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Editorial & Opinion

Daniel Ortega propone: “o el diluvio o yo. Elijan”

Fabián Medina / Periodista nicaragüense

sábado 30, junio 2018 - 12:00 am

Para entender a Daniel Ortega hay que pensar como Daniel Ortega. Olvídese del razonamiento lógico, no busque respuestas en el sentido común, y deje de creer que dos más dos son cuatro. Piense como Daniel Ortega. Venga, entre en este mundo oscuro, para entender por qué en Nicaragua pasa lo que pasa y por qué Ortega hace lo que hace.

Masacre

Niños muertos. No es que a Ortega le guste matar niños ni gente inocente. Solo es que no le importa. Ortega actúa bajo aquel razonamiento criminal para el cual “es mejor matar incluso a aquellos que podrían ser inocentes que dejar que se escape una persona culpable”. Para él, culpable es todo aquel que lo desafía.

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Salida

Negociación. Ortega no está negociando su salida, está negociando su quedada. La pretensión de Ortega es llegar hasta el 2021, hacer elecciones con el mismo Consejo Supremo Electoral que tiene, reelegirse él o uno de los suyos y seguir tal cual el programa que tiene diseñado desde 1999.


Furia de dios

Daniel Ortega está convencido que está predestinado para dirigir Nicaragua. No hay Nicaragua fuera de él. No se ve haciendo otra cosa más que ser presidente. Los más de 300 muertos, el colapso económico, el desempleo, y el terror en las calles, no los ve como un problema a resolver sino como la furia de dios castigando a quienes desafiaron sus designios. O sea, contra aquellos

que imaginaron una Nicaragua sin él como líder. Blasfemia.

La apuesta

Crea el problema y se ofrece como solución. Ortega apuesta a la paradoja del viejo vidriero. Esta es la historia de aquel viejo vendedor errante que enviaba a una pandilla de muchachos a apedrear los ventanales de los pueblos para luego llegar como salvador con su venta de vidrios. Igual Ortega apuesta a que todo el dolor que sufre el país servirá para que los nicaragüenses vuelvan a desear tener la paz que tenían antes del 18 de abril. Que dejen de verlo como el origen del problema y lo vean como la solución.

Elecciones

Ortega nunca estará dispuesto a jugarse el poder en elecciones mientras pueda perderlas. Para él las elecciones son un ejercicio inútil. Recuerden que desde su lógica él ya fue escogido por un ser superior para gobernar a Nicaragua. Solo permitirá ese “ejercicio inútil” cuando sienta que tiene la mayoría y que, por todo y todo, hay un árbitro electoral que le asignará los votos que necesita. Desde esa perspectiva insistirá en que para discutir el tema electoral tiene que haber paz y estabilidad en Nicaragua, y cuando haya paz y estabilidad dirá que para qué discutir sobre elecciones si hay paz y estabilidad en el país.

Rendir cuentas

Ya por último, tiene que tener presente que Ortega no solo es que no quiera entregar el poder, es que tampoco puede. Como los faraones en Egipto, como las monarquías en la Europa medieval, como Hitler en la Alemania nazista, como Somoza, en fin como toda dictadura, pensaron él y los suyos que éste sería un gobierno de mil años y nunca tendrían que rendir cuentas por las tropelías cometidas. Entregar el poder es para ellos entregarse a la justicia para responder ante otros por todo lo robado y tantas personas asesinadas.

Alternabilidad

Lo triste de todo esto es que el sistema democrático debería funcionar, sin muertos y debacles, aun cuando llegue gente como Ortega al poder. La alternabilidad en el poder es la clave. Alguien llega al poder y se va a su casa al final de su periodo. Si lo hizo bien, alguien de su partido será electo, si lo hizo mal, se cambia. Eso es lógico. Es lo que dicta el sentido común. Pero no es así como piensa Ortega, que llegó pensando nunca irse y que razona: “O me aguantan como soy o desbarato a Nicaragua”. Esa parece ser la única elección a la que está dispuesto a someterse.




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