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Editorial & Opinion

¿Crece la delincuencia en El Salvador?

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 23, octubre 2017 - 12:00 am

Nuestro querido El Salvador está siendo abatido por la delincuencia, que ha tomado proporciones increíbles, que de no hacer algo que la detenga, en breve llegará a niveles incontrolables que pondrán de rodillas -si acaso no lo están ya- a nuestras autoridades. Por ahora se puede observar algunos intentos de algunos encargados de la seguridad de la población por controlar este avance de la delincuencia cuyos tentáculos crecen y se multiplican en todos los sectores de la vida ordinaria de la población, y de los territorios “propiedad” de determinadas agrupaciones pandilleriles, que a fuerza de asesinatos se han impuesto en la población.

Es indudable que en esta coyuntura influye grandemente la realidad política de la nación, donde los ataques personales y las disputas entre partidos, movimientos, y funcionarios han hecho presa de los habitantes, sin que estos puedan reaccionar contra ese sometimiento. Por un lado tenemos una lucha sorda entre los partidos políticos, que en el presente se aprestan a participar en un evento electoral a escasos seis meses, y donde se renovarán autoridades municipales y diputaciones para un nuevo congreso.

Lamentablemente, nuestro ambiente político se ha vuelto tan corrupto, que nadie espera que ese cambio que se acerca, tenga resultados positivos. Los partidos tradicionales, los grandes, se encuentran enfrascados en una permanente lucha por imponer sus criterios, y corrompen a los partidos pequeños ofreciéndoles arreglos que a la larga, rompen con las reglas de la moral y el derecho, para obtener cuotas de poder, que sin dudarlo favorecen individualmente a quienes se han vuelto negociadores de prebendas y recursos de dudosa reputación.

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El Salvador vive un estado de violencia institucionalizada que a nadie da garantías de tranquilidad, si no paga por ello. Esta situación de pagar una extorsión para conservar la vida, ha llegado a ser intolerable, desde el momento que se asesina al vendedor ambulante del centro de las ciudades, hasta empresarios que de una forma u otra, crean empleos y dan oportunidades de trabajo a muchos salvadoreños.

La gran pregunta que surge es: ¿Cómo se puede detener esta debacle que nos consume y nos lleva a un abismo sin fondo del que no se puede salir? El poder económico del país sufre este azote, pero tal situación los hace pensar en invertir sus capitales en otros lugares donde su seguridad no se vea amenazada.


Es hora de que el poder político comprenda que un pacto básico se realice para proteger la funcionabilidad del sistema, y se combata a las mafias dominantes, antes de que algún grupo se imponga por la fuerza y someta a todos a un régimen de obediencia y orden -de derecha o izquierda- que someta a una determinada forma de vida, que al final someta las libertades a la voluntad de una o un grupo de personas.

Esta solución es muy difícil, porque quienes han escalado a esos puestos de preeminencia política, son aquellos que se han destacado por su forma incorrecta de proceder, todo en busca de su beneficio personal. Indudablemente que para llegar a un lugar donde el decoro y la honorabilidad recobren posiciones de dignidad, se necesitará un esfuerzo increíble y hasta un milagro.

El desfile de escándalos que los medios de comunicación nos traen a diario, son simplemente inimaginables en un estado moderno. El Salvador y los salvadoreños no nos merecemos tragar semejantes afrentas en los funcionarios de cuello blanco que ejercen dominio sobre las comunidades poblacionales de gente común y corriente.

Últimamente se ha recurrido al término de países subdesarrollados como países de tercera categoría, y tristemente seguiremos en ese estado, mientras no obtengamos funcionarios que demuestren una cultura y capacidad de trabajo que promuevan a las personas a subir en su nivel social, contrario a lo que actualmente ocurre, que por su forma de gobernar, degradan a los pobladores con el ejemplo de vida. Dios salve a El Salvador.




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