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Editorial & Opinion

Cuando la ambición supera la razón

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

miércoles 29, agosto 2018 - 12:00 am

Es evidente que cuando un caudillo es gobernado por la ambición y no por la razón, pasa por encima de sus principios y valores, lo cual lo hace saltar de ideología en ideología, pero aún así no pierde la capacidad de persuasión, dado que continúa influyendo sobre una gran cantidad de mentes débiles que creen a ojos cerrados todo lo que dice, a pesar de la veracidad de sus malos hechos y la toma inexperta de decisiones desacertadas.

Es cierto que el país necesita urgentemente un cambio de rumbo, dado que la población se cansó, por un lado, de ver al partido ARENA que, en 20 años de gobierno, no solo se distancia de las necesidades del pueblo, sino que administró mal los recursos públicos; por otro lado, decidió el pueblo darle una oportunidad al FMLN, el cual no solo la desperdició, sino que profundizó la crisis de país, al guiar a El Salvador por el rumbo equivocado en materia económica, educación y seguridad.

Favoreció y enriqueció únicamente a sus parientes, y a los correligionarios, de tal manera que convirtió al Estado en una maquinaria de empleo, en la que los familiares de diputados, jueces, ministros, y funcionarios de alto rango obtuvieron  empleos y salarios por encima de los $5,000 mensuales, sin tener capacidad, ni credenciales académicas, es decir, que no solo favoreció el nepotismo, sino que fueron tolerantes con la corrupción; ante este escenario, creo que hay miles salvadoreños descontentos con los despilfarros y la corrupción.

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En lo particular coincido con esa parte de la población, pero no por ello permitiré que un discurso bien elaborado de un publicista nato, y una elocuencia cargada de odio y de antagonismo de clases, dirijan mi convicción. En ese sentido, me atrevería a decir que los salvadoreños están perdiendo la capacidad de análisis y de reflexión, se han vuelto reactivos y poco investigativos, de tal manera que se están dejando llevar por el marketing digital, el fake news, no constatan los hechos, no cuestionan, no leen las resoluciones.

Pero hablan con si fueran expertos en leyes, en estrategias políticas y se adjudican la verdad absoluta. ¡Ay de aquel que piense diferente a ellos! aunque al final no entiendan la realidad de los problemas estructurales de El Salvador.


De manera que cualquiera que tenga un discurso elocuente, fama en las redes sociales y paja mediática, es más que suficiente para superar la razón, la capacidad, la formación académica, el diálogo, la argumentación sólida y el sentido común, como dijere en una ocasión, el escritor y filósofo italiano, Umberto Eco, de las redes sociales: “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”.

Ciertamente no se equivocó, aunque siempre habrá personas en las redes sociales que no están de acuerdo con nuestros argumentos; aun así, son respetuosos de las ideas, por lo que siempre será un placer poder debatir públicamente con ellas, ya que no atacan a las personas, sino las ideas, y es ahí donde justamente reside la democracia en el respeto a las ideas de los demás; pero he detectado que la gran mayoría de seguidores (no todos), de Nuevas Ideas, son intolerantes a la crítica.

Ya que si una persona piensa diferente a ellos no solo ofenden, amenazan, lo descalifican y lo encasillan que uno es corrupto, de ARENA, o es de los incapaces del FMLN, ¡pero cuánto irrespeto y falta de tolerancia!

Es cierto que ARENA no hizo las cosas bien, y que el FMLN las ha hecho peor en nueve años, pero no cerremos los ojos ante lo malo que hizo también el exalcalde de San Salvador: administró mal los recursos de Nuevo Cuscatlán, la dejó en quiebra técnica, con impago a una serie de proveedores, algunos de ellos todavía están tratando de recuperar lo adeudado desde el año 2014.

Cuando llegó a San Salvador, se esperaba que hiciera las cosas diferentes, pero fue más de lo mismo: contrató a sus parientes, otorgó contratos de servicios a familiares, utilizó recursos públicos para provecho personal, alquiló por 25 años la propiedad del Mercado Cuscatlán y por un canon mensual de $85,000, lo cual equivale a un monto de $25 millones, que deberán pagar los capitalinos. ¿Acaso no era más barato comprar esa propiedad por un monto de $ 4 millones y ahorrarle dinero al pueblo?

Y por último, ¿qué decir de la contratación irregular de las lámparas Led? donde se pagaran más de $24 millones. Entonces, confiar el país en manos inexpertas de una persona que solo ha demostrado incapacidad en la administración de los recursos públicos, es como entregarle a un niño de cinco años un billete de $100. Reflexionemos.




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