Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Corrupción endémica daña al país

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

sábado 25, agosto 2018 - 12:00 am

El adjetivo que utilizó recientemente la embajadora de los Estados Unidos de América en nuestro país, señora Jean Elizabeth Manes, es un calificativo que, por su significado y trascendencia en el manejo de la cosa pública, debe ser un punto obligado de buscar su resolución a partir del próximo gobierno que resulte elegido en febrero de 2019, lo cual compromete a todos y cada uno de nosotros, como ciudadanos, para que meditemos cuidadosamente por quién vamos a emitir nuestro voto al momento que estemos únicamente acompañados por nuestra conciencia frente a la urna electoral correspondiente. Porque si emitimos un voto a favor de un partido o de un candidato que nuestro sentir y pensar nos señale como poco confiable, o poco honesto, significará que seguiremos crucificando el buen manejo de la república en manos de corruptos y demagogos, de ideas mesiánicas, que al final solo serán ilusiones engañosas de progreso y ética, pero que ya en el poder harán uso de malas prácticas en el manejo de los fondos públicos, o en el despilfarro descarado de los mismos, para favorecer amistades, testaferros y compañeras sentimentales, o en provecho personal directo como ha quedado asaz demostrado en el juicio “Destape de la corrupción” que se le ha incoado al expresidente Elías Antonio Saca González y otros, aunque esperamos más sobresaltos escandalosos cuando por fin comparezca, ante el tribunal correspondiente, el exmandatario Carlos Mauricio Funes Cartagena, quien goza de un “asilo sui géneris” otorgado por el genocida dictador nicaragüense Daniel Ortega.

El término endemia proviene del campo médico. Generalmente se utiliza para indicar que una enfermedad determinada es habitual o típica de una zona geográfica específica. Por ejemplo, el llamado paludismo o malaria, transmitido por zancudos o mosquitos, era algo endémico en las costas salvadoreñas. En una de mis vacaciones escolares que pasaba en el Puerto El Triunfo de los Libres, en la bellísima Bahía de Jiquilisco, Departamento de Usulután, caí víctima de esa enfermedad caracterizada por altas temperaturas, dolor de cuerpo y cabeza, acompañado de fuertes escalofríos y delirios.

De no curarme un doctor Laguardia con medicinas a base de quinina, seguramente no estaría escribiendo sobre el comentario de la honorable diplomática estadounidense señora Manes, quien recientemente dijo que la corrupción en El Salvador es endémica, que analizado tiene un significado muy, pero muy grave. Porque, hablando en cristiano, simplemente está diciéndonos que entre nosotros la corrupción es una actividad habitual de los gobernantes o funcionarios públicos.

publicidad

Una medalla que ninguna nación civilizada quisiera ostentar en su pecho.

Para que alguien que representa un pueblo y gobierno que es la primera potencia mundial, diga eso de nuestros gobernantes, es porque han realizado estudios exhaustivos de nuestra historia política, por lo menos de los últimos cinco gobiernos que hemos tenido dirigiendo el país, lo que abarca un período de 25 años, que darían el margen temporal suficiente para llegar a una conclusión tan severa como la que motiva estas líneas. Y ese adjetivo duro también nos corresponde a los ciudadanos, pues hemos sido también responsables, pasivos o activos, de la corrupción gubernamental.


Primero, por votar en forma casi automática al primero que se nos aparezca como redentor de nuestras necesidades imperiosas de trabajo, salud, educación, vivienda y transporte; y segundo, por no luchar, a brazo partido, por tener y mantener instituciones fuertes, como un sistema judicial límpido y ajustado al orden jurídico; hemos carecido de suficiente valor cívico para exigir a los gobernantes el conformar gabinetes integrados por ministros probos, etcétera.

La calificación de la embajadora Manes debe alentarnos a no escuchar “cantos de sirena” que nos conduzcan a tenebrosos destinos futuros. Una muestra de esa endemia, lo vemos actualmente en la Asamblea Legislativa, supuestamente integrada por representantes nuestros, donde, a ciencia y paciencia del pueblo, ellos se disputan per se cuotas partidarias para elegir una Sala de lo Constitucional que se adecue “a sus lineamientos políticos” y elegir una magistrada hacia la Sala de lo Civil, para desestimar dictámenes que originen juicios como el de Saca.

A eso se refirió la diplomática estadounidense: coexistimos con una corrupción endémica, cotidiana, que en vez de disminuir, florece y produce frutos podridos…




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.