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Editorial & Opinion

Cross

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Savador

sábado 17, junio 2017 - 12:00 am

Cuando los aliados invadieron el territorio europeo, los nazis en su huida intentaban no dejar huella de su infamia, por lo que se les presentaba el problema de qué hacer con los judíos, gitanos, homosexuales y demás especies étnicas o culturales inferiores a la pureza aria, consignados en los campos de concentración.

Entre la rabia de haber perdido el sueño de dominio universal, el miedo ante las tropas aliadas que avanzaban hasta el mismo corazón de Europa, procedieron a destruir todo aquello que testimoniara sus inenarrables atrocidades contra el género humano, aparte del robo de obras de arte propiedad de los Estados invadidos o humanos retenidos.

Cuando no, procedían a destruir todo aquello que no podían llevarse o desaparecer; lo hacían con saña acumulada desde lo más hondo de su pecado.

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Así que los tractores cavaban y volvían a cavar profundizando las fosas destinadas a recibir cuerpos famélicos; capa tras capa de cal para acelerar la descomposición de los ejecutados en su febril acción demoníaca, a quienes no tenían tiempo para incinerar en sus hornos malditos.

Se sabían de salida, dejaban sus armas tiradas en las carreteras, arrojaban sus uniformes a las cunetas, pero seguían ejecutando a los sobrevivientes de su infamia. Allí está Treblinka, Dachau, Buchenwald para la historia, aunque el difunto chavez haciendo coro a los terroristas de Hamas, Hezbollah e iraníes negaba su existencia.


La tiranía que oprime a Venezuela en nombre del Socialismo del Siglo XXI también dejará su impronta en la Historia de la Estupidez y el Horror Humano. No tendrá campos de concentración con nombres difíciles de pronunciar, pero sí sugestivos, como los cuentos de Poe, “La Tumba”, “El Helicoide”, donde se tortura, violan, y suicidan los allí concentrados por nombres tan siniestros como la sigla SS: SEBIN, CONAS, GNB, PNB. Tampoco tenemos la Noche de los Cristales Rotos, pero sí la Noche de Los Verdes.

Esa noche, martes 13 por cierto, un edificio residencial, Los Verdes, situado en una zona denominada El Paraíso !Vaya ironía!, el conjunto de todas esas siglas siniestras,  conformado  por militares y paramilitares vestidos de negro y encapuchados, lo tomaron por asalto y procedieron a destrozar puertas, ascensores, automóviles, disparar a las paredes, a los vidrios y, fusiles en mano, allanaron viviendas sin orden judicial, para finalmente llevarse detenidas a 23 personas acusadas de proteger a “guarimberos” (nuestros guerreros por la libertad).

Tumbaron la reja y la puerta que protegía la entrada de un apartamento, solo estaba una mujer y cuatro perros pequeños, la acusaron de ocultar  terroristas. Solo tres habitaciones, cocina y sala, nada más; no estaban debajo de la cama, ni detrás del sofá, pero seguían inquiriendo, amenazando.

Tres chuchos metieron la cabeza entre sus patas, otro ladraba. Cross alertaba y pretendía proteger a su dueña, intentaba amedrentar a los hombres de negro que gesticulaban y manoteaban mientras ella negaba; Cross continuaba ladrando pero no actuaba, no podía, pero ladraba, era lo menos que podía hacer por quien día a día lo alimentaba, le acariciaba, le paseaba, le hablaba como su par.

Un encapuchado lo miró con impaciencia, escupió al piso una mezcla de tabaco y coca, le disparó sin apuntar y la sangre salto alrededor. Todos se miraron entre sí, menos Mariana (debe ser familia del Pelón Hernaiz, gente buena, luchadora de toda la vida desde Gómez para acá, dedicada más a la reflexión, la escritura y la solidaridad, que al porte de arma).

Los hombres de Negro decidieron retirarse, unos vecinos lo cargaron y lo llevaron a curar; no sabemos qué pasó con Cross, el mestizo solidario. Pero sí que los hombres de negro actuaban bajo las órdenes del siniestro ministro del Interior Néstor Luis Reverol, señalado por la DEA de narcotraficante, y por Luis Almagro como responsable de violación masiva de Derechos Humanos.




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