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Editorial & Opinion

Carnelutti y el derecho

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / Sección El Salvador

viernes 27, julio 2018 - 12:00 am

El libro del genial procesalista italiano Francesco Carnelutti (1879-1965), titulado “Cómo nace el Derecho”, debería ser lectura obligatoria de todos los abogados. El Salvador ha sido herido en su cuerpo y alma –que es su “espíritu de libertad y justicia, valores de nuestra herencia humanista” que proclama el preámbulo de la Constitución–, por imputados de cometer actos de corrupción.

Carnelutti sostiene que las normas jurídicas son pautas de conducta derivadas de las reglas de la experiencia, de tres clases: a) lógicas o de interpretación, puesto que el Derecho es pensamiento; b) físicas y psicológicas, que constituyen las bases de las técnicas o medios con los cuales tiene que operar el Derecho; y, c) de justicia, porque “el derecho es un orden ético”, que define como el conjunto de leyes que regula la conducta de los hombres.

En el otro extremo, ubica a la economía, que conceptúa como el dominio de un bien que nos pertenece y, por ende, al tener dominio de una cosa cualquiera surgen dos fenómenos: el económico y el jurídico.

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El hombre, estima Carnelutti, es un ser económicamente insaciable y su ambición lo lleva a querer arrebatar a los demás sus bienes; al realizarlo se crea un conflicto entre dos fuerzas contrarias, virtualmente una guerra, y agrega: “Saquemos de nuestra mente los combates con armas, pensemos en las guerras que se libran en los tribunales para tratar de resolver los conflictos de manera que al final cada quien reciba lo que merece”. Los procesos judiciales tienen el objetivo fundamental del derecho, que es la paz.

En el derecho, además, existe una especie de “tregua”, el contrato, que este jurista europeo define como un acuerdo de voluntades que genera derechos y obligaciones en el que las fuerzas contrarias llegan a un entendimiento, el cual, empero, muchas veces no es la solución de la guerra, pero sí una posibilidad de obtenerla.


La premisa fundamental del Derecho es que los seres humanos, no podemos vivir en el caos; ya que el orden nos hace falta como el aire que respiramos y la economía no basta para implantar orden en la sociedad.

En tal escenario, el hombre, afirma, por su “falta de amor y moralidad”, atendiendo impulsos egoístas, comete delitos, como homicidios y robos; y por ello, al violentar la ley, se le impone una pena como castigo y para hacerlo reflexionar sobre su comportamiento inadecuado y asimismo para frenar las tentaciones de delinquir de sus semejantes, con propósitos  disuasivos e intimidatorios.

Finalmente, considera que si bien el Derecho nace para regular la conducta del hombre en sociedad, la mejor solución a los conflictos es la que predicó Jesucristo: “Ama al prójimo como a ti mismo”. El derecho ayuda a que los Estados tengan un clima de paz, que los Estados ejerzan su gobernabilidad y los pueblos se culturicen y progresen. Por ello es vital que las naciones tengan un buen sistema jurídico, en el cual se respeten los derechos de cada individuo y que sea castigado todo infractor del ordenamiento.

Los países subdesarrollados deben prestar mayor atención a la institución principal del Estado, cuya célula está compuesta por individuos agrupados y existe de manera generalizada. Carnelutti dice que “para que el cuerpo (Estado) funcione bien debe de prestarse atención a la célula (familia)”; por esta razón deben existir políticas de mejoramiento de las condiciones de la familia. Según estudios, enfatiza, en los países más pobres y con menores índices de educación y deserción familiar, se comete mayor número de delitos.

El Derecho tiene como fin la justicia, que se realiza por el gobierno bajo reglas civiles y penales, a través de la conducción de un juez. Para que en los tribunales y en la sociedad reine la justicia es necesario que los hombres adquieran conciencia de su dimensión de seres humanos desde una perspectiva religiosa, y que aprendan a ver en el prójimo una manifestación de la divinidad, independientemente de cuál sea ésta.

En suma, los mensajes de Carnelutti incluyen educar a la juventud, con  valores morales como base del Derecho y la paz; fortalecer la familia para prevenir la delincuencia; y lograr un Estado en que imperen la ética y la justicia.




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