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Daniel Beylard, diseñador del Teatro Nacional de San Salvador

Carlos Cañas Dinarte / efemeridesSV@gmail.com

miércoles 1, marzo 2017 - 12:00 am

En julio de 1911, el gobierno salvadoreño encabezado por el médico usuluteco Dr. Manuel Enrique Araujo hizo una transferencia bancaria hacia la capital francesa, por ocho mil francos. El destinatario era un joven arquitecto, cuyo plano acababa de imponerse a 11 competidores internacionales para ser elegido como el proyecto con que sería edificado el nuevo Teatro Nacional de la capital salvadoreña, en sustitución del que funcionó durante casi 40 años y se incendió en 1910.

Aquel joven profesional se llamaba Daniel Beylard y era originario de la villa de París, donde había cursado sus estudios profesionales en la Escuela de Bellas Artes. Su familia tenía profundas raíces en localidades europeas como Burdeos y Madrid.

En la capital francesa, su padre -de igual nombre y apellido- se desempeñaba como escultor y militante político de ideas radicales. Por eso, no resultaba extraño que su progenitor apareciera con frecuencia en publicaciones periódicas de extrema izquierda de la segunda mitad del siglo XIX, como La Linterna o El Intransigente.

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Mientras aún estudiaba, el joven Daniel incursionaba en la política y burocracia locales, por lo que para el último lustro del siglo XIX ya se desempeñaba como presidente de la Sección de Construcción del Tribunal del Trabajo de la urbe parisiense, donde vivía en el número 77 de la calle Denfert-Rochereau.

Para entonces, ya se codeaba con un selecto grupo de amigos intelectuales, como el astrónomo, escritor y místico Camille Flammarion (1842-1925), quien lo cita entre quienes le ofrecieron testimonios escritos de fenómenos paranormales para su libro Los problemas psíquicos desconocidos y manifestaciones de la muerte, las apariciones, la telepatía, las comunicaciones psíquicas, sugestión mental, vista remota, el mundo de los sueños, la adivinación del futuro, publicado en 1900 y que aún cuenta con reediciones.

Como parte de su trabajo, en 1906 dio a prensas Accidentes de trabajo, A, B, C de la víctima o sus beneficiarios, un libro de 106 páginas que contó con un prefacio escrito por el magistrado y político Paul Magnaud (1848-1926), reconocido por su activismo socialista y feminista. En esa obra, el arquitecto Beylard desarrolló una propuesta para la evaluación y reducción de las discapacidades laborales permanentes, a la vez que aportó una lista de tarifas para la redención de anualidades por edades y grados de validez, en especial en los rubros de la construcción y la industria francesas, todo basado en la ley del 9 de abril de 1898 y sus modificaciones del 22 de marzo de 1902, 31 de marzo de 1905 y 10 de abril de 1906.

En marzo de 1910, durante una exposición de la Sociedad de Artistas de Francia, fue galardonado con una medalla de tercera clase por el proyecto de Arquitectura que presentó. En ese mismo año, decidió probar suerte y, bajo el seudónimo Melpómene, remitió su proyecto de planos para la edificación de un Teatro Nacional en la lejana capital de la República de El Salvador. Para ese trazado, contó con la colaboración de su amigo y colega Gustave Malgras Delmas. El segundo lugar del certamen también fue ocupado por Émile Robert, otro arquitecto francés también radicado en París.

El proyecto arquitectónico de Beylard asumía los postulados constructivos de Charles Garnier (1825-1898), que empleó para la Ópera de París, inaugurada el 5 de enero de 1875 y que se convirtió en el epítome de las edificaciones destinadas a espectáculos operísticos y teatrales en diversas partes del mundo. En el caso centroamericano, el proyecto de Beylard para el Teatro Nacional de San Salvador tan sólo estaba antecedido en el uso de esos parámetros del garnierismo por el coliseo de la capital costarricense.

Con espacios amplios, techos altos, pasillos iluminados y decorados de lujo, el proyecto de Beylard permitía la realización del concepto de un verdadero Teatro Nacional, sostenido con fondos estatales para disfrute de la creciente burguesía cafetalera y de la comunidad académica, con la vista puesta hacia el fomento de las artes originarias del país, pero con la capacidad económica suficiente para contratar e importar espectáculos desde otras regiones del planeta. Ese nuevo coliseo fue la aspiración máxima para crear un espacio abierto al mundo desde el centro de la capital salvadoreña, en permanente renovación por esos años.

