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Política

Daniel Hernández: “La comandancia del FMLN nos olvidó”

Gerson Chávez

lunes 16, enero 2017 - 12:03 am

Daniel Hernández, excombatiente del FMLN, lloró cuando se desmovilizó. No tenía nada, dice. / DEM

Daniel Hernández tiene 49 años y desde sus 14 años se incorporó a la lucha armada en el movimiento estudiantil de secundaria y luego con el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamaericanos (PRTC), uno de los brazos armados que posteriormente conformó el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la guerrilla durante los años ochentas ahora convertida en partido político.

“Tenía 14 años cumplidos. Vi morir compañeros. Tenía la esperanza que un día íbamos a tener mejores condiciones de vida. Aunque muriéramos, creíamos que la situación iba a cambiar. Estábamos ideologizados”, cuenta Daniel, reconocido por encabezar las marchas de los veteranos que exigen al Estado y al gobierno en turno mejores condiciones económicas para el sector. Estudiaba séptimo grado cuando cambió sus útiles escolares y la mochila por un fusil AK-47 que lo llevó a combatir contra la Fuerza Armada en el norte de San Vicente, en el norte de San Miguel, en Guazapa, Suchitoto y en su natal San Vicente. “No era muy buen estudiante, a esa edad, ya tenía que estar sacando octavo grado”, recuerda con una risa cohibida. Su incorporación a la guerrilla también estuvo motivada por un dejo de consanguinidad.

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“En San Vicente, el apellido Hernández era peligroso porque la Guardia buscaba a todos los de apellido Hernández. Tenía familiares que eran dirigentes de la guerrilla y todos ellos tenían el apellido Hernández. Si no me hubiera incorporado a las filas de la guerrilla, no estuviera vivo”, relata. Al lado de un fusil AK-47, vio transcurrir su adolescencia y parte de su juventud, hasta que el 16 de enero de 1992, el Gobierno en turno y el FMLN lograron poner fin a la guerra con la firma de los Acuerdos de Paz. “El día que firmaron los Acuerdos yo estaba en un campamento en San Miguel”, recuerda.

A sus 24 años, Daniel no solo vivió en carne propia la desmovilización; también coloboró en 1992 a desmovilizar a casi 500 de sus compañeros de Nueva Granada, Usulután. Dejó de empuñar su fusil y pasó a extender sus manos para desmovilizar a sus compañeros y entregarles “una piocha, una pala, una cama como de medio metro, una cuma y un azadón” a los que un día fueron sus “compas” en el campo de batalla. “Es triste cuando dicen: ‘la guerra se acabó, váyase para su casa’. Es triste porque uno no tiene cómo subsistir”, recuerda.

“Llegaban equipos de la ONU y le presentábamos el listado de los compas que habíamos desmovilizado y las armas, los explosivos y los cartuchos que habían entregado. El día que me tocó entregar mi fusil, fue triste porque mi fusil era mi cama, mi vida. Es como que a vos como periodista te dijeran entregá tu cámara, tu grabadora y la vamos a destruir”, contrastó. “Yo lloré el día que me desmovilicé, no tenía un empleo, no tenía nada” , expresa.

 

“Nos olvidó”

Para Daniel no solo ha sido doloso desmovilizarse, por la incertidumbre de cómo iba a sostener económicamente a su familia, sino también porque tras ese proceso, la Comandancia General del FMLN “se olvidó de los compas” que empuñaron las armas “por la revolución”.

“La Comandancia del FMLN nos olvidó. Hoy quienes conformaban la Comandancia viven en la opulencia y la tropa en calamidad”, reclama. Para Daniel, el FMLN ha “traicionado sus principios revolucionarios” al dejar olvidados y marginados a los que un día fueron “los compas”.



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