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Editorial & Opinion

De tiranos, déspotas y democracia

Viernes 10, Julio 2015 - 12:00 am

Se atribuye a Shakespeare, una frase prodigiosa que encaja perfectamente con la figura de Nicolás Maduro, de Rafael Correa y de otros mandatarios: “Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante, pero usar de ella como un gigante es propio de un tirano”.

Rafael Correa ha enfrentado protestas en todo Ecuador. El presidente de Ecuador tuvo que dar marcha atrás en sus reformas económicas, en una jornada en la que soportó multitudinarias manifestaciones en principales ciudades del país. Se vio obligado a flexibilizar su propuesta de redistribución de la riqueza para evitar una escalada del conflicto con el sector empresarial, en medio de la creciente presión política y de masivas marchas de grupos opositores en todo el país. Las polémicas reformas planteadas por el mandatario, buscan elevar la tasa y el monto base para el impuesto a la herencia y fijar un tributo del 75 % para los ingresos extras por la venta de inmuebles, lo que crispó los ánimos de empresarios, opositores y gran parte de la ciudadanía.

Como todo un tirano, abusando del poder político, gobernando de manera despótica, el presidente Correa afirmó que 80 % de las empresas tienen estructura familiar: “Ellos quieren mantener eso, nosotros queremos acabar con eso. El pueblo ecuatoriano decidirá libremente qué escoger… seguir votando para que el 80 % de las empresas tenga estructura familiar, o de reelegir a la revolución ciudadana… para democratizar la propiedad”. “Democratizar” es el grito estridente de esta nueva generación de tiranos socialistas, que en su discurso populista invocan “la democracia” para engañar maquillando de esa manera sus intenciones dictatoriales.

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Democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. La democracia es una forma de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta, que confiere legitimidad a sus representantes.

Lo que omitió decir Correa por conveniencia o ignorancia, es que entre el 80 y el 90% de las empresas en el mundo son de estructura familiar y representan la médula de la economía mundial, tal y como le respondió Alfredo Pinoargote. Por la sencilla y contundente razón, de que la familia es la institución más importante de la sociedad, y se lo acaba de reiterar el papa Francisco en su propia casa: “La familia constituye la gran riqueza social, que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a los ciudadanos, afirmó el papa, e indicó que existe una verdadera deuda social respecto a la institución familiar, que tanto aporta al bien común”.

En la familia se fragua el espíritu de los seres humanos,   porque sin la familia no pudiera existir la sociedad tal como se ha organizado, seríamos rebaños o manadas de animales.

Las empresas de estructura familiar van desde las más grandes hasta las medianas y pequeñas.  Desde Toyota en Japón, Ford en Estados Unidos, Samsung en Corea del Sur, Ikea en Suecia o América Móvil en México, hasta la costurera o el artesano del barrio.  En las labores agrícolas encontraremos infinidad de emprendimientos familiares.  Se estima que entre el 70 y el 90 % de la producción mundial es generada por empresas familiares, así como entre el 50 y el 80 % de los puestos de trabajo y que el 85 % de las inversiones empiezan con dinero de una familia. En un pasado lejano, los derechos hereditarios estaban reservados para el hijo mayor y con la reforma legal que propone el presidente Correa, es como nombrar al gobierno nacional hijo mayor de las familias del Ecuador, con derechos hereditarios leoninos para acabar con la estructura familiar.

Los países que hoy ofrecen mejor calidad de vida a sus habitantes se apoyan particularmente en su empresa privada, motor de la economía, generadora de trabajo y contribuyente con los impuestos que paga, para que un país goce de salud, educación e infraestructura. Es importante que en cada país, la empresa privada pueda producir a plenitud. A mayor producción, mayor trabajo para la población. Los gobiernos deben trabajar en conjunto con el sector privado para crear una economía fuerte y no seguir ese faro perverso del socialismo-comunismo del Siglo XXI.




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