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Editorial & Opinion

Cuentos chinos en Puerto La Unión

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

lunes 16, julio 2018 - 12:00 am

Hace muchos meses, el señor Sigfrido Reyes, al frente de una entidad oficial relativa al comercio e inversiones, dijo que estaban adelantadas las negociaciones con un inversor confiable para administrar la terminal marítima de La Unión, que muchos consideran “un elefante blanco” que nos dejaron gobiernos areneros, con inversión de muchos millones de dólares, que supuestamente serviría como “polo del desarrollo creciente” de toda la zona oriental del país.

Buenos propósitos, pero sin nada efectivo, como sucede en los cuentos fantásticos chinos. Recientemente, se coló la información que la actual y agonizante administración ejecutiva, ha avanzado en darle por un siglo la concesión, manejo y administración de ese punto geográfico a inversionistas de la República Popular China, o China Comunista, lo cual provocó la reacción inmediata de rechazo a tal pretensión, por parte de la Embajada de los Estados Unidos en nuestro país.

Alejado de toda postura ideológica, aparte del respeto, cariño y admiración que le guardo a la cultura milenaria china, quiero referirme a la realidad de los hechos tal y como los he analizado.

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Primero, es indudable que desde 1978 hasta finales del siglo pasado, el gobierno continental chino impulsó agresivas reformas económicas que hicieron crecer la economía hasta ser considerada como la segunda emergente en el mundo, solo superada por la de los Estados Unidos de América y con lo cual también logró su ingreso a la Organización Mundial del Comercio. Muchos creyeron que China llegaría a tener, en poco tiempo, preponderancia mundial, pero este anhelo de quienes aún siguen la doctrina marxista-leninista, poco a poco se ha ido diluyendo rápidamente, hasta el punto que ya se considera otro cuento chino, considerando varios factores innegables: el mantener un gobierno autoritario, con fuertes restricciones a libertades fundamentales como la de prensa, reunión y culto; el no haber reducido, sino ampliado, la gran brecha entre unos pocos multimillonarios y millones de pobres y desplazados; con abaratamiento de la mano de obra, consecuencia de que el territorio carece de petróleo y minas de carbón, que debe importar en cantidades exorbitantes, lo cual incide en los gastos de producción industrial y tercero, es evidente, que desde comienzos del siglo actual, las exportaciones chinas han sufrido una disminución notable, incluso con naciones vecinas como Corea del Norte, Singapur y otras, según  datos estadísticos de este mismo año.

Debo adelantar, que el principal mercado de exportaciones chinas ha residido en los mismos Estados Unidos por el orden de miles de billones en dólares y que hoy, con las restricciones impuestas por el presidente Trump, serán de un impacto tremendo y de consecuencias aún por esperarse, en los círculos industriales y comerciales de China. El déficit energético, el abultado gasto en importar combustibles y materias primas como aluminio, la corrupción desgarradora que reta a las severas penas impuestas (como la descubierta con el fallido Canal Interoceánico de Nicaragua), su inclinación gubernamental en apoyar regímenes antidemocráticos y represivos, la evidencia de que afronta actualmente problemas en sus negociaciones comerciales, dificultades graves en los créditos bancarios con varias naciones, su enorme gasto energético, etcétera, hacen que el panorama de la economía china se advierta sombría y cada vez más ineficiente para mediados del actual siglo, especialmente por la pérdida paulatina de su principal mercado de exportaciones y obtención de divisas fuertes, debido a las medidas adoptadas por Trump.


Todo ese conjunto de factores negativos nos obliga a advertirle al gobierno salvadoreño, que no debe firmar o concretar un acuerdo de suma importancia, mientras no se aclaren las condiciones actuales de la República China Continental. Quizás hasta nos atreveríamos a sugerirle que deje esa negociación, por hoy insegura, al futuro gobierno que elegiremos en febrero del próximo año.

Comprendo el entusiasmo de la doctora Luz Estrella Rodríguez, titular de Economía y del señor Medardo González, secretario presidencial de comunicaciones con respecto a deshacerse luego de ese pesado bulto de la terminal marítima unionense, pero que, visto el horizonte, podría transformarse en un largo y costoso cuento chino sin final feliz, con sufrimiento impositivo para nuestro pueblo, que no merece seguir en este calvario. Suficiente tenemos con la angustia que nos causan los feminicidios tenebrosos…




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