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Editorial & Opinion

Corrupción en el oficio

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 22, agosto 2018 - 12:00 am

Las acusaciones desde la boca de los “testigos criteriados” deben tomarse como indicios y no pueden ser absolutamente ciertas hasta no comprobarse por la FGR, puesto que en el afán de salvar su pellejo o de revancha una persona puede lanzar acusaciones, incluso pueden ser compradas por otros interesados, pero aún bajo esa desconfianza deben considerarse una por una como palabras para aclarar y demostrar hechos.

Entre estas declaraciones-acusaciones que salen del caso Saca están las que involucran a miembros de la prensa nacional; no es nuevo, han existido en el pasado listas de supuestos periodistas que aceptan “sobornos” o “mentas”, aceptan dinero para que sus coberturas sean positivas y favorables a quienes hacen inversión en los jefes de prensa, directores de medios, propietarios de medios o cualquiera que tenga influencia informativa. Esta práctica por años ha empañado el papel de la prensa y debe ser investigado, no solo por la integridad moral de los acusados y su fama de la cual depende su labor, sino por el bienestar mismo del país que pretendemos construir.

El papel de la prensa si bien es libre en su cobertura, análisis, opinión y línea editorial no puede contaminarse con una visión pagada para alcanzar fines comunicacionales; no puede pagarse la pluma o venderse la opinión para favorecer o desfavorecer, eso resta a la moral profesional que la población también espera del gremio informativo y falsea la realidad; gran daño genera esto, tanto como el que cambia los hechos para comunicarlos.

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La prensa “sobornada” por el poder de turno, los políticos, los partidos o el gran capital empresarial no ayuda a desarrollar las capacidades democráticas y se convierte en sucio cómplice de la corrupción; por ello mi preocupación de que estas listas o nombres de periodistas sigan apareciendo y como fantasmas se desvanezcan y quede en el imaginario colectivo que toda la prensa nacional es corrupta o que convive con la corrupción. Pero hay algo que no puede negarse: la estrecha relación de los medios de comunicación con la corrupción, principalmente cuando se analiza el caso Saca, donde mucho del dinero en cuestión está vinculado a la compra de publicidad, a la contratación de intermediarios publicitarios, a la compra de pautas en medios masivos; igualmente en el caso Funes, mucho del dinero se cuestiona desde la creación de la agencia Polistepeque, desde Joao Santana, publicista y jefe de campaña de Funes; es decir, de la relación de Casa Presidencial y la facilidad con la que puede “comprar medios publicitarios”; son millones de dólares que movilizan los presidentes de la República en compra de medios, en relaciones públicas con los medios de comunicación, atenciones y viajes para ganar “buena prensa”; no me extraña entonces que haya corrupción entre el gremio y que más de alguno en la danza de los millones haya dado su bailada aprovechando la ocasión.

Es necesario entonces que la prensa haga su reflexión, porque es sabido por todos que el campo de batalla han sido los medios, desde la propiedad hasta la línea editorial, desde la prensa independiente hasta los medios del gobierno que son uno a uno cooptados y usados para la propaganda electorera y partidaria; los medios son ese lugar de relaciones que bien aprovechado puede generar mejores controles ciudadanos y puede llevarnos a destapar la corrupción, pero mal llevado es tapadera y repito cómplice.


Es importante revisar la historia de las concesiones de radio y tv, de las relaciones partidarias en los medios, de los favores políticos y económicos desde los medios de comunicación y como políticos resulta que son ahora dueños y accionistas de medios televisivos, algunos vinculados directamente al escenario Saca, lo cual debe también ser investigado por la FGR.

La corrupción en un sistema organizado y endémico, generalizado como dijo el Departamento de Estado, es imposible, me cuesta creer que no haya llegado corrupción al campo periodístico y de las comunicaciones, esto debe ser procesado antes que el gremio y tan importante industria pierda el liderazgo y la credibilidad que ahora tiene, es importante la revisión de las políticas laborarles, salarios y beneficios que tiene la gente de prensa para evitar sea llevado por necesidad a comer de la corrupción; debe la industria revisar sus operaciones y hacer conciencia, debe repensar que pretender comer fácil y seguro del presupuesto público también puede tener sus consecuencias; los políticos también deben evaluar sus relaciones con los medios y la prensa, poniendo una línea entre alcanzar relaciones positivas y pretender que se hable bien de ti siempre a como dé lugar; los políticos deben entender que “prensa buena” a precio de corrupción al final es también espejismo y toda esa construcción tarde o temprano desaparece.

La prensa debe ser libre y debe aprender a vivir libre, sabiendo reconocer que la tentación del dinero fácil será siempre solo carnada para perderlo todo y echar al traste con el oficio más lindo del mundo.




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