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Editorial & Opinion

Colombia decidió

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 19, junio 2018 - 12:00 am

El pasado domingo 17 de junio se efectuó exitosamente y en paz la segunda ronda electoral presidencial en la hermana República de Colombia, con un clima inusual de tranquilidad para un país en el que la violencia, el conflicto y la guerra han sido los elementos dominantes de la cotidianidad.

No obstante, estos comicios se han desarrollado en el contexto de un tortuoso proceso de implementación y significativos retrasos de los Acuerdos de Paz entre el Estado representado en el gobierno y la más antigua guerrilla de Colombia las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Esta avanzada negociación política está guiando a esa nación en una compleja transición de posconflicto que abre nuevos escenarios y desnuda los profundos  retos de esa sociedad.

Muy significativo ha sido el nivel de participación electoral que alcanzó el 53.04 %, ligeramente menor en relación al 53.38 % de la primera ronda, ambas cifras muy elevadas en relación a la baja participación histórica en este país; considerando además las aprensiones que generaba el desvío de atención por el desarrollo del Mundial de Fútbol, en una sociedad fervientemente amante de este deporte. Es indudable que imperó el espíritu cívico, la madurez y el alto grado de responsabilidad política de esta nación que decidió por su destino.

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Esta segunda vuelta se efectuó apenas a tres semanas de la primera elección, un muy ajustado periodo de tiempo para organizar nuevos comicios, pero en definitiva un límite así determinado por ley. Esto planteó para la autoridad electoral no pocas dificultades, entre las más notorias la apresurada resolución de recursos interpuestos por contendientes inconformes de la primera elección y los enormes retos que implica la organización y logística electoral en un Estado de semejantes proporciones poblacionales y territoriales; en todo caso, este muy breve plazo que media entre una y otra elección ha sido señalado por las misiones de observación electoral y será motivo de debate en la agenda de futuras reformas.

El resultado de la elección, de acuerdo al escrutinio preliminar, deja a Iván Duque del partido uribista Centro Democrático con un 54 % como indiscutible ganador, frente a Gustavo Petro del proyecto de izquierda -Colombia Humana- que alcanzó el 41.8 %. El voto en blanco, que en Colombia tiene su propia casilla y si es superior a los votos válidos se debe repetir la elección con nuevos candidatos excepto en las elecciones de “segunda vuelta”, fue del 4.2 %. Según la Ley de Equilibrio de Poderes el segundo lugar en la elección ocupará un curul en el Senado y su acompañante de fórmula un espacio en la Cámara de Representantes.


Destacados analistas manifiestan que Colombia padece una democracia amenazada principalmente por la violencia y la guerra. El paramilitarismo y el narcotráfico, que lleva adosadas estructuras que hacen violencia, además de deficiencias en el sistema electoral y exacerbadas prácticas de clientelismo con fines proselitistas son señalados como los principales factores de incidencia en el resultado electoral a enfrentar. El propio Fiscal General de la nación denunció prácticas fraudulentas en las elecciones anteriores de Presidente, Congreso y autoridades locales, comprometiéndose a hacerlas públicas hasta después de la elección de segunda vuelta para no interferir en el proceso.

En la lectura de los resultados, otros especialistas consideran las severas dificultades para el ejercicio del voto rural donde por motivos de guerra y violencia fueron recogidos y concentrados los centros de votación dificultando el acceso. Un reto en esta nueva etapa será disminuir considerablemente el subregistro e identificar la población que no cuenta con identidad e identificación para votar.

La sociedad colombiana tiene altas expectativas sobre la paz, aunque es observable que -la negociación como figura- todavía es un elemento de división en la sociedad, claramente identificado en posturas políticas encontradas. Con todo, el país avanza a un proceso de posguerra con muchísimos retos como el cumplimiento mismo del Acuerdo de Paz, las demandas y expectativas de justicia y resarcimiento de quienes se consideran víctimas de ese largo conflicto de más de cincuenta años y los desafíos que implica la reinserción y participación política, económica y social de quienes fueron parte en la contienda y están considerados dentro del acuerdo. Es un nuevo momento en el que la negociación con las FARC estimula y abre otros procesos complejos como el iniciado en La Habana -por acuerdo de las partes- con la otra guerrilla colombiana: el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Es un reto para el nuevo gobierno de Iván Duque cobrar su propia identidad respecto a la sombra guerrerista de Álvaro Uribe y continuar el proceso de paz. Sería impensable un retroceso al pasado de guerra después de todo el camino recorrido, y más aún cuando en el ambiente se respira toda una apertura democrática que irrumpe, abriendo nuevos espacios para el torrente de participación expansiva de jóvenes, mujeres, ambientalistas, comunidades originarias y campesinas, muchos de ellos parte de los más de ocho millones de ciudadanos que se expresaron por una Colombia más Humana.




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