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Editorial & Opinion

Crisis del sistema de partidos en El Salvador

Aldo Álvarez / Abogado y catedrático

Jueves 13, Julio 2017 - 12:00 am

Está claro que los partidos políticos son importantes en la medida en que se convierten en actores que interactúan entre el Estado y la sociedad como el medio por excelencia de expresión y procesamiento de demandas ciudadanas, y por esto es que su desgaste y deficiencias como mediadores entre sociedad y Estado han llegado al punto del divorcio entre sociedad y partidos como entes todavía legítimos de representación ciudadana.

Es prácticamente imposible hablar de democracia sin evocar a los partidos políticos como los principales entes articuladores y aglutinadores de los diversos intereses sociales. Actualmente el sistema de partidos en El Salvador necesita resolver diversos problemas y subsanar vacíos para hacer gobernable esta democracia incipiente.

Hoy el sistema de partidos parece estar divorciado de la sociedad, y ésta percibe que no la representa, por tanto ha perdido la razón de ser, la razón de su existencia y justificación, lo que ha derivado en que, quienes ya no se sienten representados busquen nuevas avenidas para hacer valer sus demandas y reivindicaciones políticas hacia el Estado, avenidas las cuales parecen no ser las de los partidos políticos, al menos del tipo de partidos que se han erigido en El Salvador.

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La crisis de los partidos se ha visto afectada por diversos factores que vienen con la modernización. Los  procesos continuos de desarrollo social, cultural  y económico han contribuido a que las sociedades sean cada vez más complejas, más urbanas y educadas, lo cual conlleva profundos cambios a nivel estructural lo que propicia la emergencia de nuevas demandas que los partidos políticos frente a su crisis, han sido incapaces de encauzar. Demandas que no encuentran, necesariamente, representación en los partidos tradicionales, muchos de los cuales siguen utilizando la práctica obsoleta y nefasta del clientelismo político.

Es esta combinación particular de acontecimientos que puede haber proveído la razón por el actual sentimiento anti-partidista cada vez más difundido entre la ciudadanía, que ahora caracteriza la política de masas en las democracias occidentales. Pareciera que los partidos políticos no necesariamente son un actor en extinción sino más bien son entes que se encuentran frente a un proceso de cambio, aun y cuando los votantes, continúen dejando saber, de una manera u otra, que no están contentos con estos cambios. Se dice que los ciudadanos son leales a su partidos, solo con tal de que se sientan satisfechos con su desempeño, cuando dejan de estar satisfechos, pueden expresar su malestar con la intención de reformar el partido, pueden salir del partido, buscar otro partido que represente mejor sus ideas, o simplemente estar apáticos cuando no encuentran alternativa.

El contexto político en El Salvador nos lleva a reevaluar constantemente temas como: las condiciones de la competencia electoral, la eficacia y eficiencia de las instituciones y de los partidos políticos, la normatividad y la calidad de vida de los ciudadanos y en este sentido, las instituciones de la democracia deben ser escenarios transparentes y abiertos al debate público si se desea que sigan siendo legítimos. Cuando se piensa en la calidad de la democracia, las instituciones conforman una de las variables sobre las que es preciso incidir para mejorar los productos democráticos.

Elementos correctivos como la verdadera democratización de los procesos internos de los partidos políticos, la participación equitativa de los candidatos de los partidos en medios de comunicación social, independientemente de sus capacidades económicas, la absoluta prohibición de las campañas anticipadas, etc., no son más que ajustes que deben hacerse para poder lograr que la crisis de los partidos políticos no se transforme en una crisis de la democracia y sea aborrecida ésta como tal.

El camino a la consolidación democrática en El Salvador es sinuoso y la actitud de los partidos políticos, en general, ha sido producto de un comportamiento que también tiene que ver con la ausencia de una cultura sólida en el terreno de la competencia tan intensa que estamos viviendo en el país. Frente a la nueva sociedad política que caracteriza a El Salvador del siglo XXI, pareciera que los partidos y la sociedad siguen rumbos diferentes que al parecer no llegan a cruzarse en la idea de arribar a buen puerto dentro de un modelo de democracia representativa y/o hasta participativa.

Vivimos un momento político excepcional en el cual el viejo régimen no se termina de ir y el nuevo no ha podido instalarse completamente, lo que ha dado como resultado un régimen “híbrido”, adonde hay partidos que actúan formal y aparentemente como democráticos, pero que real e internamente actúan autoritariamente. Así de simple.




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