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Editorial & Opinion

Corrupción: Contabilidad B

Selim Rodríguez/Colaborador

martes 6, diciembre 2016 - 12:00 am

OPINION

Los políticos olvidan que son insípidos mortales, y no entidades divinas como creen ser algunos ya que cargan sobre sí una variedad de actos que deshonran la gestión pública. De manera especial, en un país en el que sus instituciones han sido desmembradas y las exigencias ciudadanas asfixiadas en sus cuentas estatales que lo único que han generado es un brote viral de corrupción e impunidad, la cual se resiste a ser tratada con un fármaco de alta gama. Así se evidencia en los recientes actos de corrupción judicializados que expresan aún más el grado nocivo de corrupción que tanto daño hace a la sociedad.

Este mal difícilmente es detectable si continúa para sí la complicidad de actores de toda índole ideológica que desde las altas esferas oficialistas manejan los hilos al oponerse a una transparencia auténtica. Debido a que vivimos en una era en la que dar cuentas claras de la contabilidad de la situación financiera nacional es determinante. Los agentes públicos todos, evaden el hecho que el propósito de supervisar los libros contables es un objetivo básico en toda sociedad que se defina o presente como racional.

Suministrar información certera no alterada ni fantasma es una responsabilidad de todo funcionario. Sin embargo, cuando se ejerce el poder desde la función pública con una “CONTABILIDAD B”.

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Difícilmente un Bussinnes man, country manager de una multinacional, un emprendedor, así como contribuyentes en general no podrán saber en qué se invierten sus aportaciones tributarias. Las decisiones económicas de un país son sustentadas en la capacidad financiera de éste. Pero cuando dichos recursos monetarios parecieran ser uno de los grandes secretos de estado, así como el uso de los activos de la nación, que hasta este día el irracional proceder de forma deliberada se ha convertido en un estilo de vida gubernamental, poco puede una sociedad progresar y salir de las crisis que la estacan en el subdesarrollo.

Cuando se manipula la contabilidad, presupuestos, proyecciones, partidas, etc. con el único de fin de satisfacer esa paria llamada Corrupción por obtener réditos electorales-económicos la organización llamada Estado se convierte en una “Agencia de desfalcadores” interesada en confundir con la demagogia que como técnica política persuade a otros mediante favores para obtener resultados en contra de la misma nación.


El país necesita líderes, que estén eficientemente formados y éticamente reforzados, porque hoy día es urgente recobrar el valor de la honradez en la gestión pública para afrontar ese parásito llamado impunidad que mutila economías y aleja el ansiado desarrollo humano y extorsiona a  la democracia. No es casual que esas fuerzas nutridas por el hampa  hoy muestran resistencia; ejemplo de ello, los ataques  por esas mentes terroristas que desde el anonimato en la Social Media por ejemplo, realizan contra la Fiscalía  General y su titular, así como contra los Medios de comunicación y ciudadanos independientes que exigen que estos hechos de bandas delincuenciales sean descubiertos en el campo de ilegalidad en el cual operan. Ya  que funcionan como redes y cómplices entre sí que quienes desde el poder se insertan en el aparato gubernamental para saciar sus intereses delictivos que al final el gran afectado es EL SALVADOR.

En síntesis: La corrupción está extendida por el territorio y es preciso atacarla. Quienes han sido señalados de saquear el tesoro nacional: Alcaldes, mandatarios de ayer y hoy, diputados, ministros, jueces u otro agente público no son castigados por dichas prácticas ilegales como pretenden una sociedad sea honesta con ejemplos públicos de tal grado delincuencial. Ej.: el caso de los sobresueldos, “práctica común” dicen los que recibían los cheques. Dejen el cinismo a un lado y devuelvan el dinero (ajeno). Porque servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino ¡criminal y abominable!.

 

 




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