Su triunfo como arquitecto en un país de ultramar -al que nunca viajaría, peor cuya obra vería por medio de algunas fotografías- le abrió las puertas para emprender grandes obras dentro del territorio francés, en especial como impulsor del sistema Hennebique o de cemento armado. Así, el 21 de junio de 1911 le llegó su primer momento para demostrar sus capacidades como diseñador y constructor de edificaciones. En esa fecha, la comuna de Melum decidió aceptar su propuesta para reformar y actualizar el cuartel de caballería Saint-Ambroise, una inmensa estructura construida a mediados del siglo XIX, aunque con orígenes claramente napoleónicos. La primera parte de esos trabajos finalizados fue inaugurada el 14 de enero de 1912. Tras seis décadas de uso, ese edificio fue demolido en 1974. En la actualidad, su predio está ocupado por una escuela, que fue construida entre 1989 y 1992.

Mientras desarrollaba esa obra, a Beylard se le encomendó la construcción de un manicomio en el condado en Seine-et-Marne, a la vez que también edificaba el Hotel des Postes en Tarbes. Para entonces, desde noviembre de 1911, las obras constructivas del Teatro Nacional de San Salvador se desarrollaban a un ritmo aceptable, a cargo de la firma constructora del italiano Alberto Ferracuti, bajo la supervisión del ingeniero, general y escritor José María Peralta Lagos. Pronto se darían cuenta de que había que desarrollar algunas modificaciones a los planes premiados, las cuales casi es seguro que fueron hechas sin contar con la opinión directa del arquitecto ganador.

Sus trabajos fueron frenados por el desarrollo de la Primera Guerra Mundial. Es casi seguro que fue llamado a filas y que sus talentos hayan sido aprovechados dentro de la ingeniería militar francesa, pero esa es una etapa que aún requiere más investigaciones.

Tres años después del final de ese enorme conflicto bélico, se le puede encontrar en París, en su despacho del número 43 de la calle de San Plácido, desde donde, en julio de 1921, orienta la construcción del piso de la señorita Geoffroy, en el 43 de la calle Galileo.

En 1919, la otrora espléndida localidad francesa de Vassogne lucía destruida casi en su totalidad, como resultado de las acciones de guerra que se desarrollaron en ella y sus alrededores. En 1927, a Beylard se le encomendó la reconstrucción de esas edificaciones y residencias, con dinero en parte enviado desde Túnez. La totalidad del trabajo fue hecha de acuerdo con un estilo arquitectónico regionalista, con mucha piedra cortada, ladrillos ocres, techos, balcones, ventanales y chimeneas para casas, escuelas y demás edificaciones públicas.

En octubre de 1929, el concejo local de Vassogne tomó la decisión de encomendarle a Beylard el diseño y construcción de un monumento a sus soldados caídos durante la Primera Guerra Mundial. El proyecto demoró más de un año en iniciarse, debido a la falta de fondos municipales. En septiembre de 1930 se comenzó con el trabajo, consistente en una gran placa de mármol gris, a manera de frontón triangular, con la cruz de guerra grabada en altorrelieve. El conjunto luce rodeado por una verja de hierro. Desde entonces, esa estructura rinde homenaje a esos militares fallecidos, desde su predio situado a pocos metros de la calle de la Fuente.

Esas obras hechas en Vassogne marcaron una segunda gran etapa en su vida como diseñador y constructor. Gracias a ello, a Beylard se le encomendó la reconstrucción de la localidad de Beaurieux y sus opiniones marcaron una poderosa influencia en la reconstrucción de Chemin des  Dames (Aisne, 1919-1939).

Además, en 1936 se le encomendó la edificación del Hospital Dujarric de la Rivière, en Périgueux, diseñado en un terreno de 32 hectáreas como un complejo de edificios con cinco plantas, trazados a partir de una bola central, desde la que se despliegan dos alas de salones, pasillos, oficinas, laboratorios, capilla, maternidad y demás instalaciones necesarias dentro de ese nosocomio civil y militar. Interrumpidos los trabajos de edificación debido a la Segunda Guerra Mundial, ese hospital dedicado al médico Dr. René Dujarric de la Rivière (1885-1969) fue reiniciado a partir de 1949 e inaugurado en 1953. En la actualidad, forma parte del patrimonio material protegido por el Ministerio de Cultura de Francia.

Para entonces, Beylard residía en el No. 19 de la calle Lamartine, en Périgueux, desde donde solía caminar para asistir a las sesiones de la Sociedad Histórica y Arqueológica de Périgord, de la que era miembro gracias a la postulación que le hicieran dos de sus amigos arquitectos locales.

Quedan muchas lagunas por llenar en una más amplia y profunda investigación biográfica dedicada al arquitecto francés Daniel Beylard. Sin embargo, éste no podía ser más que el momento propicio para traer a la actualidad su nombre, en el día mismo en que su Teatro Nacional de San Salvador llega al primer centenario de aquella ceremonia solemne en la que el presidente Carlos Meléndez Ramírez lo dio por inaugurado.



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