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Editorial & Opinion

“Demos vida a nuestra comunidad de valores”

Bernd L. Finke/Embajador de Alemania en El Salvador

sábado 7, octubre 2017 - 12:00 am

Desde hace 27 años el Día de la Unidad Alemana es motivo de agradecimiento a personas valientes, cuyo deseo de libertad llevó inicialmente a la caída del Muro de Berlín y luego barrió la cortina de hierro en Alemania, Europa, en otros lados del mundo.

Pero mucha gente en la actual Alemania no tiene muchas ganas de celebrar. Se preguntan: ¿Es que Alemania no tiene temas más urgentes que este aniversario? Mi respuesta es ¡claro que hay algo que celebrar!: El triunfo de la libertad sobre la opresión, de la democracia sobre la dictadura, del afán de unidad sobre la división, del coraje cívico sobre la intimidación y la resignación. Estas victorias merecen ser celebradas -en Alemania, en todo el mundo.

La reunificación de Alemania no fue un punto final, sino el punto de partida de un camino muchas veces difícil: crear nuestra unidad interna. Cuarenta años de división habían dejado sus huellas, no sólo en los diferentes sistemas políticos, sino también en las orientaciones económicas, sociales y culturales. Pero podemos decir con orgullo que en los últimos 27 años ya alcanzamos mucho. Las diferencias han disminuido y sobre todo en la generación joven realmente han desaparecido del todo.

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La igualación de las condiciones de vida ha generado también las mismas preocupaciones en la gente: amenaza del terrorismo, miedo a perder sus trabajos; preocupaciones sobre las nuevas olas de inmigrantes y refugiados; el sentimiento de alienación que muchos alemanes sienten con respecto a la clase política. Todos estos puntos han figurado en el orden del día de la campaña electoral para las elecciones generales del pasado 24 de septiembre. Los resultados han suscitado mucha polémica en Alemania: Los dos partidos gubernamentales han perdido casi un 14 por ciento. Pero los titulares fueron dominados por el éxito electoral de la “Alternativa para Alemania”, un partido de extrema derecha con un discurso xenófobo y contrario a la integración europea. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial un partido de la extrema derecha entrará en nuestro Parlamento. Eso es motivo de preocupación.

¿Y entonces? Lo que necesitamos en Alemania es una política que tome en serio las preocupaciones de la gente y maneje un diálogo abierto sobre el lazo interno que mantiene unido a nuestro país. Lo que necesitamos es una firme reorientación hacia valores irrefutables de la gran mayoría de nuestra sociedad como el pluralismo, el estado de derecho, los derechos humanos, la dignidad humana. Son éstos los que nos unen y los que debemos proteger contra ataques en el sentido de una democracia capaz de defenderse: ¡No puede haber tolerancia para la intolerancia y la discriminación!


Además, debemos encontrar una solución específica al desafío de la inmigración. En Alemania viven casi 19 millones personas con raíces migratorias. A nosotros pertenecen ahora personas de diferentes países de origen, religiones, colores de piel, culturas. Otra vez rige el lograr la unidad interna. La unidad entre aquellos que ya estamos, pero también mantener la unidad con aquellos que vendrán. Las posibilidades de acogida de Alemania no son sin límites, pero debemos mantener puertas abiertas respecto a quienes son víctimas de graves violaciones de sus derechos humanos. No se trata de una opción política, sino de una obligación humana.

Decimos que Alemania y El Salvador están unidos por una comunidad de valores. Es una tarea urgente de nuestra cooperación que el compromiso con esta comunidad de valores se fundamente con acciones conjuntas: Debemos volvernos activos, si somos confrontados con el avance de regímenes autoritarios en nuestro vecindario; debemos volvernos activos contra la corrupción, la impunidad y contra cualquier forma de complicidad; debemos aumentar nuestros esfuerzos para combatir las causas del fenómeno de los refugiados y de la migración como la violencia, la falta de perspectiva económica o de la destrucción del medio ambiente; debemos volvernos activos contra intentos de limitar la universalidad y la inalienabilidad de los derechos humanos.

Sabemos todos que El Salvador tiene grandes retos políticos, económicos y sociales. Y todos sabemos que un abordaje efectivo de estos retos, exige que se logre superar la profunda polarización ideológica en el país. Yo sé que esto no es una cosa sencilla, justamente en tiempos electorales. Pero estoy convencido que la población en el país desea una clase política que en preguntas importantes anteponga la cooperación sobre la confrontación. Las últimas dos decisiones en la Asamblea Legislativa -sobre la reforma de pensiones y la decisión sobre la prohibición de matrimonios con menores de edad- demostraron que es posible. ¡Qué bueno sería que a estos ejemplos se le sumaran otros!

Al mismo tiempo es importante que se tomen en cuenta los logros y ventajas comparativas de El Salvador: Comenzando con la destacada laboriosidad de los salvadoreños, la funcionalidad de la estructura institucional, hasta la disponibilidad de asumir una responsabilidad más grande en su política exterior.




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