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Editorial & Opinion

De mendigos a millonarios

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

martes 19, septiembre 2017 - 12:00 am

¿Se acuerdan de aquellos tiempos en que los pandilleros se la pasaban en el parque Barrios pidiendo a los transeúntes una “suegra”? Ahora son millonarios empresarios en rubros de transporte y hoteleros, entre otras cosas. ¿Cómo pudieron nuestros políticos ser tan ineptos, tan inservibles? Todos, desde José Napoleón Duarte hasta el actual Salvador Sánchez Cerén, todos y sus respectivos gabinetes de seguridad pública, fueron y han sido un fracaso total, absoluto. Deberían procesarlos penalmente a todos por traición a la patria, una patria que ahora está arrodillada a los mareros que incluso sentaron a negociar una tregua al nefasto gobierno de Mauricio Funes.

El libro del periódico digital, El Faro, consistente en una compilación de los artículos de la sala de redacción, hace una relación exquisita de los inicios de las maras. Recomiendo que lo compren. Está en Amazon.

La primera vez que se les vio, dicen los jóvenes periodistas, los mareros venían deportados de los EE.UU., y se vieron en el 90 o 92, en el Estadio Flor Blanca, en la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Llamaron la atención de los aborígenes, su forma de vestir, sus tatuajes, la forma de hablar, hasta de caminar. La nomenclatura de sus símbolos y signos manuales, pero sobre todo la seguridad con la que hablaban de unirse para ser más fuertes. Venían de saber lo que era la marginación y el tener que luchar para que no los mataran.

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Era como si de un planeta lejano vinieran seres con una visión diferente a la que nosotros los humanos tenemos de la realidad, y la ponen en práctica ante unos parroquianos ingenuos, desorganizados, retrasados, torpes.

Es como cuando los españoles llegaron a América, aunque para ser más preciso como cuando los bárbaros bajaron del Norte de Europa y apestaron la civilización occidental con sus costumbres malsanas. Es mejor este ejemplo.


Ese libro, Crónica negra, una región que no importa, es fundamental para cualquiera que quiere saber sobre la historia de las maras en nuestros países.

Los repatriados empezaron a reunirse en San Miguel, Soyapango, Apopa, a construir simples pandillas en las colonias para pedir dinero a los que pasaban a pie, forzando a los jóvenes vecinos a incorporarse, pero no estaban para nada organizadas, pero en la medida que fueron bajando del Norte gente más experimentada, la cuestión se puso ruda: empezaron los impuestos de guerra, cobrándole dinero a los camiones repartidores que ingresaban a las zonas calientes. Me acuerdo cuando visité Las Margaritas en Soya, allá por 1994 y se te quedaban viendo feo. Pero no pasaba a más. En el 2006 volví a ir, y ya estaban organizados en la entrada, los banderas en cada esquina, te pedían que bajaras el vidrio del carro y que encendieras la luz, todos mal encarados. Hoy no entrás, sin un custodio que te acompaña hasta la casa a donde vas, como lo señaló el finado Poveda en su investigación en La Campanera, Soyapango.

La maldita tregua de Mauricio Funes hizo que pasaran de pandilleros a narcoempresarios. Y sucedió lo que yo decía en broma en serio: que en vez de estar degollando con las extorsiones a los empresarios, se volvieran sus socios. Macabro, frío, pero ha sido lo mejor, pues así se dan cuenta que tenían el potencial de volverse socios de empresas funcionando, protegerlas, coadyuvar a su desarrollo y sostenibilidad. Y así fue.

Los recientes operativos en Guatemala, Honduras y El Salvador contra una de las maras demostraron que al fin le entendieron al trámite y se convirtieron en empresarios, millonarios, con mansiones, carrazos, vicios, mujeres que solo son imaginables en historias de millonarios.

Qué lástima, en verdad, qué lástima.

Si hace 11 años cuando empecé a escribir en estas páginas me preocupaba el tema de la seguridad ciudadana, los zaguanes que nuestra fatídica ley procesal penal dejó para que estos tipos volvieran a la calle, los discursitos ridículos de los administradores de justicia y la sonrisa cómplice de tanto abogado defensor, ahora lo que me preocupa es seguir tocando este tema, ya que las pandillas son un poder cimentado, asentado, efectivo y peligroso en el país.

¡Millonarios! Y como todo millonario tiene mucho poder político.




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