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Internacionales

Claves para entender la masacre de Barcelona

Por Damián Szvalb-Nueva Sión

miércoles 23, agosto 2017 - 6:18 pm

El Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) no tardó en reivindicar el atentado terrorista en Barcelona. Lo hace siempre porque tiene todo para ganar: muestra su capacidad de golpear en Europa a pesar que está en su momento de mayor debilidad desde que apareció. Mostrarse activo y letal lo mantiene vivo y es funcional a su objetivo: sembrar el pánico y el terror en el corazón de las sociedades europeas.

El ISIS ha perdido su base territorial que hace tres años lo convirtió en un actor poderoso en el Medio Oriente. Desde allí alimentó ideológicamente a cientos de yihadistas que hoy viven en Europa. Ha perdido Mosul, en Irak, uno de sus bastiones principales de lo que fue su Califato. Hoy está reducido a un pequeño grupo que intenta resistir en Raqqa, Siria, ciudad a la que no hace mucho autoproclamaron su “capital”.

En su momento de mayor auge el ISIS fue brutalmente eficiente: utilizó las herramientas del siglo XXI para expandir y exportar su criminal ideología. El mensaje ha calado hondo, y es lo que hace que miles de yihadistas estén convencidos de matar en el momento y lugar que consideren más apropiado. Siempre atacan contra símbolos de la forma de vida occidental: recitales, paseos turísticos, lugares emblemáticos de ciudades cosmopolitas. Todo sirve para actualizar los miedos de las sociedades y gobiernos europeos. Los medios de comunicación y las redes sociales hacen el resto: se transforman en herramientas funcionales para expandir un mensaje que ya nadie puede detener.

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El gran objetivo del ISIS es mantenerse presente como una amenaza permanente que no se detendrá hasta lograr un mundo libre de “infieles”. Busca también que se exacerbe la desconfianza, el miedo y el rechazo hacia los musulmanes europeos. Creen que ese es el contexto ideal para que muchos se terminen de convencer que la única salida es convertirse en un yihadista.

Quienes cometen este tipo de atentados tienen vida propia, sean lobos solitarios o células más o menos organizadas en el terreno: son ellos quienes deciden cuando es el mejor momento para atacar y generar el mayor impacto posible. En su mayoría son muy jóvenes y están plenamente identificados con la ideología que el ISIS supo exportar exitosamente a través de distintos mecanismos. La adoptan y descubren en ella un manera de identificación que no solo no encuentran en las sociedades en las que sus padres se instalaron y recibieron su ciudadanía, sino que choca contra los valores y la forma de vida occidental.


En todo este proceso de expansión de las premisas terroristas de ISIS, fue clave la influencia de lo que Fernando Reinares llama “agentes de radicalización”. Son aquellos difusores del mensaje y de las tácticas del terror. Lo hacen a través de Internet y redes sociales pero también caras a cara. Según estudios recientes, la gran mayoría de los detenidos adoptaron las creencias del salvajismo yihadista en contacto con estos agentes replicadores de la ideología. Desde figuras religiosas hasta conocidos y compañeros de cárcel (una de las características en común de aquellos que cometen este tipo de actos es que pasaron por la cárcel por delitos menores, como robo o venta de droga).  Europa no supo, no pudo o no quiso frenar a estos predicadores que desde hace años se mueven libremente en los barrios llenos de jóvenes musulmanes desencantados y excluidos del sistema. El reclutamiento en ese contexto obtuvo resultados.

Al mismo tiempo, el éxito que ha tenido en términos militares el ISIS en Medio Oriente lo transformó en una referencia para cientos de estos jóvenes que observaban como el mensaje era llevado a la práctica con éxito e ISIS ganaba territorio. La tibieza de Estados Unidos y Europa para frenar militarmente la expansión permitió también que el ISIS se transformara en un referente importante para miles de musulmanes.

Por eso es un error pensar que hoy pueda existir algo parecido a una conducción unificada que esté en condiciones de organizar y dirigir a la distancia a células dormidas o a yihadistas esparcidos en Europa y que les ordene actuar en determinado momento y lugar. Se ha comprobado que no hace falta conducción para golpear: ha sido suficiente el trabajo de adoctrinamiento realizado por los líderes de ISIS en su momento de expansión.

Muchos de los terroristas que hoy golpean en las calles de Barcelona, Niza o Londres vieron el fenómeno del ISIS en persona: se cuentan por miles (alrededor de 4000) aquellos europeos que viajaron a Medio Oriente y se adoctrinaron en el terreno. Hoy ya están de vuelta en sus países, listos para actuar. Los servicios de seguridad los tienen identificados. Saben que potencialmente pueden cometer actos terroristas pero no pueden seguirlos y menos detenerlos sin causa. La democracia, por mas estados de excepción que imponga, tiene límites que no se deberían pasar. Sería la derrota final.

La masacre de Barcelona puede tratar de entenderse a partir de este análisis. Las que  podrían venir también.




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