desde que llegó al poder, para mejorar las condiciones migratorias de los  compatriotas indocumentados, en lugar de andar apoyando causas perdidas en las que los salvadoreños no tenemos nada que ver. Que no se nos olvide que el necesitado es El Salvador y no los Estados Unidos.




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