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Editorial & Opinion

Decepciones

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Sábado 23, Julio 2016 | 12:00 am

OPINIONEl día transcurría, entre bostezos y posturas esperadas, en un espectáculo digno de una presentación de Shakira, donde no llegó a faltar el humo sobre el escenario, mientras surgía una silueta entre él. Una madre conmovida lloró la desaparición de su hijo en combate, un desfile de soldados veteranos, un sheriff, políticos gastados de segundo piso y hasta un brillante exalcalde fuera de sí, de poses histriónicas decepcionantes. El tiempo pasaba y francamente no había escuchado una sola intervención en positivo, un solo proyecto para emocionar, unir y resguardar lo que se debe resguardar. De modo que con curiosidad insatisfecha, aburrido, pacientemente me dediqué a esperar lo que podría ser la intervención más importante del día, y lo fue.

Delgada, elegante, sobriamente vestida de impecable blanco, de caminar seguro y belleza sorprendente, Melania Trump apareció en la pasarela para dar su speech en apoyo a su marido, el candidato presidencial  republicano de los Estados Unidos de América.

A los pocos minutos me dije ¡Wow! Esta debería ser la candidata del Partido Republicano para dirigir los destinos de la nación más expectante del universo actual, la madre de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de la revolución que no fracasó, como la francesa; la del respeto y sometimiento absoluto al imperio de la ley. Segura, miraba a su público dominando el escenario mientras un dejo de acento extranjero, se dejaba notar en su bien construido manejo del idioma inglés.

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Fue un discurso inclusivo, unificador, valorativo; no hubo discriminación para americano alguno, ni al inmigrante con o sin documentos, ni ofensa al adversario. Fue aplaudida, yo la aplaudí desde mi cómodo asiento frente al televisor; hasta hizo levantar de su silla de ruedas para hacerlo, al respetado veterano exsenador y excandidato presidencial republicano Bob Dole.

No habían pasado tres horas cuando estalló el escándalo, el discurso de Melania Trump había sido copiado de uno pronunciado años atrás, por Michelle Obama. Fue obvio Melania no lo plagió, lo hizo quien se lo escribió. Ella cumplió su mandato y lo hizo bien, culpable fue quien lo escribió y el jefe de campaña del nominado, Paul Manafort quien lo revisó y le dio el visto bueno, pero que desligó responsabilidades y culpó a la esposa del candidato.

Pero no todas las contradicciones suceden en la Convención del Partido Republicano de los Estados Unidos; nuestra también querida España se encuentra, quizá, en la peor época de su historia, incluso la vivida durante más de 700 años de ocupación islámica. Al menos en ese entonces sabía quién era el adversario, su identidad, lo que quería y hacia dónde ir.

De repente Podemos no sabe si son españoles o sirios, sus mujeres orinan en las calles centrales para demostrar  no sé qué, invaden templos cristianos con los pechos al aire (algo que no se atreven hacer en una mezquita, de las tantas que existen en España), exaltan  figuras de quienes perdieron la guerra civil en el 39, y hasta un diputado regional de Madrid llegó a declarar que el atentado de Niza fue solo un accidente de tránsito. Otras, del movimiento feminista, ¡Válgame Dios! protestaron, senos al aire, por el ordeño de vacas por ser una manifestación más, del machismo español.

No solo Podemos y el PSOE tienen el monopolio de la pérdida del sentido de la realidad, el propio Partido Popular impulsó y logró aprobar bajo la complacencia de los neo anarquistas de Podemos y los desubicados de Pedro Sánchez la Ley de Abortos, posiblemente en el afán de hacerse simpáticos con los neomarxistas o practicar el populismo complaciente por razones electorales

En Venezuela, la dictadura afirma que no hay crisis humanitaria, pero más de cien mil personas cruzaron la frontera hacia Colombia para comprar medicinas y alimentos para la mera subsistencia. El Ejecutivo y la Corte Suprema desconocen al único poder elegido electoralmente, y amenazan con disolverlo.

El problema de fondo no es la ignorancia, el marxismo, la anarquía, o el Califato Islámico, sino el relativismo moral por el cual optó y sucumbió por conveniencia o hedonismo la democracia Occidental, por el mero disfrute del poder y los beneficios materiales, mal habidos que conllevan.



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