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Editorial & Opinion

Corrupción generalizada

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 20, junio 2018 - 12:00 am

Así describió el Departamento de Estado de los Estados Unidos lo que sucede en el país y no se equivocó, estamos frente a la ola más grande de hechos de corrupción en la historia de la administración pública. Día a día se publican formas y acciones distintas de aprovechar malignamente el recurso público; se habla de al menos $800 millones repartidos en corrupción en los últimos tres períodos presidenciales que salieron para gastos que en nada aprovecharon a la gente, solo a los corruptos.

Esta ola bien documentada y con procesos acusatorios en tribunales debe llenarnos de esperanza, porque es el resultado del empuje ciudadano desde la ley de ética hasta la ley de transparencia, pasando por los amparos y recursos contra la partida secreta, esfuerzos encaminados a no permitir estos derroches y abusos que son al final del día tan dañinos, como la violencia o como una enfermedad terminal.

Me preocupa el agua, pero no tanto como la corrupción, porque si los mismos corruptos van a controlar el agua ¿de qué solución estamos hablando? Y eso creo que debería ser el punto de partida para la discusión. No entiendo cómo la UCA, la UES y la Iglesia Católica reclaman sobre el agua y no sobre la corrupción, porque ¿de qué nos va a servir que el agua o cualquier otro servicio siga siendo administrado por el Estado si en el Estado lo que tenemos son ladrones, aprovechados, corruptos y oportunistas?

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La corrupción generalizada debe ser nuestro objetivo primario; eliminar esa cultura de creer que se puede hacer lo que se quiera en la administración pública, pensar en los millones de dólares gastados por la ex primera dama Pignato para sus viajes personales y familiares de placer es vergonzoso, como lo fueron los viajes del expresidente Saca o su mansión en las faldas del volcán; pensar en la vida licenciosa del expresidente Funes con licores finos y mujeres, viajes y ropas de diseñador cuando su discurso era “preferencial por los pobres” es vergonzoso. No podemos seguir protegiendo ni apadrinando corruptos, como Flores que también usó su posición para llevar dinero a su partido, en medio del dolor dejado por los terremotos; todo eso es corrupción y de la grande, pero también la hay en pequeño como la del diputado Reyes que se exonera de sus responsabilidades para ir al Mundial de fútbol, como si su cargo no fuera importante para los intereses de la nación o la diputada Peña con su reembolso del dinero público para una papaya de un dólar.

La corrupción está acabando con el país, pero me preocupa cuando también ésta se solapa o protege desde el ámbito privado; me preocupa cuando las universidades, creadoras naturales del criterio profesional o cuando la Iglesia, protectora de la fe y el amor entre hermanos, empujan a sus alumnos y fieles a la guerra ideológica del agua en lugar de pelear la batalla contra los corruptos; me preocupa que el subdirector de juventud pelee con “vulgaridad” explícita por el agua y no pelee desde su cargo contra los corruptos que le robaron la educación, el trabajo, la salud y las oportunidades a esa juventud que pretende defender. La corrupción no se sostiene sola, camina y se extiende cuando la sociedad lo permite, cuando en lugar de despreciarla y atacarla la vemos como resultado obligado del cargo presidencial o peor aun cuando la justificamos bajo los comparativos con otros que posiblemente robaron más o por motivos de la historia; éste es el peor de los escenarios para el país, pues tenemos la oportunidad de erradicar o por lo menos diezmar duramente la corrupción, pero en lugar de ello han salido los líderes del país a defender posiciones, ideologías y convicciones personales. Es una lástima ver a los partidos defender a sus corruptos, apoyarlos y protegerlos, incluso empujar una mentira como la privatización del agua para poner otro tema en los titulares de los medios; pero afortunadamente para el pueblo hay suficiente información para hablar de la corrupción por lo que falta del año, lo que dará titulares todavía importantes y, en esta cuenta, ya hay que poner aquellos que ni partido son aún y ya defienden a muerte a su máximo líder, a sabiendas que lo menos que tiene en contra es un caso de evasión fiscal (corrupción).


Ningún modelo económico puede sostenerse con corruptos en el mando; ningún plan de desarrollo puede trazarse con corruptos en los escritorios; ningún plan de gobierno puede aplicarse con ladrones en las cuatro esquinas; ningún país saldrá adelante con un presupuesto mordisqueado por la corrupción. De ahí mi llamado a todos los sectores a no dejarse seducir por la reyerta ideológica, porque seduce instintivamente en las mentes calenturientas y frustradas de nuestra política; mi llamado es a sobrepasar esta “tradicional” forma de ver las cosas y pensar en el futuro, el cual no puede construirse con corruptos en las instituciones públicas. Ningún orden administrativo sobrevivirá por ser gobierno o privado, si los que se sientan a la mesa piensan en primero robar y “mejorarse” la vida, y no en servir a los ciudadanos. Y por favor, no sigamos viendo a los ciudadanos como ricos y pobres, sino como personas que necesitan más allá de lo que tengan o no tengan en sus billeteras el mismo servicio, atención, paciencia, respeto, diligencia y amor de parte de sus servidores públicos, líderes y autoridades; la política pública no puede reducirse a ricos y pobres, debe ampliarse a ciudadanos que necesitan que las cosas funcionen, que sus vidas mejoren, que sus leyes les protejan, que el gobierno trabaje para ellos y que ellos sepan que pueden progresar si hacen esfuerzo. ¡Echemos fuera la corrupción de la nación!




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