Editorial & Opinion

Caos financiero en El Salvador

Dr. Mauricio Eduardo Colorado / Abogado

lunes 21, agosto 2017 - 12:00 am

El grave problema financiero que sufre El Salvador pone en riesgo la armonía y la paz social en el país, sin que se pueda avistar en el corto, mediano ni largo plazo. Las autoridades del país deben hacer un verdadero esfuerzo por resolver esa situación para beneficio de todos los habitantes.

Las alternativas de solución que hasta la fecha se han propuesto no logran resolver de cuajo la problemática planteada, debido a que no se elabora un plan serio que deje de un lado el plan “apaga fuegos” que se viene implantando desde hace mucho tiempo.

El presupuesto del año 2017 fue declarado inconstitucional debido a las deficiencias en su estructura, previstas desde el momento que Hacienda presentó a la Asamblea para su aprobación. Dentro de los efectos inmediatos de semejante deficiencia se ha capido en un delicado impago, que además de los efectos que significa caer en una mora estatal, causó un efecto durísimo en el prestigio de nuestro país ante las entidades financieras del mundo, y de los países con los que tenemos relaciones comerciales, puesto que todo el mundo piensa que El Salvador no es un país de fiar en sus compromisos financieros, lo cual causa un efecto negativo ya que las organizaciones que en este rubro se relacionan con nosotros, se ven obligados a tomar precauciones que a la larga o a la corta, nos afectan negativamente.

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Nuestro gobierno ha tomado esta crisis como una cosa normal, y pareciera que la única solución al grave problema, esta dirigida a nuevos préstamos y establecer nuevos impuestos. A la pasada está la búsqueda y apropiación de recursos, bajo cualquier modalidad, a condición que se pagarán más adelante. De ahí que se les haya puesto el ojo en los ahorros de los fondos de pensiones de los trabajadores, lo cual –con razón- provoca las alarmas en toda la población productiva, que ponen en duda su seguro de vida cuando llegue la hora de una jubilación.

Quisiéramos entender que las propuestas serías de “apretarse el cinturón” que propone el titular de Hacienda son desechadas por los líderes políticos del partido de gobierno, quienes en su fanatismo izquierdista –pese al ejemplo venezolano- permanecen en su decir, queriendo mejorar la condición económica por decreto, a todo vapor. Nuestra política, altamente contaminada hasta con el elemento pandilleril o marero, quienes a cambio de dinero e intimidación, distorsionan la voluntad popular para escoger a los gobernantes.


No es necesario decir que un país con problemas financieros cae en deficiencias importantes, ya que todos y cualquier programa de inversión o desarrollo, público o privado, necesita recursos, y si estos no existen, cualquier iniciativa solamente puede llevar al fracaso. El gobierno tiene la obligación de analizar la problemática y escoger soluciones viables, sin agraviar a los contribuyentes con más decisiones impositivas, puesto que se llega a extremos de agotamiento, que no se pueden superar.

El malestar que causa en los países amigos, como Estados Un idos, Francia o Alemania, la crítica y censura de los representantes del partido de gobierno y de algunos altos funcionarios del estado, provocan una reacción de malestar de quienes ayudan al país, y recortan el ánimo de colaboración. Tal actitud, se visualiza con aquel famoso y cruel dicho “limosnero y con garrote”.

Al respecto, más de un funcionario orgulloso de su cargo, ha expresado muy “dignamente” que si no quieren dar la ayuda, que no la den. Esta posición estaría bien para una nación igual de poderosa a la que se está despreciando, pero no cuadra con un país pequeño, geográfica y financieramente.

Nuestro gobierno tiene que entender que la realidad nuestra es una muy diferente a lo que han escrito los políticos, basados en teorías aplicables a otras latitudes. Pasó la época de quemas de buses y de banderas. La obligación del gobernante es procurar el bienestar de la población a como dé lugar, y con todos los recursos disponibles.




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