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Editorial & Opinion

Democracia económica y pluralidad gremial empresarial

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia de la República

miércoles 6, diciembre 2017 - 12:00 am

A lo largo del último siglo se registra, en mejor medida, el magno esfuerzo de nuestra sociedad  por encontrar los caminos que nos conduzcan al progreso. Tanto las pequeñas como las grandes transformaciones alcanzadas en cada periodo no resultaron de caminos fáciles y cortos, y ningún cambio se logró por azar o benevolencia de quienes ostentaban el poder y sus patrocinadores. Todos los cambios fueron costosos y estuvieron estrechamente vinculados a intensos procesos de lucha y presión social.

Buena parte de estos cambios iniciaron con la protesta social que botó al dictador en 1944. En los años siguientes, estos cambios se volvieron palpables en un nuevo marco constitucional que se reflejó en transformaciones democráticas como: inicio de la seguridad social, derecho a la identidad, sufragio activo y pasivo universal, que al final incluyó tanto el voto como las candidaturas femeninas; surgimiento de una pálida ley y autoridad electoral y la composición de un parlamento con incipiente pluralidad, veintidós años después de aquel alzamiento.

Transcurrieron muchos años más, toda una intensa lucha política y social en la década de los años 70, en la que, a falta de espacios democráticos, la tensión política social derivó para los años 80 en una cruenta guerra civil con miles de víctimas, que fue la que terminó imponiendo los cambios posibles para ese periodo.

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La conquista de aquel periodo fue el reconocimiento de las libertades de expresión y de prensa, de organización y movilización, el pluralismo político, el derecho a una identificación personal segura y auditable, el sometimiento del estamento militar al poder civil, una seguridad pública de corte civil separada de la defensa nacional; la institucionalidad y pleno respeto de los derechos humanos y la posibilidad de la alternancia en el ejercicio político del poder gubernamental, con una administración de procesos electorales medianamente equilibrada.

Durante las gestiones de gobiernos de derecha fue significativo el crecimiento exclusivo patrimonial de sus patrocinadores, importantes grupos económicos que algunos tortuosamente mutaron desde su acumulación originaria -caficultura, algodón, caña, banca local e incipiente industrial- hasta poderosos grupos de poder económico nacional y regional, con importante incidencia transnacional en capitales bancario y de seguros, financiero, inmobiliario y hotelero, servicios de aviación, emporios comerciales o tiendas por departamento. Sin embargo, todos fracasaron en el propósito de desarrollar social y económicamente el país -si es que alguna vez se lo propusieron-. Estos grupos, en su mayoría, abandonaron el agro y la industria, terminaron llevando sus inversiones a otros países y, en muchos casos, sacaron sus capitales a paraísos fiscales para evitar el pago de impuestos que contribuyeran al desarrollo.


Actualmente son otros los principales factores de crecimiento económico que aportan mayoritariamente al progreso y crecimiento: las remesas familiares superan el aporte de cualquier rubro de aquellos grupos económicos tradicionales. También las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas(Mipymes) son vanguardia aportando al desarrollo, siendo además significativo el incremento de un segmento industrial que supo enrolarse en las corrientes de la globalización, aportando un buen número de empleos; así como la nueva inversión extranjera recién llegada y el trascendental aporte contributivo tributario del consumo reflejado en el IVA y renta de la sociedad, distinta de los llamados grandes contribuyentes.

Con el arribo de los gobiernos del cambio se abre una nueva etapa de progreso para el país, priorizando la agenda de productividad y empleo, temas rezagados e invisibilizados durante los gobiernos de derecha. Para nuevos agentes productivos de las Mipymes, dedicadas a la industria ligera, crece la oportunidad de emerger al tener un espacio seguro en las compras del gobierno.

Otros sectores ya han tenido evidente crecimiento: agro, agroindustria, comercio y en la verdadera apuesta por las tecnologías y la nueva industria “naranja”, que se funda en el conocimiento y la creatividad en la era digital. Estos esfuerzos empresariales antes no tenían asistencia técnica o para el acceso a nuevos mercados, ni disponían de oportunidades de crédito; actualmente disponen de oportunidades de crecimiento en un nuevo entorno de respaldo.

Hoy el país dispone de una nueva y mejor infraestructura vial estratégica, que conecta todo el territorio y que sirve de soporte al diseño de un complejo corredor logístico  en el que las carreteras son un componente imprescindible para la comunicación y el progreso. Disponemos de mejor infraestructura de puertos marítimos, con las significativas mejoras al Puerto de Acajutla; contamos con un amplio, moderno y renovado Aeropuerto Internacional Monseñor Romero, sumadas a las inversiones y creciente adecuación del sistema de aduanas que vendrá a aportar mayor dinamismo en el flujo de carga. Además, se han ampliado y construido nuevas fuentes de generación de energía eléctrica renovable, a menor costo el KW/h.

Este conjunto de hechos nos plantean el reto de trascender de la mera democracia política a la apertura, inclusión, democratización de la actividad económica empresarial, a la desideologización efectiva de todo gremio empresarial, para abordar con sentido de nación los esfuerzos por el desarrollo inclusivo y sustentable, y ampliar con ello los beneficios del progreso a toda la sociedad.




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